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CÓMO LA POSICIÓN EUROPEA ANTE GAZA DA ALAS A TRUMP
Esta semana, el Foro Económico Mundial de Davos fue el escenario para la presentación de un controvertido proyecto urbanístico para Gaza por parte de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. La iniciativa, presentada como una “Junta de paz”, es percibida por muchos como una compañía privada de gestión destinada al control y la explotación urbanística e inmobiliaria de la región.
Al estilo de las compañías coloniales de siglos pasados, esta “Junta” pretende operar como una corporación con poderes supraestatales y beneficios privados, buscando controlar rutas, tierras, comercio y negocios con financiamiento de inversores de todo el mundo.
Trump ha anunciado que esta Junta no se limitará a Gaza, sino que se extenderá a otros territorios globales. Él se posiciona como líder irremplazable, solo sustituible por fallecimiento o incapacidad unánime.
La Junta estaría integrada por figuras como el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, el ex primer ministro británico Tony Blair, el general estadounidense Jasper Jeffers, empresarios multimillonarios y mandatarios de países como Emiratos, Arabia Saudí, Catar, Baréin, Egipto, Pakistán, Turquía, Hungría, Marruecos, Kosovo, Argentina, Paraguay, Vietnam, Indonesia e Israel.
Se prevé que los palestinos que han perdido sus hogares no podrán costear los pisos de lujo que Trump planea construir, y se propone que permanezcan en territorios controlados por sistemas biométricos de reconocimiento.
Trump busca establecer a través de esta Junta un sistema internacional paralelo, subordinado a sus intereses políticos y personales, como una versión privatizada de las Naciones Unidas, sin ley, legitimidad ni rendición de cuentas.
El plan de Estados Unidos para Gaza, revelado en septiembre, ha sido calificado como un proyecto colonial de explotación urbanística que despoja de soberanía y derechos a la población palestina, violando el derecho internacional. Se contempla que al menos el 53% del territorio permanezca bajo ocupación israelí.
A pesar de ello, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el plan en noviembre de 2025, con trece votos a favor y las abstenciones de Rusia y China. Entre los países que votaron a favor se encuentran Grecia, Francia, Reino Unido, Eslovenia y Dinamarca.
La reacción europea evidencia un doble rasero internacional. Trump ha retirado su amenaza de imponer aranceles, pero insiste en tener más acceso a Groenlandia para fines de seguridad y para desplegar la Cúpula Dorada israelí. También busca prioridad en la explotación de recursos y prohibición del acceso de Rusia y China a ese territorio, así como la participación de la OTAN.
Proteger el derecho internacional
Los tribunales internacionales están siendo objeto de ataques sin precedentes por parte de Estados Unidos e Israel, lo que ha dificultado su labor. La Unión Europea no ha cumplido sus deberes para proteger el derecho internacional.
Bruselas mantiene vigente su Acuerdo de Asociación comercial preferencial con Israel, a pesar de los crímenes cometidos por el Gobierno de Netanyahu. La Corte Internacional de Justicia ha pedido a los países que eviten relaciones comerciales y de inversión que contribuyan a la ocupación ilegal israelí y a la segregación de los palestinos, pero la UE ignora esta solicitud.
El fiscal jefe de la Corte Penal Internacional denunció presiones y al menos once jueces y fiscales han sido sancionados por Estados Unidos por investigar crímenes de Israel o de EEUU en Afganistán. Washington también ha sancionado a la relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese.
Proteger las Cortes de La Haya y a la relatora
Cinco de los sancionados, además de Albanese, tienen nacionalidades europeas, pero Bruselas no ha activado los mecanismos de protección para sus ciudadanos en situaciones como esta. El castigo no solo prohíbe a esos jueces, fiscales y a la relatora viajar a Estados Unidos, sino que supone el cierre de sus cuentas de Google, Apple u otras empresas estadounidenses, el bloqueo de sus tarjetas de crédito e incluso la imposibilidad de acceder a sus propias cuentas en sus bancos europeos.
La relatora de la ONU ha explicado que estas sanciones le impiden sacar dinero de sus cuentas e incluso una reserva de una habitación de hotel a su nombre, realizada desde el Parlamento europeo, fue anulada.
Defender los intereses de los pueblos europeos requiere proteger el derecho internacional. Sin embargo, ante el genocidio israelí en Gaza, la Unión Europea optó por mantenerse como aliada del facilitador de los crímenes –EEUU– sin entender que esa impunidad abría espacio a nuevas impunidades.
Si la UE hubiera adoptado otra posición ante Israel desde octubre de 2023, hoy el contexto sería otro, no solo para Palestina, sino para la propia Europa. Pero Ursula von der Leyen y Kaja Kallas siguieron insistiendo en que “Israel es un socio y amigo” y las relaciones diplomáticas, de investigación, económicas, armamentísticas y culturales continuaron.
Actuar en la ONU
Naciones Unidas ha sido otro escenario desaprovechado. Durante dos años EEUU vetó varias propuestas para un alto el fuego en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ante ello, una coordinación europea podría haber impulsado acciones en la Asamblea General de Naciones Unidas, como la resolución Unión pro paz o la suspensión de las credenciales de Israel, como se hizo con el régimen del apartheid sudafricano en 1974.
Todas estas medidas no se impulsaron en su momento pero podrían intentarse ahora, como un cambio de rumbo hacia la defensa del derecho internacional. Sin embargo, Europa sigue actuando como un socio que no se opone a la impunidad estadounidense cuando los perjudicados son otros.
El Gobierno de EEUU, con la colaboración de Israel y otros aliados, intenta reemplazar el orden internacional y el sistema de Naciones Unidas. Ante ello, la UE opta por seguir alineada con Washington. Lo demás es la ley de la fuerza bruta y la amenaza, matanzas de civiles, represión, retrocesos en derechos y recortes sociales en favor de más gasto militar.
Las herramientas
El poder se sostiene sobre una combinación de fuerza y consenso. Este último se construye a través del derecho, de las leyes y de la hegemonía moral, intelectual y cultural. Asumir que solo hay margen de maniobra en el marco militarista es despreciar la política y la capacidad de movilización social.
Entre la nada y la activación de armamento nuclear hay todo un recorrido con posibilidad de acción política, jurídica y social, en el que la defensa de la humanidad frente al modelo del saqueo es necesaria y urgente. Es con esa acción con la que se consolida la hegemonía cultural y la legitimidad política.
La Unión Europea sigue sin tener un plan propio para Ucrania o para Oriente Próximo, no se ha opuesto a crímenes masivos en Palestina ni al bombardeo y el secuestro de Maduro en Venezuela. Ha preferido asumir el marco estratégico estadounidense.
Washington ya no es el hegemón económico que fue y por ello está dispuesto a aprovecharse de sus aliados más cercanos como antes lo hizo de países del Sur Global. Durante los dos últimos años Naciones Unidas y sus agencias han sido golpeadas duramente.
El sistema de voto y de veto de la ONU, diseñado hace ochenta años, debe ajustarse a las nuevas realidades internacionales.
El planeta necesita políticas, organismos, alianzas y coordinaciones dispuestas a contrarrestar la Junta de Trump y los proyectos abusivos que Estados Unidos ha impulsado en diferentes puntos del mundo. De lo contrario, los aliados europeos se verán arrastrados a más connivencia con crímenes masivos y a una sumisión y dependencia de graves consecuencias para los pueblos de Europa.













