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Un equipo del programa La Linterna de COPE se adentró en el Centro de Atención Integral a Mujeres en Situación de Prostitución (CEIMPRO) en Leganés, Madrid, gestionado por la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAM). La experiencia, calificada como “brutal”, incluyó un recorrido por el polígono Marconi, un punto álgido de la prostitución en la capital, con el objetivo de exponer la dura realidad de la esclavitud en el siglo XXI y la esperanza que brindan organizaciones como APRAM.
Un refugio para la esperanza: El CEIMPRO
El CEIMPRO, inaugurado en la primavera de 2023 por la Comunidad de Madrid y administrado por APRAM, se presenta como una alternativa tangible para las mujeres en situación de prostitución. María José Martínez, coordinadora del centro, explica que el modelo se basa en la metodología de APRAM, que ofrece “atención integral en todos los niveles posibles”. Este apoyo abarca áreas sociales, psicológicas, laborales y jurídicas, así como la cobertura de necesidades básicas, como la regularización de su situación administrativa.
Martínez destaca la importancia de comenzar por el empadronamiento, para que las mujeres puedan acceder a los recursos públicos a los que tienen derecho.
El equipo del centro está compuesto por 16 profesionales, incluyendo trabajadoras sociales, juristas, psicólogas, mediadoras y técnicas de empleo. En su primer año, han brindado 4.100 atenciones a aproximadamente 1.200 mujeres. A pesar de la complejidad del proceso, 33 mujeres han iniciado un itinerario de inserción individualizado, logrando dos inserciones laborales. La coordinadora subraya que cada pequeño avance representa un gran logro.
Factores de vulnerabilidad y la creciente captación online
Rocío Mora, coordinadora general de APRAM, enfatiza que no existe un perfil único de mujer prostituida, sino “factores de vulnerabilidad”.
Entre ellos, destaca la juventud, idealmente no mayor de 20 años, para resistir las exigencias físicas y psicológicas de la explotación sexual. Mora subraya que la palabra clave es “esclava”, describiendo a mujeres sin movilidad, identidad, y acceso a derechos fundamentales.
Mora también advierte sobre el aumento de mujeres españolas captadas a través de redes sociales, un método más fácil para las redes criminales. Ante esta situación, la coordinación es crucial. APRAM busca llegar a lugares donde otras entidades no pueden, a través de la unidad móvil del CEIMPRO.
El cambio en el perfil del consumidor y la deshumanización de las víctimas
Un aspecto preocupante es el cambio en el perfil del consumidor de prostitución.
María José Martínez señala que el consumo se ha extendido a jóvenes, tanto en la calle como en clubes e Internet. Rocío Mora coincide, afirmando que “la pornografía incentiva todo lo que tiene que ver con la prostitución”. La solución, según Mora, reside en educar y sensibilizar en las mismas redes donde se capta a las víctimas y se normaliza el consumo, un entorno digital caracterizado por el acoso y los mensajes violentos. Se rechaza el término “cliente”, prefiriendo “puteros”, considerándolos una pieza más de un sistema de explotación y violencia machista.
La crudeza del polígono Marconi y la esperanza de APRAM
El recorrido en la unidad móvil por el polígono Marconi revela una realidad desgarradora: mujeres expuestas al frío, obligadas a prostituirse en coches, rodeadas de basura y bajo la vigilancia de sus explotadores.
El equipo de APRAM, en una autocaravana discreta, ofrece material preventivo y la posibilidad de una nueva vida. Almudena, una de las trabajadoras, reconoce la dificultad de su trabajo, especialmente al presenciar las condiciones en las que viven las mujeres. María José Martínez afirma que nunca se acostumbra a esta realidad, sintiendo que es una violencia extrema contra las mujeres.
Rocío Mora recuerda testimonios de escuchas policiales que evidencian la deshumanización total de las víctimas. A pesar de la dureza, el equipo de APRAM mantiene la esperanza, recordando éxitos pasados, como la casi erradicación de la trata de mujeres nigerianas en la Casa de Campo.
Mora concluye que existen salidas y alternativas, aunque difíciles, y que se pueden lograr resultados positivos.













