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El eterno eco de ‘El extranjero’ de Albert Camus: Un reflejo de la sociedad en el absurdo
Publicada en mayo de 1942 en el París ocupado, ‘El extranjero’ de Albert Camus inicialmente tuvo una recepción distinta a la que alcanzaría posteriormente, convirtiéndose en un símbolo de la desorientación europea tras las guerras mundiales. Las 4.400 copias editadas por Gallimard tuvieron una buena acogida, y algunos críticos destacaron la limpieza de la prosa de Camus como el surgimiento de un nuevo talento literario.
Sin embargo, el propio Camus se distanció de la etiqueta que le impuso Jean-Paul Sartre, quien lo vinculó al existencialismo marxista de la época.
Traducción y difusión internacional
En 1946, la novela fue traducida al inglés, con diferentes versiones y títulos en Estados Unidos (‘The Stranger’) y el Reino Unido (‘The Outsider’).
La primera traducción al español se publicó en Buenos Aires en 1949, firmada por Bonifacio del Carril. En España, las primeras versiones tardaron en llegar, siendo la de Alianza la que contribuyó significativamente a la difusión de la obra de Camus, consolidándose con su edición de bolsillo en 1971.
Posteriormente, en 1999, José Ángel Valente realizó una traducción “contemporánea” para el mismo sello editorial.
Un clásico moderno
Traducida a más de sesenta idiomas, ‘El extranjero’ es la tercera obra en francés más leída del mundo.
Ambientada en Argel, la novela narra la historia de Meursault, un joven alienado e indiferente ante el absurdo de la sociedad que lo rodea. La trama se inicia con la muerte de su madre y culmina con un juicio por asesinato, donde se juzga su falta de empatía.
Al releer ‘El extranjero’, se percibe como un clásico y, a la vez, como una obra moderna.
El libro aborda el poder de la sociedad para castigar actitudes que no se ajustan a los cánones establecidos, y recuerda cómo los juicios paralelos pueden condenar y cancelar a una persona por encima de la aplicación de la ley. También plantea la consideración de los tribunales como un espectáculo moral y la incapacidad de la sociedad para dar respuestas al individuo, la imposibilidad de ser uno mismo.
Meursault, un espejo cóncavo de nuestra realidad, permanece incrustado en el absurdo.













