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Adiós a los Pandas: Japón se Despide con Emoción de Xiao Xiao y Lei Lei
Miles de personas en Tokio se congregaron frente al zoológico de Ueno para despedir, entre lágrimas, a los pandas gigantes Xiao Xiao y Lei Lei, antes de su regreso a China. Esta muestra de afecto reflejó la profunda conexión emocional que los japoneses han desarrollado con estos animales a lo largo de los años.
Xiao Xiao y Lei Lei, gemelos nacidos en 2021 en el zoológico de Tokio, eran los últimos pandas gigantes en Japón. Su partida marca el fin de una era de más de cincuenta años en la que el país ha contado con estos emblemáticos animales, desde la llegada de la primera pareja en 1972.
En el último día de exhibición, los afortunados ganadores de un sorteo organizado por el zoológico tuvieron la oportunidad de ver a los pandas por última vez. Otros se reunieron fuera para despedirse a distancia, portando peluches e imágenes que evocaban recuerdos familiares y de infancia.
Machiko Seki, una visitante habitual, compartió con medios japoneses que asistir a ver a los pandas era como despedirse de alguien cercano. En redes sociales, otros expresaron que sentían que “una parte de su corazón se iba con ellos”.
El Vínculo Emocional entre Humanos y Animales
Las lágrimas derramadas en la despedida de los pandas no solo reflejan la ternura que despiertan estos animales, sino un vínculo emocional real que ha sido objeto de estudio científico. Investigaciones sugieren que los humanos pueden desarrollar un apego hacia animales con los que no conviven directamente, especialmente cuando forman parte de su entorno cotidiano y memoria emocional colectiva.
El contacto repetido, aunque sea visual y simbólico, favorece relaciones emocionales estables basadas en la empatía, familiaridad y asociaciones positivas. En el caso de los pandas, presentes durante décadas en zoológicos y medios de comunicación, este vínculo se refuerza con la percepción de fragilidad y cuidado compartido.
La neurociencia respalda esta conexión. Los mismos circuitos emocionales implicados en las relaciones afectivas se activan cuando las personas interactúan o se identifican con animales carismáticos. La despedida de los pandas se vive como una pérdida simbólica, similar a la de un referente emocional.
Además, estudios poblacionales sugieren que la presencia de animales se asocia con una mayor sensación de bienestar y estabilidad emocional, incluso sin una relación íntima o doméstica. La retirada de estos animales del entorno cotidiano puede generar una sensación colectiva de vacío difícil de razonar, pero comprensible desde el punto de vista psicológico.
En la intersección de la ciencia y la emoción se explica por qué miles de personas acudieron a despedirse de los pandas: no solo se marchaban unos animales, sino una parte compartida de la vida diaria y de la memoria emocional de varias generaciones.
El regreso de los pandas a China coincide con un momento sensible en las relaciones entre Tokio y Pekín, lo que ha añadido una lectura política a la despedida. Aunque el traslado estaba previsto, se ha interpretado a la luz de la llamada *panda diplomacy*, una estrategia de poder blando con la que China ha utilizado históricamente a estos animales como símbolo de amistad y cooperación internacional.
Más allá del debate diplomático, la reacción ciudadana refleja que no se trataba solo de animales en un zoológico, sino de un vínculo emocional y cultural que conectó a generaciones y tendió un puente simbólico entre dos países.













