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Jubilación con una pensión insuficiente: Historias de personas mayores en España
Llegar a fin de mes se ha convertido en un desafío para muchos, agravado por el aumento del costo de vida que impacta a miles de hogares en España. Los jubilados, muchos de los cuales ni siquiera alcanzan el Salario Mínimo Interprofesional (1.184 euros brutos mensuales), son particularmente vulnerables.
Aunque las pensiones contributivas aumentarán un 2,7% en 2026, beneficiando a más de nueve millones de personas, y las mínimas crecerán más de un 7%, para muchos sigue siendo insuficiente.
Mercedes: Una vida de trabajo y una pensión ajustada
Mercedes, una mujer de 83 años de Cintruénigo (Navarra), comenzó a trabajar muy joven. Tras formar una familia y tener cinco hijos, dejó su trabajo en una fábrica. Mientras tanto, cosía alpargatas y muñecas en casa. Viuda desde hace 26 años, cobra una pensión de 874 euros al mes, de los cuales 620 se destinan a un centro de día.
La historia de Mercedes es un reflejo de la realidad que enfrentan muchas mujeres, quienes han combinado la crianza de los hijos con trabajos mal pagados o sin cotización. Muchas de ellas reciben pensiones contributivas que no se derivan de una relación laboral propia. Mercedes trabajó como limpiadora desde las seis de la mañana hasta las ocho de la tarde hasta los 70 años, sin estar dada de alta en la Seguridad Social.
Las mujeres siguen siendo mayoritariamente quienes realizan actividades relacionadas con el cuidado y la limpieza, trabajos tradicionalmente precarios. Esta situación se refleja en la vejez, donde las pensiones de las mujeres son un 31% más bajas que las de los hombres. En 2025, los hombres cobraban una pensión media de 1.564,53 euros al mes, mientras que las mujeres percibían 1.071,76 euros, según datos del Instituto de las Mujeres.
Javier: Luchando para llegar a fin de mes en Jerez
En Jerez de la Frontera (Cádiz), Javier (nombre ficticio), de 82 años, vive con su hija y sus cuatro nietos. Entre su pensión de 870 euros y los ingresos de su hija, apenas alcanzan los 1.200 euros al mes. Con un alquiler de 463 euros mensuales, el margen de maniobra es limitado. Compran alimentos baratos, como macarrones y arroz, pero a veces no les alcanza y tiene que pedir ayuda a sus otros hijos.
Durante la crisis económica de 2008, muchos pensionistas se convirtieron en el principal sostén económico de sus familias. Más de una década después, esta situación persiste, con pensionistas sufriendo las consecuencias del aumento de los precios de la energía, la alimentación y la vivienda.
Javier comenzó a trabajar a los 15 años repartiendo periódicos. Luego, trabajó en una fábrica de cemento en Alcalá de Henares y finalmente se jubiló como administrativo en Jerez. Sin embargo, debido a que el cálculo de la pensión considera los últimos 15 años cotizados, no se vio beneficiado, ya que tuvo trabajos más precarios en ese período. “Vivía mejor cuando trabajaba que ahora que estoy jubilado”, afirma.
José: Una vida sencilla en un pueblo de Zamora
José (nombre ficticio), de 74 años, vive en un pueblo de Zamora con poco más de 200 habitantes. Con la ayuda de su esposa, administra su pensión de alrededor de 1.000 euros, que es el único ingreso del hogar.
José trabajó desde joven en una fábrica en Madrid y luego como agricultor en su pueblo. Aunque tiene más de 40 años cotizados y no tiene hijos, lleva una vida sencilla y no puede permitirse grandes lujos. El único viaje que realizan al año es con el Imserso. A pesar de que la vida en el pueblo es más barata que en la ciudad, los excesos son impensables. “Algo se puede ahorrar, pero llevando una vida muy, muy metódica”, subraya.













