Dolor y Fe ante la Tragedia: Reflexiones tras el Accidente Ferroviario

Dolor y Fe ante la Tragedia: Reflexiones tras el Accidente Ferroviario
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Dolor y Fe ante la Tragedia: Reflexiones tras el Accidente Ferroviario

Las palabras del obispo de Córdoba, Jesús Fernández, resuenan con fuerza tras la tragedia ferroviaria, especialmente su lamento por la “confusión” de las autoridades. Esta confusión, según el obispo, impidió administrar los sacramentos a los heridos, un hecho que revela una falta de preparación ante la calamidad y, por ende, una ineficacia en el auxilio, privando a las víctimas de la acogida de la muerte voluntaria del Gólgota, la que ofrece la salvación.

El Bien Común en Situaciones de Catástrofe

Es crucial recordar el principio ético fundamental que debe regir en situaciones de catástrofe: el bien común como bien de toda persona. Este concepto implica la búsqueda del bienestar de todos a través del bienestar de cada individuo, un humanismo integral que considera a cada ser humano con su propia responsabilidad.

El obispo Fernández también señala la posibilidad de que no se haya permitido el acceso de sacerdotes al lugar del accidente para atender a las víctimas, bajo la premisa de que “los muertos ya están todos muertos y se podía hacer algo por los vivos”. Esta actitud, para el obispo, sugiere que se considera la muerte como el final y que el sacerdote, en el ámbito público, representa una orientación hacia la nada.

El Respeto a los Muertos y la Memoria Colectiva

¿Acaso no existe el deber de respetar a los muertos, no solo con el recuerdo, sino también con la oración y los sacramentos?

Si Cristo los recuerda, también nosotros, los que transitamos por la vida, deberíamos hacerlo. La visión de Zósimo en *Los hermanos Karamazov* resalta que la memoria del bien nos ayuda en la formación continua de la comunidad, mientras que el recuerdo de los muertos cura el pasado, impidiendo que la muerte tenga la última palabra.

El Nihilismo y la “Muerte de Dios”

Fue Nietzsche quien, al proclamar la muerte de Dios, marcó un punto de inflexión e identificó el nihilismo resultante como algo “extraño”. Esta percepción, ampliamente repetida, podría ser el sello distintivo de una era secular que siente su propio déficit sin poder expresarlo, y por lo tanto, sin poder comprenderse a sí misma como secular. Nietzsche fue el primero en “confrontar las terribles y estimulantes consecuencias de la muerte de Dios”, viéndola no como la conclusión de un argumento, sino como una premisa.

Fe Sencilla vs.

Ateísmo Gubernamental

Contrasta el ateísmo gubernamental con la fe sencilla del pueblo. El primero parece empeñado en aplastar a las víctimas y sus familiares con funerales de Estado, sin asumir responsabilidades políticas ni lamentar su falta de respuesta adecuada. El pueblo, con sus debilidades y pecados, manifiesta la fe sencilla de quien solo busca respeto y funerales religiosos, encontrando consuelo en la devoción mariana y la salvación en un Padre amoroso y compasivo. Un Padre que, como señaló el párroco de Adamuz, nos impulsa a “actuar como el propio Cristo”.