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Descubren momia de minero prehispánico: un testimonio de la dureza del trabajo ancestral en el desierto de Atacama
Un hallazgo reciente en el desierto de Atacama, Chile, ha revelado los restos momificados de un minero prehispánico, ofreciendo una visión sombría de las condiciones laborales y los riesgos inherentes a la minería hace más de mil años.
Un trágico accidente sellado en el tiempo
El descubrimiento, realizado por un equipo de arqueólogos, corresponde al cuerpo de un trabajador que pereció hace aproximadamente 1.100 años en una mina de turquesa. El análisis forense, basado en tomografías computarizadas y radiografías, reveló fracturas múltiples y aplastamiento, confirmando que la muerte fue causada por un derrumbe repentino dentro de la galería.
Las lesiones observadas en el esqueleto, incluyendo fracturas en la espalda, costillas, clavículas y omóplatos, así como una dislocación de la columna y una pierna rota, son consistentes con un aplastamiento vertical. La ausencia de heridas en el cráneo y los brazos sugiere un intento instintivo de protección antes de ser sepultado.
Este patrón de lesiones es sorprendentemente similar al que se encuentra en víctimas de accidentes mineros modernos o desastres como terremotos, lo que lleva a los investigadores a concluir que el impacto fue instantáneo y fatal.
La minería andina: un oficio ancestral de riesgo
La práctica de la minería en la región andina tenía ya un alto nivel de organización en la época prehispánica, con una tradición de más de dos milenios en el norte de Chile, el sur de Perú y el altiplano boliviano. Las minas eran a menudo subterráneas, con galerías estrechas y sin refuerzos, lo que las hacía susceptibles a derrumbes.
Trabajando en condiciones extremas, sin ventilación adecuada y con herramientas rudimentarias de piedra o madera, los mineros enfrentaban calor, ruido y fatiga constantes. Su oficio requería fuerza, precisión y resistencia física, pero también implicaba la aceptación de un riesgo inherente.
La turquesa: un bien preciado y un contexto ritual
La mina donde ocurrió el trágico accidente estaba dedicada a la extracción de turquesa, una piedra de color azul intenso que tenía un profundo valor simbólico en las culturas andinas. Asociada al agua y la fertilidad, la turquesa se utilizaba en la fabricación de adornos, colgantes y objetos rituales.
Junto al cuerpo del minero se encontraron herramientas, fragmentos de mineral, cuentas y un kit de inhalación de sustancias alucinógenas, lo que sugiere un entorno ritual ligado al trabajo minero.
Un testimonio del pasado que resuena en el presente
Los restos del minero fueron excavados por primera vez en la década de 1970, pero solo recientemente han sido estudiados con técnicas modernas. Las pruebas de radiocarbono sitúan su muerte entre los años 894 y 1016, en un período de transición en los Andes, marcado por la caída del imperio Wari y el auge incaico.
Este hallazgo arqueológico ofrece una valiosa perspectiva sobre la vida y la muerte de los trabajadores que contribuyeron al desarrollo de las antiguas civilizaciones andinas. La historia de este minero anónimo, víctima de un accidente laboral, nos recuerda el precio que las sociedades han pagado a lo largo de la historia por la obtención de recursos naturales.













