El misionero ruandés que perdonó a los asesinos de su familia

El misionero ruandés que perdonó a los asesinos de su familia
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El misionero ruandés que perdonó a los asesinos de su familia

El padre Lorenzo Rutinduka, un misionero ruandés de los Sagrados Corazones, ha compartido un testimonio impactante sobre su supervivencia al genocidio de Ruanda en 1994. Actualmente vicario en Palma, en las parroquias de San Sebastián y Beato Ramon Llull, y profesor de historia eclesiástica en el Centro de Estudios Teológicos de Mallorca (CETEM), el padre Lorenzo relata cómo la masacre le arrebató a casi toda su familia, y su arduo camino hacia el perdón y la reconciliación.

La devastación del genocidio

La tragedia golpeó a la familia del padre Lorenzo de manera brutal. El 7 de abril de 1994, grupos armados radicales hutus asesinaron a sus padres. Cuatro días después, el 11 de abril, siete de sus nueve hermanos fueron también asesinados.

En total, 32 miembros de su familia perdieron la vida durante el genocidio. El padre Lorenzo sobrevivió porque se encontraba en el seminario, en el sur del país, y permaneció oculto “muchos, muchos, muchos días bajo la hierba”.

Un camino hacia el perdón

Tras la masacre, el padre Lorenzo quedó “paralizado por el dolor” durante meses. Su fe y la oración se convirtieron en su refugio. Inspirado por el perdón de Jesús en la cruz, la fortaleza de la Virgen María y el ejemplo de figuras como Nelson Mandela, Martin Luther King Jr.

y Mahatma Gandhi, se define a sí mismo como un “médico herido” que, a pesar de sus propias heridas, debe curar a otros.

Su proceso de sanación lo llevó a visitar en la cárcel a los asesinos de su familia. Confiesa la dificultad de aquel momento: “Hermano, toca la mano de un asesino, el que mató a tu papá, el que mató a tu mamá”. Afirma que el perdón “no es automático, se trabaja” y que una “fuerza que viene del cielo” le asistió. Hoy, algunos de aquellos hombres que pidieron perdón han sido liberados y están integrados en la sociedad, compartiendo incluso la misma misa con él.

Un instrumento de paz

El padre Lorenzo revela que durante el genocidio sintió una voz en su corazón, que identifica con el Espíritu Santo, que le anunció que sería salvado para convertirse en un “instrumento de paz”.

Esta experiencia es la que le da “ánimo para seguir” en su misión de vida y su labor pastoral.

Raíces del conflicto y la situación actual

El misionero atribuye el origen del conflicto a las políticas de la época colonial belga, que “crearon las diferencias” entre hutus y tutsis e introdujeron la “ideología occidental de la mayoría-minoría”. Esta división, explica, fue el caldo de cultivo para que la mayoría hutu, con el apoyo inicial de la Iglesia y los belgas, tomara el poder y se desatara la violencia contra la minoría tutsi.

Actualmente, Ruanda es “un país emergente que está trabajando durísimo para salvar nuestro país”, tanto económica como espiritualmente. El padre Lorenzo destaca el papel fundamental de la mujer en el gobierno y en la reconstrucción del país. Al mismo tiempo, denuncia lo que considera un “genocidio que se está cometiendo en el Congo” contra la comunidad Banyamulenge, primos de los tutsis ruandeses.

Enseñanzas y proyectos

El sufrimiento de los inocentes, especialmente de los niños, a los que considera “ángeles”, lo ha impulsado a fundar varios colegios para “abrirles el futuro”.

Contrasta la capacidad de perdonar atrocidades con la fragilidad de las relaciones en Occidente: “A veces se divorcian porque viven tonterías, puras tonterías. Hay que enseñar a los maridos y a las mujeres a perdonar”.