Consejos de la DGT para conducir con seguridad en carreteras nevadas

Consejos de la DGT para conducir con seguridad en carreteras nevadas
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Consejos de la DGT para conducir con seguridad en carreteras nevadas

La Dirección General de Tráfico (DGT) ha emitido una serie de recomendaciones cruciales para garantizar la seguridad vial ante la presencia de nieve y hielo en las carreteras, condiciones meteorológicas adversas provocadas por fenómenos como la borrasca Kristin, que ha afectado a numerosas vías en el país.

La acumulación de nieve y la formación de placas de hielo dificultan la conducción, alteran el comportamiento de los vehículos y reducen significativamente la adherencia, incrementando el riesgo de accidentes. Estas situaciones no se limitan a zonas montañosas, sino que también afectan a vías principales y secundarias donde las condiciones pueden cambiar rápidamente.

Preparación del vehículo antes de conducir en nieve

Antes de emprender un viaje en condiciones de bajas temperaturas, es esencial revisar el estado general del vehículo. El sistema de refrigeración es un elemento clave en invierno. El anticongelante evita que el líquido del radiador se congele, lo que podría causar graves daños al motor.

Comprobar el nivel y la concentración del anticongelante es una tarea básica de mantenimiento invernal, especialmente importante en viajes largos o en zonas con temperaturas extremadamente bajas. Una preparación adecuada reduce la probabilidad de incidencias mecánicas en condiciones adversas.

Atención constante y anticipación en condiciones invernales

La conducción sobre nieve o hielo exige un mayor nivel de concentración. El comportamiento del vehículo cambia y la capacidad de respuesta se reduce, por lo que cualquier distracción puede tener consecuencias graves. Mantener la atención en la carretera y anticiparse a las reacciones del coche es clave para una conducción segura.

La temperatura exterior es un indicador relevante. Muchos vehículos muestran este dato, y cuando se aproxima a los cero grados, aumenta la probabilidad de encontrar zonas heladas. Estar atento a esta información permite extremar la precaución en tramos sensibles como áreas sombrías, puentes o carreteras poco transitadas.

Velocidad moderada y mayor distancia de seguridad

Una de las primeras adaptaciones que debe realizar el conductor en condiciones invernales es la reducción de la velocidad. Cuando la adherencia es limitada, los límites genéricos dejan de ser la referencia principal. Conducir a una velocidad moderada facilita el control del vehículo y permite reaccionar con mayor margen ante imprevistos.

A esta reducción del ritmo debe sumarse un aumento de la distancia de seguridad. En superficies deslizantes, la distancia de frenado se incrementa notablemente, incluso a baja velocidad. Dejar más espacio respecto al vehículo que circula delante proporciona tiempo suficiente para responder ante una frenada brusca, una retención o un obstáculo inesperado en la calzada.

Suavidad al volante y control del vehículo

La suavidad en la conducción es fundamental cuando se circula sobre nieve o hielo. Movimientos bruscos del volante, aceleraciones repentinas o frenadas intensas aumentan el riesgo de pérdida de control. Una conducción progresiva ayuda a mantener la estabilidad del vehículo.

En caso de atravesar una placa de hielo, se recomienda levantar el pie del acelerador y evitar frenar bruscamente hasta recuperar la adherencia. Mantener las ruedas alineadas y corregir la trayectoria con movimientos suaves del volante contribuye a estabilizar el coche durante el deslizamiento. La clave es no realizar acciones que puedan agravar la pérdida de control.

Uso correcto de marchas y comportamiento en pendientes

La gestión de las marchas adquiere especial importancia en condiciones de baja adherencia. En tramos llanos o en subidas, utilizar una marcha más larga de lo habitual permite reducir el régimen del motor y minimizar el patinaje de las ruedas de tracción. Esta técnica ayuda a avanzar de forma más estable cuando el firme está cubierto de nieve o presenta hielo.

En pendientes descendentes, es preferible emplear marchas cortas para aprovechar la retención del motor y reducir la necesidad de frenar. El uso del freno debe limitarse a situaciones imprescindibles y aplicarse de forma suave y progresiva. En vehículos con cambio automático, los modos específicos para superficies deslizantes ajustan el funcionamiento de la transmisión para favorecer una entrega de potencia más controlada.

Nieve acumulada: roderas, quitanieves y equipamiento adecuado

Cuando la nieve cuaja sobre la calzada y forma una capa continua, la circulación se complica aún más. En estos casos, las roderas marcadas por otros vehículos ofrecen zonas con algo más de adherencia. Mantenerse dentro de estas huellas puede facilitar el avance en trayectos cortos y sin grandes pendientes.

La presencia de máquinas quitanieves indica que se están realizando labores de limpieza, lo que facilita el paso, pero también puede generar una falsa sensación de seguridad. Tras el paso de la pala, el firme puede quedar cubierto por nieve compactada o una fina capa de hielo, por lo que conviene mantener la precaución y no aproximarse en exceso a estos vehículos.

En situaciones de nieve acumulada, el uso de cadenas o neumáticos específicos de invierno o todo tiempo resulta fundamental. Estos sistemas ofrecen una tracción muy superior a otras soluciones menos eficaces. Existen productos que prometen mejorar el agarre de forma rápida, pero no sustituyen a los equipamientos diseñados para circular con seguridad en estas condiciones.