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LA ATLÁNTIDA: ¿MITO PLATÓNICO O REALIDAD HISTÓRICA?
Platón describió la Atlántida como una isla inmensa, “mayor que Libia y Asia juntas”, rodeada de anillos de tierra y mar, ubicada más allá del mundo conocido. Según sus relatos, Atlas fue su primer rey, dando nombre a la isla y al océano Atlántico. La ciudad capital estaba protegida por una muralla de oro macizo y adornada con edificios revestidos de oricalco, incluyendo un templo a Poseidón decorado con plata y marfil.
El filósofo griego afirmaba que los atlantes eran la civilización más avanzada, próspera y poderosa de su tiempo. Gobernados por una confederación de reyes, extendieron su dominio hasta Egipto e Italia, intentando incluso invadir Atenas.
Sin embargo, los atenienses repelieron el ataque, liberando a los territorios sometidos. Un violento terremoto y un diluvio, según la leyenda, sellaron el destino de la Atlántida, sumergiéndola para siempre bajo las olas.
Una búsqueda milenaria
Desde que Platón narró la guerra entre la antigua Atenas y la civilización atlante en sus diálogos ‘Timeo’ y ‘Critias’, hace casi 2.600 años, muchos han creído en la historicidad de la Atlántida. Innumerables “atlantólogos” han situado la isla en diversos puntos del planeta, desde el siglo VI d.C. hasta la actualidad.
El arqueólogo Ignacio Rodríguez Temiño, autor de ‘Hallar la Atlántida’, señala que la isla ha sido ubicada en localizaciones bajo el océano Atlántico o el mar Mediterráneo, hundida en lagunas de Andalucía o el norte de África, bajo tierra en casi cualquier continente, sepultada bajo el hielo de la Antártida e incluso en el espacio.
Rodríguez Temiño se interesó por la pseudoarqueología al investigar falsificaciones.
Su libro, subtitulado ‘Historia crítica de quienes la buscan porque ignoran que fue una invención’, surge ante el auge de publicaciones y reportajes que sitúan la Atlántida entre la desembocadura del Guadalquivir y las islas de Madeira y Cabo Verde. Este auge, según él, se debe al impacto de documentales como ‘En busca de la Atlántida’ y ‘El resurgir de la Atlántida’ de National Geographic.
Crítica a la pseudoarqueología
Rodríguez Temiño considera preocupante la divulgación masiva de escritos y documentales que desinforman sobre el pasado y que contienen elementos racistas inherentes a narrativas pseudoarqueológicas.
El arqueólogo advierte sobre cursos con apoyo universitario y editorial que, con contenido pseudocientífico, consolidan la imagen de los atlantólogos como académicos, aunque excepcionalmente haya quienes aporten visiones solventes sobre filología clásica, geología o arqueología relacionadas con el relato de la Atlántida.
Convencido de que la pseudoarqueología es un problema grave, Rodríguez Temiño se propuso sacar a la luz los errores y falacias de los atlantólogos. Afirma que “a Platón hay que leerlo sabiendo interpretarlo” y que la Atlántida “estuvo en la cabeza de Platón”, siendo una alegoría para criticar la Atenas de su tiempo. Lo importante no es la descripción de la civilización, sino cómo una Atenas primigenia venció a una potencia extranjera ambiciosa.
Beneficios de la leyenda
Rodríguez Temiño repasa lo que dijo Platón, por qué lo dijo, qué se pensaba en la Antigüedad sobre la Atlántida y cómo ha evolucionado la atlantología hasta hoy.
Asegura que la búsqueda de la Atlántida no ha aportado nada al conocimiento del pasado, pero sí beneficios económicos a algunos, como Graham Hancock, que vive de relatos sobre civilizaciones perdidas.
El autor critica la escasa presencia de mujeres entre los atlantólogos y la presencia de científicos reputados en otras áreas que demuestran “cierto menosprecio” por el saber histórico. Considera que algunos astrofísicos o geólogos creen poder resolver el “misterio” de la Atlántida sin considerar lo escrito sobre Platón.
La Atlántida y Tarteso
Existe un acuerdo casi unánime entre los estudiosos de que Platón ubicó la Atlántida “más allá de las columnas de Hércules” para evitar cualquier comprobación, fechando su hundimiento 9.000 años antes de Solón. Sin embargo, muchos han relacionado a los atlantes con Tarteso, buscando sus restos en el sureste peninsular.
La arqueóloga Esther Rodríguez califica la vinculación entre Tarteso y la Atlántida como una leyenda alimentada desde que el arqueólogo alemán Adolf Schulten la creó por su frustración al no encontrar la ciudad de Tarteso. Tanto ella como Sebastián Celestino lamentan que la pseudociencia confunda a la gente.
En 2004, unas supuestas anomalías circulares en el Parque Nacional de Doñana impulsaron al CSIC a realizar prospecciones arqueológicas.
Rainer W. Khüne y Werner Wickboldt afirmaban que eran restos de la Atlántida, pero el equipo de Celestino comprobó que eran estructuras medievales.
Rodríguez Temiño ofrece en su libro las claves para detectar la ‘lingua franca’ de los atlantólogos, como su falta de conocimientos sobre cultura clásica, su pretensión de ser científicos sin serlo, el uso de falacias, el centrarse en un solo dato de la leyenda y el alentar teorías conspiracionistas.













