
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Altas Capacidades: Más allá de las notas, el bienestar emocional en el centro
El caso de Victoria, una niña de 10 años, pone de manifiesto que las altas capacidades no siempre se traducen en un expediente académico impecable. Zequi Rodríguez, su madre, relató cómo detectaron esta condición en su hija de forma temprana, alrededor de los dos años, debido a comportamientos emocionales inusuales. La pequeña mostraba ansiedad por separación atípica y una gran excitación ante estímulos auditivos o visuales, dando la impresión de estar “sobrepasada por la estimulación exterior”.
Para muchos padres, el bienestar emocional de sus hijos es primordial. “Realmente lo que nos preocupa a los padres de niños con altas capacidades es su parte emocional”, enfatiza Zequi.
Esta preocupación se deriva de la asincronía, un desajuste entre el desarrollo intelectual y la madurez emocional, que dificulta la gestión de sus propios estados anímicos.
Asincronía y adaptación: Un desafío constante
Esta asincronía puede generar problemas de adaptación, manifestándose en el ámbito escolar con conductas como impulsividad o falta de atención. Zequi explica que estos niños no necesitan “más presión por parte de los adultos, sino básicamente comprensión y afecto”. El diagnóstico de Victoria marcó un punto de inflexión, permitiendo a sus profesores comprender sus reacciones y brindarle el apoyo necesario.
Sin embargo, no todos los casos tienen un final feliz. José Luis Pérez, psicólogo y orientador escolar, advierte que muchos jóvenes con altas capacidades terminan suspendiendo o abandonando los estudios.
Para explicarlo, recurre a una cita de Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Según Pérez, el problema surge cuando el entorno escolar no es suficientemente motivador y no logra activar todo el potencial del alumno.
Pérez también hace referencia a una frase de Elon Musk para ilustrar la carga que puede implicar una inteligencia superior: “No saben lo que es vivir con mi cerebro”. Esta capacidad de anticipar lo negativo puede convertirse en una “pequeñita maldición de la inteligencia”, obligándolos a estar siempre alerta y a la defensiva, lo que dificulta sus relaciones sociales.
Oviedo lidera una iniciativa pionera
Con el objetivo de abordar esta realidad, el Ayuntamiento de Oviedo ha implementado un programa innovador. Esta iniciativa, promovida desde la concejalía de Educación, busca ofrecer un enfoque integral que considere las altas capacidades no solo desde la perspectiva escolar, sino también desde el desarrollo emocional, psicomotriz y sensitivo.
Pérez subraya que las personas con alta capacidad “reciben muchísima más cantidad de estimulación del medio y procesan más finamente la información”.
El psicólogo califica la iniciativa como “algo increíble”, ya que se dirige a un colectivo que representa el 10 por ciento de la población escolar. “Nunca nos hemos encontrado en ninguna parte del mundo una iniciativa similar por parte de un ayuntamiento”, celebra José Luis Pérez, destacando la oportunidad de comprender mejor la casuística de estos estudiantes.













