REPRESENTANTE DE VÍCTIMAS DE ADAMUZ CONMUEVE EN MISA EXEQUIAL

REPRESENTANTE DE VÍCTIMAS DE ADAMUZ CONMUEVE EN MISA EXEQUIAL
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REPRESENTANTE DE VÍCTIMAS DE ADAMUZ CONMUEVE EN MISA EXEQUIAL

Liliana Sáenz, representante de las víctimas de Adamuz, ofreció una conmovedora semblanza de su madre, fallecida en la tragedia ferroviaria, durante la misa exequial en Huelva. Sus palabras, cargadas de dolor, dejaron una profunda impresión en los asistentes.

Agradecimiento a la Diócesis y Reflejo de la Fe

En un ambiente de libertad, Sáenz expresó su gratitud a la Diócesis por el funeral, destacando que era “el único funeral que cabía en esta despedida”.

Subrayó que la única presencia deseada era la de Dios, manifestada en el pan y el vino, bajo la mirada de la Virgen. Sus palabras contrastaron con lo que describió como “delirios ateos de ciertos gobernantes”, resaltando la persistente influencia de la fe cristiana en España.

“Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente, y es abrazando su Cruz donde encontramos mayor consuelo”, afirmó Sáenz, evocando la victoria de la Cruz y citando a San Pablo.

Ateísmo Gubernamental y el Valor del Sufrimiento

Sáenz abordó el dilema del ateísmo gubernamental, sugiriendo que se enfrenta a la disyuntiva de reconocer el impacto de la negación de Dios en la consideración de las víctimas o, como Nietzsche, elegir a Dionisio en lugar del Crucificado.

Implicó que rechazar a Dios podría implicar una devaluación del sufrimiento y la vida de las víctimas.

Llamado a la Virtud y al Servicio Público

Tras referirse a la polarización social, Liliana Sáenz instó a los gobernantes a “ser grandes como personas para ser grandes como servidores públicos”. Enfatizó la necesidad de la virtud para alcanzar la excelencia y mejorar la eficacia en el servicio público, argumentando que la virtud capacita para tomar buenas decisiones y servir a los demás, incluso ante la adversidad.

Verdad, Paz y Misericordia

Sáenz concluyó su carta recordando que “solo la verdad nos ayudará a curar las heridas que nunca cerrarán”, y que esa verdad se buscará “con la paz de saber que en el abrazo de la Virgen ahora duermen”.

Afirmó que la sociedad a menudo se empeña en “matar a Dios” y que Dios ya no ocupa el centro de la vida comunitaria. Sin embargo, resaltó la misericordia divina y el deseo de Dios de ocupar ese centro, porque “sólo la verdad os hará libres”.

Sáenz concluyó recordando a las víctimas del tren como “hijos de Dios que no hacen sino regresar a la casa del Padre” y confiándolos a su infinita misericordia.