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Grecia recupera valiosas antigüedades tras una larga batalla legal
El Ministerio de Cultura de Grecia ha anunciado la repatriación de importantes antigüedades tras una prolongada disputa legal. Entre las piezas recuperadas se encuentran un relieve votivo ático de mármol del siglo IV a.C., dedicado a Artemisa Muniquia, y cinco idolillos antropomórficos de bronce.
El vínculo con Robin Symes Limited
Todas las obras pertenecían a la empresa Robin Symes Limited, fundada por el traficante de antigüedades británico Robin Symes. Durante más de tres décadas, Symes operó a nivel mundial, relacionándose con importantes museos y coleccionistas, convirtiéndose en una figura influyente y controvertida en el mercado internacional de antigüedades.
La Importancia del Relieve Votivo
El relieve repatriado destaca por su valor excepcional, tanto por su calidad artística como por su procedencia. Formaba parte de la decoración escultórica del santuario de Artemisa Muniquia, ubicado en el antiguo puerto de Muniquia, en el actual municipio de El Pireo.
Su importancia radica en ser el primer relieve conocido procedente de este importante lugar de culto. Además, los restos escultóricos del santuario son escasos debido a los saqueos sufridos desde la antigüedad.
El Archivo Becchina: Clave en la Recuperación
Un elemento clave para la restitución de las piezas ha sido el archivo del traficante de antigüedades Gianfranco Becchina, una herramienta forense fundamental en la lucha contra el tráfico ilícito de antigüedades. Este archivo contiene fotografías de los objetos con restos de tierra y suciedad, además de datos sobre su procedencia, fecha del hallazgo y otros detalles que demuestran su autenticidad. Gracias a esta información, el archivo Becchina se ha convertido en una herramienta indispensable para que los estados de origen puedan reclamar y recuperar su patrimonio cultural.
El relieve repatriado está documentado en dicho archivo mediante fotografías fechadas en 1988 y referencias a intermediarios griegos.
Esta información permitió a las autoridades griegas demostrar su origen ilícito y vincular la pieza a una red internacional de tráfico de antigüedades.
Archivos del Mercado Negro de Antigüedades
Entre 1994 y 2006, diversas operaciones policiales en Europa contra el tráfico ilícito de bienes culturales permitieron incautar decenas de miles de antigüedades expoliadas. Sin embargo, el hallazgo más revelador fueron los archivos personales de cuatro de los mayores traficantes de antigüedades del siglo XX: Giacomo Medici, Gianfranco Becchina, Robin Symes y Christos Michaelides.
Estos archivos analógicos están formados por miles de fotografías y documentos, incluyendo correspondencia, copias de cheques, listados de contactos y notas comerciales. Según Christos Tsirogiannis, arqueólogo forense especialista en tráfico ilegal de antigüedades, estos archivos fueron creados por los propios anticuarios para sus necesidades empresariales y son posteriores a la firma de la Convención de la UNESCO contra el tráfico ilícito de bienes culturales.
La Estructura de los Archivos Medici y Becchina
El archivo Medici fue incautado en Ginebra en 1995, mientras que el archivo de Gianfranco Becchina, que contenía unas 8.000 fotografías y más de 13.000 documentos, fue confiscado en Basilea entre 2002 y 2005. Durante décadas, Becchina suministró antigüedades a museos como el Met, el J.
Paul Getty o el Ashmolean, así como a importantes coleccionistas privados.
Ambos archivos presentan una estructura similar, con predominio de fotografías Polaroid que muestran las piezas sucias, con restos de tierra y sin restaurar. Les siguen fotografías analógicas y, finalmente, imágenes tomadas por fotógrafos profesionales, donde los objetos aparecen limpios y restaurados. El archivo de Becchina también contiene correspondencia con directores de museos, empleados de casas de subastas y coleccionistas privados, además de fotocopias de cheques y agendas con contactos de proveedores, intermediarios y compradores.
El Archivo Symes-Michaelides
El archivo Symes-Michaelides, en cambio, está compuesto casi por completo por fotografías profesionales que documentan objetos de extraordinaria calidad artística de culturas antiguas de todo el mundo. Esto demuestra que Symes y Michaelides se encontraban en la cima del comercio internacional de antigüedades, y que tenían las mejores obras expoliadas del planeta.
El archivo consta de 17 álbumes de piel que contienen más de 2.000 fotografías de 1.315 antigüedades, encontradas en una despensa de la cocina de la villa que los dos traficantes tenían en la isla egea de Schinoussa.
Desde su incautación, estos tres archivos han sido empleados por países como Italia, España o Grecia para reclamar bienes exportados de forma ilegal. Según Tsirogiannis, estos archivos brindan una oportunidad única para comprender la verdadera naturaleza del comercio internacional de antigüedades entre 1970 y 2006, que, salvo contadas excepciones, fue una práctica completamente criminal.
Reconstruyendo el Recorrido de las Piezas
Gracias a estos archivos, también se ha podido demostrar que dos de los principales proveedores de Symes y Michaelides fueron Becchina y Medici. Muchas de las piezas que aparecen restauradas y listas para la venta en el archivo Symes-Michaelides se encuentran en los archivos de Becchina o Medici todavía cubiertas de tierra, antes de su restauración, lo que permite reconstruir su recorrido completo. En algunos casos, se sabe que Symes adquirió piezas después de que pasaran por las manos de Becchina.
Tsirogiannis subraya la importancia de que, tras la repatriación de estos bienes, se haga público todo el expediente del caso, que incluye toda la información contenida en los archivos de los traficantes, para comprender cómo opera el tráfico ilegal y reconstruir el origen y la trayectoria de las piezas.
El Caso del Kouros Arcaico
Un ejemplo es el Kouros arcaico que formaba parte de una colección privada y que fue repatriado a Grecia en 2021.
La investigación de Tsirogiannis reveló que el Kouros conservaba los brazos y los muslos en el momento del saqueo en Grecia, posiblemente los traficantes lo rompieron para poder sacarlo de forma ilegal del país. Tsirogiannis lo identificó en la colección Steinhardt gracias a las Polaroid tomadas en un taller de restauración de Zúrich, e informó a las autoridades estadounidenses, que lo confiscaron y tasaron por valor de 14.000.000 de dólares.













