Edvard Moser, neurocientífico: “No sabemos por qué el alzhéimer ataca primero a las células del espacio y el tiempo

Edvard Moser, neurocientífico: "No sabemos por qué el alzhéimer ataca primero a las células del espacio y el tiempo
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Edvard Moser, neurocientífico: “No sabemos por qué el alzhéimer ataca primero a las células del espacio y el tiempo

El neurocientífico noruego Edvard Moser, galardonado con el Premio Nobel, ha dedicado su carrera a investigar cómo el cerebro interpreta espacial y temporalmente el entorno, revolucionando el campo de las neurociencias. En una visita reciente a España, Moser compartió sus conocimientos sobre las células “grid” y su relación con enfermedades como el Alzheimer.

Las células “grid”: un GPS cerebral

En el cerebro de los animales, existen neuronas especializadas llamadas células “grid” o células de red. Estas células funcionan como un sistema de posicionamiento global (GPS), mapeando el espacio y el tiempo para facilitar la navegación. Moser, junto con su esposa May-Britt Moser y John O’Keefe, recibió el Premio Nobel de Medicina en 2014 por el descubrimiento de estas células.

Moser explica que, cuando era estudiante de psicología en los años 80, era un desafío establecer una conexión entre la actividad neuronal y los procesos psicológicos como pensamientos, recuerdos y emociones. Él y May-Britt se dedicaron a estudiar este problema, obteniendo un doctorado en neurofisiología y utilizando técnicas para inferir la relación entre la actividad cerebral y la memoria.

El avance en la neurociencia

Moser destaca que en los últimos años, la neurociencia ha experimentado un cambio radical. Ya no se trabaja con una sola célula, sino que se pueden registrar miles simultáneamente. Se ha descubierto que los códigos del cerebro no están contenidos en neuronas individuales, sino que emergen de sus interacciones. Esta complejidad de datos, ahora disponible gracias a nuevas técnicas experimentales, ha transformado la neurociencia.

¿Cómo funcionan las células “grid”?

Las células “grid” se identifican por su actividad neuronal, no por su apariencia física. Visualmente, son similares a otras neuronas. Lo que las distingue es su función específica en la navegación. Moser explica que, al registrar la actividad de estas neuronas en animales que se mueven libremente, se observan patrones de activación. Estos patrones persisten incluso cuando el animal está dormido, soñando o en reposo, lo que sugiere que las relaciones entre las células se mantienen.

Las células “grid” no cambian de función, sino que siempre se dedican a la navegación. Trabajan en conjunto con otras neuronas, como las “head direction cells”, que codifican la dirección hacia la que está orientado el animal. Para orientarse en el espacio, el cerebro necesita tanto la posición como la orientación.

El enigma de la representación del espacio y el tiempo

Durante mucho tiempo, no estaba claro cómo estas células representaban el mundo y el tiempo. Un estudio reciente publicado en *Nature* reveló que el patrón hexagonal característico de estas neuronas no es fijo, sino un promedio temporal. Al registrar la actividad neuronal con alta resolución, se observa que la actividad se desplaza siguiendo un patrón regular, explorando rápidamente el espacio que rodea al animal.

Este proceso, que recuerda al barrido de ecolocalización de los murciélagos, es una dinámica intrínseca del circuito neuronal que se produce incluso durante el sueño. Permite al cerebro anticipar rutas, distancias y conexiones en el entorno.

Las células “grid” y el alzhéimer

Las células “grid” han despertado un gran interés debido a su relación con enfermedades como el alzhéimer, en las que la percepción del espacio y del tiempo se deteriora. El córtex entorrinal, la región cerebral que contiene las células “grid”, se divide en una parte medial (espacio) y una parte lateral (tiempo). Estas dos áreas son las primeras afectadas por el alzhéimer, lo que explica los primeros síntomas de desorientación espacial y dificultad para seguir el paso del tiempo.

La pregunta clave es por qué el alzhéimer comienza precisamente en estas áreas. Se cree que las células son muy especiales y pueden tener altas demandas energéticas, lo que las hace más vulnerables. Sin embargo, el mecanismo exacto sigue siendo incierto y es un tema central de investigación.

Prótesis cerebrales y el futuro de la neurociencia

Moser señala que las prótesis cerebrales podrían ser útiles en áreas del cerebro con codificación neuronal simple, como el control del movimiento. Sin embargo, para funciones como la memoria, la navegación o la percepción del tiempo, se necesita comprender en detalle los circuitos internos. Por lo tanto, este tipo de aplicaciones están lejos de ser realizables.

La posibilidad de implantar un circuito electrónico en el cerebro que emule el funcionamiento de las células “grid” requeriría un conocimiento preciso de cómo funcionan estas neuronas y cómo conectarlas al resto del cerebro.

El cerebro y la inteligencia artificial

Moser considera que es imposible hacer un clon mental del cerebro de una persona. Las conexiones cerebrales dependen de la experiencia y la interacción con el entorno, lo que genera patrones de actividad neuronal que determinan qué conexiones se forman y cuáles se refuerzan. Sin esta interacción, no es posible recrear un cerebro funcional.

Por esta razón, es difícil imaginar una inteligencia artificial que emule realmente un cerebro humano. Los sistemas actuales de inteligencia artificial pueden hacer muchas cosas, pero no imitan el funcionamiento del cerebro, sino que siguen patrones estadísticos.