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Nuevas luces sobre las alucinaciones visuales en pacientes con Parkinson
Un estudio innovador del Institut de Recerca Sant Pau ha revelado cómo el cerebro de personas con Parkinson que experimentan alucinaciones visuales modifica gradualmente el procesamiento visual. La investigación, publicada en la revista ‘Parkinson’s Disease’, indica que estas percepciones no son el resultado de un único error, sino de una falta de coordinación entre diversas fases del circuito visual.
Descoordinación en el procesamiento visual
Este proceso de descoordinación afecta desde la formación inicial de la imagen hasta los mecanismos que le dan significado y revisan su corrección. Los investigadores analizaron a 93 pacientes sin demencia e identificaron un patrón neurocognitivo que podría ayudar a detectar a las personas más propensas a desarrollar estas alucinaciones, mejorando así la evaluación y el seguimiento en las primeras etapas de la enfermedad.
Alucinaciones visuales: un síntoma temprano
Las alucinaciones visuales son uno de los síntomas no motores más comunes y relevantes del Parkinson, incluso en las fases iniciales. Estas pueden manifestarse como sensaciones de presencia, sombras en la periferia del campo visual o figuras que desaparecen al fijar la mirada.
También pueden presentarse como ilusiones sutiles, como ver rasgos faciales en objetos comunes.
Aunque muchos pacientes son conscientes de que estas alucinaciones no son reales, su aparición indica que los sistemas cerebrales que interpretan el entorno están funcionando con menos precisión, lo que se asocia a un mayor riesgo de deterioro cognitivo.
El cerebro lucha por armonizar la realidad
Javier Pagonabarraga, uno de los autores del estudio, explica que estas manifestaciones tempranas muestran que el cerebro tiene dificultades para armonizar lo que recibe de los sentidos con los mecanismos internos que dan significado a la experiencia. Aunque el paciente sepa que las percepciones no son reales, reflejan un desequilibrio que puede intensificarse con el tiempo.
Análisis del procesamiento visual
Para comprender el origen de estas alteraciones, los investigadores analizaron a los 93 pacientes mientras realizaban una tarea de categorización de imágenes, registrando su actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG). Los resultados demostraron que, aunque la visión básica se mantiene intacta, las etapas posteriores del procesamiento fallan.
Laura Pérez-Carasol, coautora de la investigación, explica que la primera alteración ocurre en la fase de codificación estructural: si la representación visual inicial es débil o incompleta, el cerebro pierde la referencia estable sobre la cual construye el significado. Esta primera fisura en la percepción es clave para entender el resto del proceso.
Sobreactivación de conocimientos previos
Esta base perceptiva inestable provoca una segunda alteración.
Normalmente, el cerebro utiliza conocimientos previos solo cuando la información visual es ambigua, pero en pacientes con alucinaciones este mecanismo se activa antes de tiempo y con una intensidad exagerada. El aumento de la señal denominada N300 indica que el sistema intenta completar la percepción demasiado pronto, imponiendo significados internos antes de que la información visual esté plenamente disponible.
Esta tendencia es aún más marcada en pacientes con deterioro cognitivo leve, quienes dependen en mayor medida de los procesos internos para interpretar estímulos externos.
Fallo en la revisión cognitiva
Finalmente, los investigadores identificaron una tercera alteración en la fase de revisión y supervisión cognitiva, asociada a la señal P600. Esta etapa, encargada de corregir interpretaciones que no se ajustan a la realidad, aparece debilitada. Esta debilidad facilita que las percepciones erróneas adquieran más persistencia y convicción en la mente del paciente.
Pagonabarraga señala que la investigación ha revelado una pérdida progresiva de coordinación entre sistemas que deberían trabajar de manera precisa y secuencial.
Es en este punto cuando la percepción deja de ser un proceso estable y comienza a depender demasiado de señales internas, generando un terreno fértil para las alucinaciones.
Implicaciones para el tratamiento
Más allá de describir el origen de las alucinaciones, los autores subrayan que el patrón de descoordinación ofrece información valiosa sobre la evolución clínica de la enfermedad. Estas alteraciones reflejan un cambio progresivo en la dinámica cognitiva, especialmente en personas que empiezan a mostrar deterioro cognitivo leve. La combinación de fragilidad perceptiva y fragilidad cognitiva configura un perfil de especial vulnerabilidad.
Pérez-Carasol indica que estos cambios permiten ver que el cerebro comienza a perder precisión y coordinación mucho antes de que aparezcan síntomas más evidentes.
Hacia una medicina más proactiva
Disponer de un modelo detallado sobre cómo se alteran las distintas fases de la percepción puede transformar la manera en que se evalúan los síntomas no motores del Parkinson. Saül Martínez-Horta, otro de los autores del estudio, remarca que detectar precozmente estos cambios en la dinámica perceptiva y cognitiva hace posible intervenir antes y ajustar los tratamientos y las estrategias de apoyo en función del perfil de cada paciente.
La investigación permite imaginar evaluaciones más precisas que combinen medidas clínicas y neurofisiológicas para anticiparse a la aparición de síntomas y ofrecer una atención verdaderamente personalizada.













