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La Torre de la Creu: Más allá de la “Casa de los Huevos” de Gaudí
Cinco cilindros blancos se alzan en aparente desorden, coronados por cúpulas redondeadas que evocan huevos gigantes. Esta peculiar construcción, conocida popularmente como la “Casa de los Huevos”, es en realidad la Torre de la Creu, una joya del modernismo catalán a menudo ignorada por los barceloneses.
Si bien muchos la asocian con Antoni Gaudí, el verdadero autor es Josep Maria Jujol, uno de sus discípulos más brillantes y un creador con un estilo propio, radicalmente libre e inclasificable.
Un discípulo que superó al maestro
Jujol colaboró estrechamente con Gaudí en obras emblemáticas, aportando su talento en la forja, la cerámica y el trencadís. Su influencia es evidente en detalles que hoy consideramos esenciales del universo gaudiniano.
Sin embargo, Jujol no se conformó con ser la sombra del maestro, sino que desarrolló un lenguaje personal, más expresivo y arriesgado, aunque quizás menos reconocido.
La Torre de la Creu, construida entre 1913 y 1916 en Sant Joan Despí, es un claro ejemplo de esta emancipación creativa. El encargo provino de su tía, Josefa Romeu i Grau, quien deseaba dos casas de veraneo y le concedió a Jujol total libertad creativa.
Arquitectura sin restricciones
El diseño desafía toda convención. No hay fachadas tradicionales ni una distribución clásica. El edificio se organiza en torno a cinco cilindros de planta circular: tres forman el cuerpo principal y dos albergan las escaleras de caracol que conducen a los distintos niveles y miradores. Predominan las curvas, los volúmenes y la continuidad.
Esta concepción arquitectónica sitúa la obra entre el modernismo y un expresionismo adelantado a su tiempo. La inspiración natural es innegable, al igual que la voluntad de experimentar con el espacio y la percepción.
El origen de los “huevos” en el tejado
El elemento más llamativo son las cúpulas que coronan el edificio, responsables de su apodo popular. Originalmente recubiertas de trencadís de vidrio, fueron sustituidas por cerámica de colores en una reforma posterior a cargo de Tecla Jujol, hija del arquitecto.
Este cambio acentúa la sensación orgánica del edificio, como si hubiera crecido de forma natural.
Más allá de lo visual, estas cúpulas refuerzan la idea central en la obra de Jujol: la arquitectura como un organismo vivo, imperfecto y en constante diálogo con la naturaleza.
Un tesoro protegido, pero desconocido
La Torre de la Creu ha sido declarada Bien Cultural de Interés Nacional, lo que asegura su protección. Sin embargo, sigue siendo una desconocida fuera de los círculos especializados.
Tal vez su ubicación fuera del centro de Barcelona o su dificultad para encajar en el relato turístico tradicional del modernismo contribuyan a este desconocimiento.
A pesar de ello, es una pieza fundamental para comprender el alcance del modernismo cuando se libera de academicismos y se entrega a la imaginación.
Sant Joan Despí alberga otras obras destacadas de Jujol, como Can Negre, la Torre Jujol y diversas viviendas singulares que forman parte del llamado Itinerario Jujol.
Este recorrido demuestra que, en ocasiones, las obras más audaces se encuentran en los márgenes del mapa y de la memoria colectiva, y no en las avenidas principales.
La “Casa de los Huevos” es más que una rareza arquitectónica. Es un recordatorio de que el modernismo fue un terreno fértil para la experimentación, y Jujol supo llevarlo hasta sus últimas consecuencias.













