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Los mercados se tambalean al son de un dólar débil
Los mercados de capital muestran inquietud tras un año de turbulencias en las políticas económicas de la Administración Trump. Los aranceles recíprocos han transformado el libre comercio en un mercado de amenazas, donde EEUU ejerce presión en los acuerdos, mientras que el proteccionismo industrial premia a la vieja economía fósil y se critica el poder de la Reserva Federal en materia monetaria.
Ni siquiera esta triple ofensiva contra el liberalismo ha socavado el dogma MAGA del trumpismo. Sin embargo, al inicio del segundo mandato de Trump, aliados como Canadá y Europa comienzan a mostrar rechazo a las acciones exteriores de Washington y su disconformidad con sus intereses geopolíticos.
Las compañías tecnológicas, que sostuvieron el mercado bursátil en 2025 gracias al auge de la IA, empiezan a mostrar fisuras debido a las inversiones billonarias en la carrera por la computación mundial, con destrucción de empleo y la admisión de que la magnitud de las inversiones en IA podría ser excesiva.
Sin embargo, el factor más influyente en los mercados en este inicio de 2026 es el dólar. El símbolo del liderazgo económico estadounidense navega en incertidumbre, en libre flotación con una trayectoria descendente que afecta a las divisas del G-7. Algunas, como el yen japonés, muestran debilidad, mientras que otras, como el euro o las monedas escandinavas, economías de rentas altas sensibles al dólar, están en ascenso.
Trump afirma no estar preocupado, pero su secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha defendido la política de un dólar fuerte y desmentido la insinuación de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre una posible intervención coordinada con EEUU para contener las fluctuaciones del yen y su mercado de bonos, que esta semana ha experimentado repuntes de más de 25 puntos básicos.
La agenda fiscal expansiva de Japón ha acelerado un cambio de rumbo que, según Takaichi, le otorgará la confianza en las elecciones anticipadas del 8 de febrero. Pero no es el único foco de alerta. Un dólar débil, lejos de aliviar tensiones con Europa, ha expuesto la fragilidad de socios monetarios como Alemania, que ha entrado en su tercer año de recesión con un euro demasiado fuerte para estimular su sector exterior.
El oro, las materias primas metálicas, la incertidumbre comercial, y la IA, que muestra una distorsión entre inversiones y proyectos corporativos, anticipan una situación que recuerda a burbujas especulativas del pasado, como la de las punto.com, aunque con el avance de la computación cuántica. Estos factores ayudan a esclarecer si habrá una crisis financiera en 2026, escenario que el FMI no descarta.
El dólar, la madre de todas las batallas
“Miren los negocios que estamos haciendo”, dijo Trump, refiriéndose a la bonanza de su sector exterior gracias a una divisa depreciada un 10% desde su regreso a la Casa Blanca. Sin embargo, el mercado tiene otra interpretación: se ha abierto el negocio de la devaluación del dólar, con un componente especulativo que impulsa el oro y la plata por encima de los 5.250 y los 115 dólares por onza, respectivamente.
Aunque la elección de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal interrumpió una recuperación que también impulsó la plata, el cobre y el platino a máximos históricos, el euro superaba la barrera de los 1,20 dólares, lo que ha movilizado a voces del BCE a alertar sobre rebajas de tipos si la cotización continúa restando competitividad exterior. Desde enero de 2025, la divisa común ha recuperado un 15,5% de su valor respecto al dólar.
En firmas como Gavekal, creen que esta corrección se debe a una pérdida de confianza inversora en la flexibilización de la Fed para rebajar tipos, injerencias de la Casa Blanca en su autoridad monetaria, y futuras embestidas de Washington hacia la OTAN o la pasarela comercial transatlántica, con amenazas arancelarias que motiven una venta masiva de bonos americanos por parte de inversores e instituciones del Viejo Continente.
Algunos analistas han recordado la frase del secretario del Tesoro, John Connally, quien, en 1971, dijo que el dólar americano “es nuestra moneda, pero es vuestro problema”.
Contagio al Extremo Oriente
Japón también sufre las secuelas. La inflación persistente, el alejamiento de los tipos de interés cercanos a cero y una agenda fiscal expansiva han volatilizado los parqués financieros nipones, que mantienen unos 5 billones de dólares invertidos en el exterior, y disparado el rendimiento de sus bonos soberanos a largo plazo. Los contactos entre la Fed de Nueva York y entidades financieras niponas dieron alas a los inversores para intuir una acción concertada entre los dos bancos centrales para contener la caída libre de ambas divisas.
La defensa del yen podría provocar ventas de reservas, incluidos bonos del Tesoro, y trasladar el pánico inversor al mercado de bonos americanos, donde ya existe sensibilización ante cualquier señal contradictoria sobre la divisa de referencia del comercio y las reservas internacionales.
El oro vuelve a ser el termómetro del riesgo
Según Carsten Menke, de Julius Baer, “el comercio de la devaluación está en auge” debido a la debilidad del dólar, lo que eleva la sensibilidad del oro, la plata y otros activos a las fluctuaciones del billete verde. En su opinión, los inversores no reaccionan ni a un retroceso real, ni al riesgo de una erosión estructural de su valor en un contexto de incertidumbre política.
Estos movimientos telúricos, que han contagiado a la plata y metales como el cobre, recogen réplicas sísmicas como el temor a otro cierre del Gobierno federal, la sucesión de Jerome Powell al frente de la Reserva Federal o las tensiones con aliados de la OTAN, lo que refuerza la venta de bonos del Tesoro americano desde Europa y Japón, o la idea de impulsar un euro como divisa anti-dólar.
Las ‘big tech’ añaden dudas sobre la IA y reactivan los expedientes de desempleo
Amazon inició la semana con el anuncio de recorte de 16.000 empleos. La ola de despidos por la competencia interna de la IA en las grandes tecnológicas para eliminar burocracia manda una señal de que la carrera por la IA está empujando a las big tech hacia modelos menos intensivos en capital humano.
ASML eliminará 1.700 puestos centrados en gestión. Meta, Pinterest o Autodesk también recortan empleo para reasignar recursos hacia inversiones en IA, al igual que Samsung. Wall Street empieza a ver el gasto billonario en algoritmos y computación cuántica no solo como motor de crecimiento, sino como riesgo financiero.
Los inversores comienzan a cuestionar si los generosos proyectos en IA servirán para acelerar la productividad y crear mayores retornos de beneficios.
Meta se ha convertido en el nuevo estandarte de la inversión innovadora con unos desembolsos de capital de hasta 135.000 millones de dólares con los que arrastrará a toda su cadena industrial en una escalada que redefine sus prioridades estratégicas y tensiona el negocio de los chips.
Samsung, SK Hynix y ASML capitalizan el apetito por la IA en este segmento productivo con beneficios récord, pese al peligro de un creciente desequilibrio entre oferta y demanda que amenaza a sectores clásicos como la electrónica de consumo o la automoción.
Microsoft y Tesla tendrán que dar más explicaciones en futuros trimestres. A la espera de que se desvelen las hojas de ruta de 2026 de Apple y Nvidia, la IA no tendrá en el futuro inmediato la confianza del ejercicio pasado.
‘Stablecoin’, otro foco de disrupción
La Ley Genius americana ha sido el detonador de un viraje monetario aún por cuantificar. La gran banca de inversión americana ya dispone de prototipos de pagos con sus propias divisas digitales, con tecnología blockchain y vinculación al dólar.
Gillian Tett, de Financial Times, afirma que es un arma geopolítica y financiera para la Casa Blanca. La idea de Trump es “extender el uso global de activos digitales denominados en dólares, lo que ayudaría a sostener la demanda de deuda pública estadounidense y, con ello, a financiar déficits crecientes”.
El temor es compartido por el FMI, la OCDE y el Banco Internacional de Pagos, que cuestionan la capacidad de las stablecoins para velar por la estabilidad, la integridad y el funcionamiento de la arquitectura financiera global. EEUU está dispuesto a avanzar rápido para romper cosas, por lo que Europa debe resistir, reforzar su soberanía monetaria y apostar por unas stablecoins propias y estrictamente reguladas bajo las directrices del BCE y con el euro electrónico como mástil monetario.













