Un cuarto de siglo custodiando la nobleza de espíritu en la esgrima

Un cuarto de siglo custodiando la nobleza de espíritu en la esgrima
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Un cuarto de siglo custodiando la nobleza de espíritu en la esgrima

En un mundo dominado por la velocidad y la búsqueda del éxito a cualquier precio, existen oficios que, casi contracorriente, preservan una visión clásica de la civilización. Uno de ellos es el de Jesús Esperanza Fernández, maestro formado en la Academia Española de Maestros de Armas, figura destacada en la esgrima histórica y escénica, y presidente de la Escuela de Esgrima Ateneo. Cumple 25 años dedicándose a algo más delicado que el acero: la nobleza de espíritu.

Su escuela no solo enseña a atacar sin ser herido, sino también a reflexionar antes de actuar, a controlarse, a observar y a discernir, algo que hoy en día parece olvidado, la diferencia entre un adversario y un enemigo. Situada en la calle Academia, frente a la Real Academia Española y el Museo del Prado, la escuela se encuentra en un entorno propicio para evocar duelos al amanecer.

En este lugar, Esperanza mantiene un protocolo antiguo y esencial: la disciplina y el respeto al maestro, no como meros formalismos, sino como una pedagogía de la dignidad.

Una vida dedicada a la esgrima

Nacido en Madrid, Jesús Esperanza comenzó a practicar esgrima a los once años, cosechando rápidamente éxitos deportivos: siete veces campeón de España de florete individual, miembro del Equipo Nacional Español en diez Campeonatos del Mundo y en tres Juegos Olímpicos (Moscú 1980, Seúl 1988 y Barcelona 1992), y entrenador del Equipo Nacional de florete entre 2004 y 2013. A los dieciocho años, tras una destacada carrera competitiva, decidió que la esgrima sería su vocación.

Jesús concibe la enseñanza no solo como la transmisión de técnicas, sino también como una responsabilidad ética: enseñar a reflexionar antes de actuar, a respetar al adversario y a mantener el rigor del oficio. Desde el año 2000, también ha desarrollado su propia metodología de esgrima escénica, impartiendo formación a actores y actrices, y diseñando coreografías para teatro, cine y ópera. Su trayectoria ha combinado la tradición deportiva con la exploración histórica y la puesta en escena, consolidándose como un referente en una disciplina que considera la espada tanto una herramienta física como intelectual.

La Escuela de Esgrima Ateneo

Jesús Esperanza describe su escuela como un lugar donde la esgrima se entiende como una herramienta de formación integral, que trabaja tanto el cuerpo como la mente, fomentando la observación, la táctica, la reflexión y el respeto hacia los demás y hacia el maestro.

Esgrima escénica vs.

esgrima deportiva

La principal diferencia entre la esgrima escénica y la deportiva radica en que en la primera no existe un combate real. Todo está medido, memorizado y coreografiado. Sin embargo, esto no la hace menos exigente. Al contrario, requiere lograr que la escena parezca real, con velocidad, veracidad y sentido dramático.

El objetivo no es destacar técnicamente, sino contar una historia a través del lenguaje de la esgrima.

Libros y espíritu en la esgrima

Jesús Esperanza considera que la esgrima se comprende mejor a través de los libros que la han narrado. En su escuela, exhibe una frase de Cervantes que resume la esencia de este oficio: “Cada cual se fabrica su destino; no tiene aquí fortuna parte alguna”. Destaca que lo que la gente ve es la medalla o la escena final, pero lo real es el trabajo invisible que hay detrás.

Entre sus libros más preciados se encuentra un facsímil de 1628 del tratado de Girard Thibault, cuyos grabados ilustran la Verdadera Destreza de forma clara. También lamenta la pérdida de manuscritos de maestros brillantes, como el maestro De la Rosa, quien creó una empuñadura nueva y dejó escrita toda su teoría, pero cuyo manuscrito desapareció.

Jesús también menciona los manuales del honor, como “Lances entre caballeros”, del marqués de Cabriñana, que regulaba los duelos.

Sin embargo, este mundo también desapareció con la creación de la Liga Antiduelista. En la esgrima, todo se reduce al espíritu, y el peor castigo no es perder un asalto, sino ser expulsado por traicionar el respeto y el código. Siempre recuerda a sus alumnos que “no se trata de ganar, sino de cómo se gana”.

La esgrima como herramienta educativa

Jesús Esperanza insiste en que la esgrima se estudia, ya que no basta con ejecutar movimientos. Una coreografía es como un texto corporal: primero se estudia, luego se ensaya y finalmente se interpreta.

Sin este proceso, no hay verdad escénica.

Considera que la esgrima, basada en el respeto absoluto al adversario, tiene un valor casi subversivo en la actualidad. Vivimos en un momento en el que se confunde adversario con enemigo, mientras que en la esgrima el contrario es alguien que piensa distinto, con quien se juega, pero a quien se respeta. Esta distinción se ha perdido en muchos ámbitos de la sociedad actual.

Jesús cree que la esgrima puede enseñar mucho a un mundo dominado por la confrontación verbal y la reacción inmediata. La esgrima obliga a observar antes de actuar, a medir distancia, tiempo y velocidad.

La impulsividad o la falta de reflexión conducen a la derrota. Es una disciplina profundamente táctica que puede aplicarse a la vida.

Como árbitro internacional, ha presenciado situaciones en las que se perdía el espíritu deportivo, como en un asalto entre Egipto e Israel, donde tuvo que amenazar con expulsar a ambos equipos para calmar la tensión. La norma existe precisamente para preservar ese respeto.

El valor del trabajo silencioso

Jesús Esperanza reconoce que el duelo histórico implicaba responsabilidad personal y consecuencias, algo que en parte se ha perdido en la actualidad. Hoy en día se agrede verbalmente sin asumir responsabilidades.

En la esgrima, cada acción tiene un coste, lo que educa.

En un mundo donde prima la imagen sobre el contenido, Jesús defiende el valor del trabajo silencioso con disciplina y constancia. El espectador ve la medalla o la escena final, pero detrás hay años de trabajo invisible, esfuerzo, renuncias y elecciones vitales.

Esgrima escénica: colaboración con grandes nombres

Jesús Esperanza ha trabajado con grandes nombres del teatro, la ópera y el cine, como Andrés Lima, Miguel del Arco, Tomaz Pandur y Helena Pimenta. Guarda recuerdos especiales de “Hamlet”, con Blanca Portillo, dirigido por Tomaz Pandur, y de trabajos en cine como “La dama boba”, con José Coronado, y “Alatriste”, donde colaboró en la preparación de secuencias de esgrima histórica. Cada montaje es un aprendizaje.

Aunque ha estado sobre el escenario, prefiere estar detrás, preparando y dirigiendo.

Se siente más cómodo haciendo de sí mismo, con espada en mano, que interpretando un texto.

Considera que Alatriste es un adversario respetable, incluso en enfrentamientos a muerte. Arturo Pérez-Reverte refleja muy bien este respeto en sus novelas.

El futuro de la esgrima

Jesús Esperanza reconoce que la esgrima nunca será un deporte de masas, ya que es poco televisiva y muy técnica. Sin embargo, tiene futuro como disciplina formativa, cultural y artística. Quien se acerca a la esgrima suele quedarse, porque es profundamente enriquecedora.

Si la esgrima es una escuela ética además de física, los valores que debería devolver a la sociedad son el respeto, el autocontrol y la escucha.

Respetar al adversario, al maestro y a quien piensa distinto es fundamental y se está perdiendo.

Después de 25 años, Jesús Esperanza afirma que volvería a elegir este camino sin dudarlo. Lo haría exactamente igual.