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Malleza, la “Pequeña Habana” asturiana: un viaje al pasado indiano
En el concejo asturiano de Salas se esconde Malleza, un pueblo que evoca ecos de ultramar y que a principios del siglo XX se ganó el apodo de “la pequeña Habana”. Este apelativo surgió de la vitalidad que los emigrantes retornados traían consigo, transformando el pueblo durante los veranos en un foco de animación que recordaba a la capital cubana.
Un legado arquitectónico indiano
Malleza es una auténtica “isla” indiana donde el amor por la tierra natal se manifestó en construcciones monumentales. Hoy, el viajero descubre un patrimonio arquitectónico que habla de abundancia y sueños cumplidos.
Al recorrer sus calles, el contraste de las casas de colores vivos y las galerías acristaladas es impactante. Las palmeras, símbolo del éxito en América, adornan jardines que abrazan estas edificaciones señoriales, creando una atmósfera que transporta a otro continente sin abandonar el verdor asturiano.
Las casonas indianas son testigos de la emigración asturiana a Cuba, un viaje visual que Malleza ha sabido conservar con orgullo.
El corazón de la “pequeña Habana”
La plaza del Conde de Casares es el corazón neurálgico del pueblo, un espacio histórico donde los emigrantes compartían tertulias y celebraban ferias. La torre de la iglesia de San Juan Bautista, reformada gracias a los indianos, destaca con su cúpula bizantina verde, una rareza en la arquitectura religiosa de la Asturias rural.
Desde esta plaza parte una ruta que revela los tesoros arquitectónicos de la villa.
Emblemáticas construcciones
La Casa de Panchón, construida en 1920, destaca por su belleza y armonía. Pintada de azul claro, su galería blanca y los forjados de los balcones resaltan. Su propietario, un mallezano que triunfó en la banca en América, fue ayudado por sus amigos indianos tras la crisis de 1929. La vivienda, rodeada de jardines, es una muestra del repertorio residencial indiano de Malleza.
La Casa de Don Vicente, que combina materiales locales con innovaciones como el hierro y el hormigón, fue reformada por Vicente González de Llano, emigrante a La Habana. Conserva suelos de baldosa hidráulica y detalles como un timbre para el servicio y indicadores de “libre” en los baños, reflejando la vida doméstica de la burguesía retornada.
Cerca de la plaza se encuentra Las Palmeras, construida sobre las ruinas de una antigua cuadra por José García, quien prosperó en Cuba con un comercio llamado El Escándalo. Destaca por sus máscaras decorativas y una terraza que mira a un jardín exótico.
Villa Alicia, obra modernista con influencias vienesas diseñada por Julio Galán, perteneció a Fernando Rodríguez Alonso, fundador de la administración de lotería más famosa de Cuba, La Dichosa.
Tradición e influencia indiana
La convivencia entre lo tradicional y lo indiano se manifiesta en Malleza, donde las paneras centenarias flanquean las villas coloniales. La panera de la Casa Cuervo, del siglo XVIII, presenta esquinas redondeadas, una característica poco común. En la avenida de San Juan, los hórreos conviven con las galerías acristaladas, demostrando que el progreso indiano no borró las raíces campesinas del pueblo.
Malleza, a solo once kilómetros de Salas, ofrece tranquilidad y un entorno natural que realza su patrimonio arquitectónico. Desde La Caleona se contemplan vistas del pico Aguión, y bosques de robles, castaños y abedules albergan corzos, jabalíes y ardillas. Lugares como La Parada invitan a la desconexión, y fuentes como la de Francisco Pinón ofrecen el murmullo del agua.













