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Mamá está dormida”: Máximo Huerta explora la demencia, el amor incondicional y el pasado femenino en su nueva novela
Máximo Huerta presentó en Madrid su nueva novela, ‘Mamá está dormida’ (Planeta), una obra que surge de su experiencia personal cuidando de su madre, quien padece demencia. La novela, sin embargo, trasciende lo personal para reflexionar sobre la memoria, el amor incondicional y el rol histórico de las mujeres como cuidadoras.
La inspiración para la novela surgió de un episodio en el que la madre de Huerta, desorientada por la demencia, le preguntó por un hermano que él nunca tuvo. Este hecho, sumado a recuerdos de infancia en una habitación con literas, detonó la historia que ahora plasma en su libro.
Un viaje en autocaravana en busca de respuestas
La novela narra un viaje en autocaravana que un hijo emprende con su madre, afectada por la demencia, hasta Vera de Bidasoa. El objetivo del viaje es encontrar respuestas en el pasado de la madre, un pasado marcado por su estancia en una residencia de la Sección Femenina durante el franquismo.
Huerta describe la Sección Femenina como un escenario turbio donde se enseñaba a las mujeres a ser madres, esposas y buenas hijas, clones de Pilar Primo de Rivera.
Huerta explora la soledad del cuidador, un tema recurrente en su experiencia personal. “Me hubiera encantado tener hermanos para discutir en este momento de mi vida”, confesó, refiriéndose a la dificultad de afrontar solo la responsabilidad del cuidado.
Memoria individual y colectiva
‘Mamá está dormida’ entrelaza una memoria individual con una colectiva. La novela no solo explora la memoria personal que se desvanece con la demencia, sino también la memoria colectiva de una época y de un país. Huerta señala que vivimos en un tiempo en el que los países también parecen sufrir de Alzheimer, olvidando de dónde vienen.
El autor describe la autocaravana como un útero invertido, donde los roles entre madre e hijo se difuminan.
El viaje está lleno de mentiras, una necesidad para sobrellevar la situación y crear una fábula de lo que debería ser. También hay momentos de lucidez, destellos de claridad en medio de la demencia que se guardan como tesoros.
Humor y ternura en la adversidad
A pesar de la dureza del tema, la novela también incluye momentos de humor. Huerta recuerda un diálogo en el que el personaje del hijo, Federico, menciona que Dios está en todas partes, a lo que la madre responde: “Pues espero que no me vea, porque es hombre. Prefiero que Dios sea la abuela haciendo magdalenas”.
Aunque la experiencia personal es evidente en la novela, Huerta rechaza la idea de que haya sido un ejercicio terapéutico.
Para él, el alivio reside en la lectura, y confiesa que le hubiera gustado leer esta novela sin haberla escrito.













