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La batalla por la memoria: el revisionismo histórico del franquismo en auge
El auge del revisionismo histórico, impulsado por la ultraderecha, busca desacreditar consensos establecidos sobre la Guerra Civil y el franquismo, un fenómeno que se entrelaza con la creciente desconfianza hacia las voces de autoridad y el conocimiento científico.
El negacionismo en auge
Historiadores como Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea, observan con preocupación cómo se niegan hechos incuestionables sobre la represión franquista, respaldados por rigurosas investigaciones. Este negacionismo, promovido por figuras de la ultraderecha, se manifiesta en la omisión del golpe de Estado y la violencia del régimen, equiparando la República a la dictadura.
Casanova, quien ha dedicado su carrera al estudio de la Guerra Civil y el franquismo, lamenta el creciente “desprecio por el conocimiento” y reivindica la importancia de la investigación rigurosa basada en fuentes y archivos.
El pasado en disputa
Este revisionismo reproduce los postulados de figuras como Pío Moa, cuyas obras difunden una visión de la Guerra Civil que exculpa al franquismo y culpa a la izquierda, una narrativa similar a la que se construyó durante la dictadura. Sus tesis, ahora enarboladas por la extrema derecha, encuentran eco en un sector de la población que valora positivamente el régimen franquista.
David Alegre, historiador de la Universitat Autònoma de Barcelona, señala que el conocimiento del pasado es un “objeto en disputa” utilizado para construir posiciones de poder. Por ello, se intenta desacreditar a los historiadores que trabajan con rigurosidad y que han llegado a consensos sobre los hechos.
Rigurosidad frente a manipulación
Ángela Cenarro, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, destaca la importancia del “acopio y la crítica de fuentes” y el trabajo de archivo para una investigación solvente. Asimismo, subraya la necesidad de contrastar los hallazgos con otros colegas en congresos nacionales e internacionales, donde se plantean divergencias y se alcanzan consensos mayoritarios.
Gutmaro Gómez Bravo, historiador de la Universidad Complutense de Madrid, recuerda que entre esos consensos se encuentra el hecho de que la Guerra Civil fue producto del golpe de Estado franquista y que la represión franquista alcanzó al menos los 100.000 ejecutados en la Guerra Civil y otros 50.000 hasta 1946.
Paul Preston, hispanista de renombre, reivindica el papel del rigor científico en la investigación y señala hechos incuestionables como la escala de la represión franquista, el bombardeo de Gernika y los intentos de Franco de aliarse con Hitler.
Debate y nuevas perspectivas
Los especialistas coinciden en que la existencia de consensos no implica la ausencia de debate en la historiografía. De hecho, la discusión basada en nuevas fuentes y enfoques metodológicos rigurosos es una de sus fortalezas.
En este sentido, se señalan “líneas de investigación emergentes” que aportan nuevas generaciones de historiadores y hallazgos que hacen evolucionar el conocimiento.
Finalmente, Casanova destaca que los documentos del pasado llegan al presente “condicionados” por los debates de la actualidad y por las circunstancias del historiador. Sin embargo, distingue entre el debate historiográfico basado en la investigación y la “propaganda a base de mentiras”.













