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Cien años de legado: Celebración jubilar del Padre Arnaiz y la labor de las Misioneras de las Doctrinas Rurales
Las Misioneras de las Doctrinas Rurales conmemoran el centenario de la muerte del beato P. Arnaiz, jesuita muy querido cuya misión sigue inspirando su labor. La superiora de la congregación, la hermana Leticia Montero, destaca la profunda impresión que causó su fallecimiento en 1926 en Málaga, ciudad donde reposan sus restos en la iglesia del Sagrado Corazón. La devoción y admiración por el Padre Arnaiz persisten, como lo demuestra la estatua erigida en su honor en el centro de la ciudad gracias a la suscripción popular.
Un apóstol de los pobres y marginados
La misión del Padre Arnaiz se centró en Andalucía, especialmente en Málaga, dedicándose a atender a los pobres, marginados y zonas rurales.
Fundó las Misioneras de las Doctrinas Rurales y creó escuelas en barrios marginales, además de dedicarse a la enseñanza, la catequesis y la ayuda social en cárceles y hospitales.
La hermana Leticia Montero describe al Padre Arnaiz como el “apóstol de la gente sencilla”, destacando su ternura y misericordia hacia los pobres. Sin embargo, su influencia no se limitó a los más desfavorecidos. “Es también queridísimo por las clases más pudientes, porque los llevó a Dios”, explica la hermana Leticia, señalando que su labor social movilizó a aquellos con capacidad de transformar la sociedad para que se compadecieran de las necesidades de su entorno.
Un legado de fe y servicio
Miles de personas visitan cada mes su sepulcro en la iglesia del Sagrado Corazón. A cien años de su muerte, el P.
Arnaiz sigue siendo admirado y querido por personas de todas partes que agradecen su intercesión. Las Misioneras de las Doctrinas Rurales buscan aprovechar este año jubilar para dar a conocer la figura del Padre Arnaiz a las nuevas generaciones, reconociéndolo como un “gran intercesor delante del Señor” debido a su fidelidad al amor divino.
A lo largo de un siglo, las Misioneras han desarrollado más de 300 doctrinas y casi 500 misiones cortas, principalmente en diócesis andaluzas, pero también en otras regiones de España. En este tiempo jubilar, además de difundir la vida y obra de su fundador, buscan profundizar en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, fuente de inspiración del Padre Arnaiz y de vital importancia en la actualidad.
El corazón de Jesús: fuente de amor y sanación
En una sociedad marcada por la falta de afecto y las heridas emocionales, la hermana Leticia Montero subraya la necesidad de redescubrir el amor inmenso que el Señor nos tiene, reflejado en el corazón de Jesús, que a su vez, es la fuente que cura nuestras heridas.
La labor de las misioneras sigue siendo la de hacer palpitar ese corazón de Jesús en el pecho de los más desprotegidos y olvidados. Aunque las circunstancias han cambiado, la esencia de la misión del Padre Arnaiz perdura: llegar a aquellos lugares donde la labor de la Iglesia es menos frecuente.
La presencia de las misioneras busca compensar la falta de sacerdotes en las zonas rurales y marginales, preparando espiritualmente y formando a los cristianos que allí viven.
Las misioneras no se establecen de forma permanente, sino el tiempo necesario para formar un grupo de cristianos que sean fermento para toda la comunidad y apoyo para el sacerdote, aunque este no pueda acudir con regularidad.













