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El artista que se coló en el mercado de carbono para denunciarlo
Josep Piñol, un artista de 31 años, orquestó una audaz intervención en el mercado de carbono para exponer sus fallas. Creó un proyecto ficticio en la Amazonía brasileña con la intención de no llevarlo a cabo, generando créditos de carbono que luego denunciaría.
Una reunión reveladora
Piñol asistió a una convención de élite económica, donde un asesor de gobiernos e instituciones criticó públicamente una operación financiera entre dos compañías presentes. El asesor lamentó que nadie estuviera dispuesto a renunciar a sus propios intereses, brindando “por el clima, por la hipocresía, por la sostenibilidad y por las evitadas”.
La operación en cuestión implicaba que una compañía financiaba a otra para que dejara de extraer gas. Esta “no extracción” se computaba en el mercado voluntario de emisiones evitadas, generando créditos de carbono que se vendían a otras empresas para “compensar” sus emisiones.
El mercado de las “emisiones evitadas”
En los mercados de emisiones de carbono, los créditos por emisiones “evitadas” representan las toneladas de CO2 que una empresa supuestamente no emitió al adoptar una medida concreta. Esta medida puede ser la instalación de energías renovables en lugar de una central de combustibles fósiles, o el uso de una flota eléctrica en lugar de una diésel.
La controversia radica en que el simple anuncio de una reducción de emisiones frente a una alternativa hipotética puede transformarse en créditos de carbono reales, permitiendo a las empresas “compensar” sus emisiones y promocionarse como neutras en carbono, aunque sigan contaminando.
Las trampas del sistema
Si bien estas operaciones son legales, existen trampas. Una investigación reveló que más del 90% de los créditos de compensación emitidos por la principal certificadora a nivel mundial eran “créditos fantasma” que no representaban una reducción real de las emisiones. Muchos proyectos se basaban en amenazas de tala sobreinfladas.
Josh Gabbastiss, especialista en financiación climática, explica que estos mercados se basan en hipótesis contrarias a los hechos, en escenarios que nunca ocurrieron y no se pueden demostrar. Argumenta que es difícil probar que un bosque realmente hubiera sido talado o que una infraestructura de combustibles fósiles se habría construido en lugar de una renovable.
La “no obra” de Piñol
Indignado por la especulación en torno a las emisiones evitadas, Piñol decidió realizar una denuncia artística. Crearía un proyecto, mediría su huella de carbono hipotética, lo avalaría, lo presupuestaría, luego decidiría no hacerlo, certificaría las emisiones evitadas y obtendría los créditos de carbono.
Su “no obra” consistía en una macroestructura de cemento en la Amazonía brasileña, con ataúdes y esculturas de bronce representando a ejecutivos. Aunque nunca la construiría, logró levantar 18,4 millones de euros en cartas de interés de inversores.
Certificando lo inexistente
Piñol contrató a una consultora para medir la huella de carbono de su “no obra”. Desarrollaron un estándar de cero emisiones, validado por Art Carbon Avoided (ACA) S.L., una empresa creada por el propio Piñol. Una auditoría independiente revisó la documentación y generó créditos de carbono por 57.765 toneladas de CO2 evitadas, valorados en 1,6 millones de euros.
Aunque nunca vendió los créditos, Piñol se comprometió ante notario a no materializar su obra y canceló los créditos generados para sacarlos del mercado. Solo vendió una tonelada a un coleccionista y renunció a los derechos sobre el resto para evitar la especulación.
Un sinsentido revelado
La obra de Piñol, ahora un simple certificado de evitación, revela el sinsentido de que algo que no existe pueda generar valor económico precisamente por no ser. Y, lo que es peor, que pueda convertirse en una carta blanca para seguir calentando el planeta.













