El Castillo de Benabarre: Un Testigo de la Historia Aragonesa

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El Castillo de Benabarre: Un Testigo de la Historia Aragonesa

Al llegar a Benabarre, en la provincia de Huesca, la silueta del castillo domina el paisaje. Conocido también como el Castillo de los Condes de Ribagorza, este monumento ha sido declarado Bien de Interés Cultural gracias a su valor histórico y arquitectónico. Su estratégica ubicación sobre un cerro alargado lo convierte en una fortaleza inexpugnable desde el lado norte.

Un archivo de piedra

El Castillo de Benabarre es un auténtico archivo de piedra que revela la historia de esta región de Huesca a través de los siglos. Actualmente, de propiedad municipal, se ha convertido en un atractivo turístico para Aragón, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de disfrutar de su patrimonio arquitectónico y de unas vistas panorámicas impresionantes.

Los orígenes de este bastión se remontan a finales del siglo X o principios del XI, durante el dominio musulmán, cuando era conocido como Ibn Awar. En 1062, el rey aragonés Ramiro I conquistó la plaza y ordenó la construcción de un nuevo castillo para asegurar la posición fronteriza.

De esta época se conserva la defensa perimetral del cerro, con cubos de muralla de sección rectangular. También se construyó una primitiva iglesia de estilo románico dentro del recinto amurallado. La estructura original aprovechaba la plataforma rocosa natural para elevar una torre cuadrada, que servía como punto principal de vigilancia.

Capital del Condado de Ribagorza

La importancia política de Benabarre se consolidó en 1322, cuando Jaime II concedió el título de conde de Ribagorza a su hijo, don Pedro de Aragón, quien fijó aquí su centro de poder. De esta forma, la villa se convirtió en la capital oficial del condado, y el castillo pasó a ser la residencia oficial condal.

Bajo el mandato del infante Pedro, la fortaleza experimentó importantes transformaciones para adaptarse a palacio administrativo. Fue un período de esplendor en el que el castillo no solo era una defensa militar, sino también un símbolo de prestigio. La vida cortesana y las decisiones políticas se gestionaban desde sus salones. Sin embargo, esta autonomía condal terminó en 1596, cuando Felipe II incorporó el condado a la Corona.

A pesar del cambio administrativo, Benabarre mantuvo su estatus como capital, y el castillo conservó su papel central. El edificio sigue siendo hoy el testimonio más tangible de aquel tiempo en que los condes gobernaban estas tierras.

Tres recintos fortificados

Arquitectónicamente, el castillo actual es el resultado de la superposición de tres recintos fortificados. El complejo monumental integra transformaciones que van desde los vestigios islámicos hasta las adaptaciones militares más recientes.

En el recinto superior, el más antiguo, se conservan restos de una torre cuadrada y paredones. El recinto inferior alberga los restos de la arquitectura religiosa, destacando la evolución desde el románico al gótico. Además de las murallas, el conjunto cuenta con una cisterna o aljibe de planta rectangular que suministraba agua. El trazado del castillo es asimilable a un rectángulo de unos 100 metros por 50, con bastiones en las esquinas.

A lo largo de los siglos, esta fortaleza ha tenido diversos usos, como campanario, cementerio, huertos y albergue. También funcionó como torre de vigilancia aérea en tiempos más recientes, demostrando la versatilidad de sus muros. Cada estrato de piedra revela una función distinta, convirtiendo al conjunto en un manual vivo de la vida de montaña.

Vertiente religiosa y militar

La vertiente religiosa del castillo es igualmente fascinante, con la presencia de dos iglesias. Originalmente, se construyó un templo de estilo románico en el siglo XII, pero a mediados del siglo XIV, el conde don Pedro de Aragón ordenó edificar una iglesia gótica mayor, dedicada a Santa María de Valdeflores, sobre la antigua estructura. Esta iglesia gótica contaba con una gran torre de sillería que servía como campanario y fue recrecida en el siglo XV. Lamentablemente, en el siglo XIX, la iglesia gótica fue parcialmente desmontada para la nueva parroquia.

La posición estratégica de Benabarre convirtió al castillo en escenario de batallas durante la Guerra de Sucesión, la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas. Estas contiendas marcaron profundamente el diseño del edificio, que se adaptó a las nuevas formas de guerra moderna. La fortificación dejó de ser un palacio residencial para convertirse en un puesto militar defensivo. Sin embargo, bajo esa piel de fuerte militar moderno, el edificio conserva gran parte de su etapa como palacio condal.

Tras veinte años de esfuerzos constantes, este imponente castillo fue inaugurado oficialmente en 2011 y hoy en día luce restaurado y adaptado para que el público pueda recorrer sus instalaciones con seguridad.