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¿Tu gato te manipula? La ciencia explica cómo lo hacen
Quienes conviven con un gato a menudo sienten que la relación no es del todo simétrica. Los felinos deciden cuándo hay caricias, comida, juego y cuándo no. Más allá del carácter independiente atribuido a los gatos durante siglos, la ciencia comienza a revelar que los felinos domésticos no solo entienden a los humanos, sino que han aprendido a influir en su comportamiento de forma estratégica.
Estos animales han desarrollado habilidades sociales específicas para convivir con personas, adaptando su conducta e incluso su voz según quién tengan delante y qué quieran conseguir.
Maullidos, afecto y manipulación selectiva
Una investigación de la Universidad de Cornell analizó cómo los gatos emplean distintos tipos de maullidos según el contexto y el interlocutor humano. El estudio reveló que los gatos no maúllan entre ellos como lo hacen con las personas, sino que han aprendido qué sonidos provocan una respuesta concreta en sus dueños: comida, atención o acceso a determinados espacios.
El maullido doméstico sería, por lo tanto, una herramienta aprendida y refinada durante miles de años de convivencia con humanos. Los sonidos agudos, intermitentes o con frecuencias similares al llanto de un bebé generan una reacción automática en nuestro cerebro. Pero la influencia felina no se limita a la voz.
Un estudio de la Universidad de Viena apunta a diferencias claras en cómo los gatos interactúan con hombres y mujeres. Los gatos tienden a buscar más contacto emocional y afectivo con mujeres, mientras que con los hombres emplean con mayor frecuencia conductas instrumentales, orientadas a obtener recursos como comida o acceso a espacios.
Los investigadores sugieren que esto podría deberse a diferencias en el tono de voz, el lenguaje corporal, la constancia en las rutinas y la forma de responder a las demandas del animal. En otras palabras, el gato evalúa rápidamente quién es más eficaz para cada objetivo y actúa en consecuencia.
¿Manipulación o adaptación evolutiva?
Hablar de “manipulación” no implica malicia. Desde el punto de vista etológico, se trata de una adaptación muy exitosa. El gato doméstico ha aprendido a convivir con una especie mucho más grande, imprevisible y dominante, desarrollando estrategias sutiles para asegurar su bienestar sin recurrir a la fuerza ni a la jerarquía.
Este comportamiento revela una alta capacidad de aprendizaje social. Los gatos observan, prueban respuestas y repiten aquellas que funcionan. Si un maullido concreto consigue comida con una persona y no con otra, el mensaje se ajusta. Si el roce provoca caricias en alguien concreto, se intensifica con esa persona.
Lejos de ser animales fríos o desinteresados, los gatos parecen minuciosos lectores del comportamiento humano, capaces de modular su conducta para maximizar beneficios emocionales o materiales.
Así que la próxima vez que tu gato te mire fijamente antes de maullar, o cambie su actitud según quién esté en casa, tal vez esté aplicando, con absoluta precisión, una estrategia perfeccionada durante miles de años de convivencia, contigo como parte esencial del experimento.













