El cambio climático como detonante de conflictos globales en 2026

El cambio climático como detonante de conflictos globales en 2026
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El cambio climático como detonante de conflictos globales en 2026

Enero de 2026. Tres conflictos aparentemente dispares dominan la atención internacional: la ambición expansionista de Estados Unidos sobre Groenlandia, las protestas sociales en Irán y la represión que sufren, y las redadas masivas de inmigrantes en ciudades estadounidenses. Sin embargo, un hilo conductor une estos eventos: la crisis climática.

El nexo entre clima y geopolítica

La conexión entre el cambio climático y los conflictos geopolíticos es evidente, aunque a menudo se ignora si no involucra a figuras prominentes como el expresidente Donald Trump. El Instituto Francés de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) destaca que el deterioro ambiental genera o exacerba tensiones, contribuyendo a la amenaza de las formas de vida, la desestabilización y el estallido de conflictos violentos.

Groenlandia: ¿seguridad o codicia?

El calentamiento global ha provocado el deshielo en el Ártico y Groenlandia, generando un punto crítico. Monika Gabriela Bartoszewicz, experta en seguridad societal, señala que el interés en la isla ártica responde más a juegos de poder que a preocupaciones genuinas. La politóloga sugiere que la postura de Trump refleja la debilidad de Estados Unidos para confrontar a Rusia y China, redirigiendo su atención hacia aliados más débiles. Groenlandia, en este contexto, representa un nuevo núcleo de seguridad mundial, desplazando a Europa y Oriente Próximo.

Irán: sed de revuelta

En Irán, las protestas sociales, que han cobrado miles de vidas, tienen su origen en la escasez de agua. Una sequía prolongada de seis años, exacerbada por la explotación intensiva para regadíos, ha llevado al sistema hídrico iraní al borde del colapso. El gobierno ha admitido la posibilidad de evacuar Teherán si no llueve. La falta de agua ha sido un detonante fundamental en los disturbios, demostrando cómo la crisis climática amenaza la seguridad hídrica y la estabilidad social.

Benjamin Pohl, director de diplomacia climática y seguridad del *think tank* alemán Adelphi, subraya que la crisis climática socava la seguridad global. Aunque los impactos directos, como los fenómenos meteorológicos extremos, son evidentes, la seguridad también se ve comprometida cuando el clima debilita la seguridad hídrica y alimentaria, las cadenas de suministro o la estabilidad política y financiera en otras regiones.

Centroamérica y la xenofobia estadounidense

El análisis de Pohl conecta la devastación en el corredor seco de Centroamérica con la detención de migrantes en Estados Unidos. El corredor seco, que abarca Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, alberga a 21 millones de personas, muchas de las cuales dependen de la agricultura y viven en la pobreza. Esta región, altamente vulnerable a eventos climáticos extremos, sufre sequías y huracanes intensificados por el calentamiento global.

Los huracanes Eta y Iota en 2020 provocaron una ola migratoria hacia Estados Unidos en 2021, con 1,7 millones de personas interceptadas, el 43% provenientes de Centroamérica. La devastación climática generó pobreza y desesperación, creando un caldo de cultivo para la retórica antiinmigrante. Las redadas del ICE en busca de inmigrantes indocumentados generan protestas y temor, llegando incluso a la muerte de opositores.

África: el continente más vulnerable

África, el continente más expuesto a la crisis climática, es particularmente vulnerable a los conflictos relacionados con el clima. Las sequías provocan escasez de agua, afectando la producción agrícola y la disponibilidad de recursos. Los conflictos entre pastores y ganaderos se intensifican debido a la falta de precipitaciones, con traslados de población y enfrentamientos por pastos y cultivos que han causado miles de muertes en países como Nigeria, Malí y Burkina Faso.

El norte de África y Oriente Próximo se calientan al doble del promedio planetario, generando estrés hídrico en una región donde el 60% de la población padece escasez de agua. La competencia por el agua y la falta de alimentos provocan conflictos internos y externos en varios países. En 2020, se registraron 7,6 millones de refugiados y 12 millones de desplazados internos.

La Amazonía y la negación del problema

La Amazonía, según el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), está en primera línea de la crisis climática. Los conflictos en la región incluyen el desplazamiento forzado para liberar tierras, la extracción de recursos y el crimen organizado, intensificando la vulnerabilidad de las comunidades ante las amenazas climáticas.

A pesar de la negación o minimización del cambio climático por parte de algunos líderes mundiales, la relación entre el clima, la seguridad nacional y el bienestar de las sociedades es innegable. Ya en 1988, se advirtió que el cambio climático tendría consecuencias comparables a una guerra nuclear global, representando una gran amenaza a la seguridad internacional. Aunque la administración Trump eliminó el término “cambio climático” de la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU en 2025, muchos países reconocen el impacto del cambio climático en la seguridad, aunque resulta difícil separar los elementos climáticos de otros factores en los conflictos.

Como concluye Benjamin Pohl, los efectos del cambio climático, al afectar las formas de vida y contribuir a agravios que pueden llevar a protestas y violencia, son a largo plazo y pueden subestimarse. Existe el riesgo de que la injusticia climática mine la legitimidad del orden global.