¿Podemos convivir con quienes piensan diferente? Un debate reavivado en España

¿Podemos convivir con quienes piensan diferente? Un debate reavivado en España
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¿Podemos convivir con quienes piensan diferente? Un debate reavivado en España

El debate sobre la convivencia con personas que sostienen ideas diferentes ha resurgido con fuerza en la opinión pública española. Dos hechos recientes han encendido la controversia: la negativa del ganador del premio Nadal, David Uclés, a participar en un evento sobre la Guerra Civil junto a figuras como José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, y las declaraciones de la eurodiputada de Podemos, Irene Montero, instando a “barrer de fachas y de racistas este país”.

Límites de la inclusión en el debate público

El profesor de Ética Ricardo Calleja analizó este complejo panorama en el programa ‘Herrera en COPE’, en el espacio ‘Laboratorio de ideas’. Ante la pregunta de si es aceptable excluir a personas o ideas del debate público, Calleja señaló que la política existe precisamente porque “hemos excluido el genocidio o el exterminio”. No obstante, aclaró que en la esfera pública “siempre se excluye gente”.

Mencionó el ejemplo de las “democracias militantes”, como la alemana, que imponen “una restricción al rango de ideas” que se pueden defender.

Si bien España no se ha configurado constitucionalmente de esta manera, se han dado pasos en esa dirección, como la Ley de Partidos, destinada a “evitar la apología del terrorismo”.

Calleja argumenta que determinar qué ideas no deben tener cabida en la vida pública es una “cuestión de prudencia, de ponderación”, donde no existen reglas infalibles. “En estas decisiones políticas que son prudenciales nos podemos equivocar”, admitió, reconociendo la dificultad de acertar siempre. Lo primordial, según el profesor, es exigir que se “respeten las reglas del juego” y no se promueva la alteración del orden público por medios ilegales.

El riesgo del “blanqueamiento” y la importancia del diálogo

Jorge Bustos planteó el frecuente uso del término “blanqueamiento” para acusar a quienes dialogan con personas de ideas opuestas. Para Calleja, “dialogar con alguien no es darle la razón”, pero sí implica “darle carta de ciudadanía a esas ideas”, considerarlas “al menos razonables”.

Recordó la frase de Aristóteles sobre que quien defiende pegar a su madre “no merece un argumento, sino una azotaina”, aplicándola al ámbito educativo, pero defendió que en la esfera pública es preferible “escenificar la posibilidad del encuentro”, aunque parezca imposible.

Claves para superar la polarización

Como receta para salir de la espiral de desencuentros, el profesor de Ética propuso varias claves. En primer lugar, “practicar esto de escuchar, de dialogar, de encontrarse” en el ámbito público por su “efecto de ejemplaridad”. En segundo lugar, destacó que “el mejor modo de defender la libertad es usarla”, animando a expresar las propias ideas en lugar de plegarse a la mayoría o callar por miedo a molestar.

El “poder civilizador de la patada en la espinilla”

Por último, Calleja introdujo un concepto más controvertido: “el poder civilizador de la patada en la espinilla”. Explicó esta idea con una analogía del fútbol sin árbitro: “para que no haya violencia en un partido de fútbol, hay que responder un poco a los empujones” para “ponerle un coste a romper las reglas de juego común”.

Según él, quienes crispan el debate deben notar que sus acciones tienen consecuencias, no como una amenaza, sino como parte de un juego con reglas iguales para todos.