
Eran alrededor de la una y media de la madrugada del pasado día 30 de enero cuando la calma de la noche en El Puerto se vio interrumpida por un grito que es desesperado.
Un hombre, visiblemente nervioso, se acercó corriendo a una dotación de la Policía Nacional que estaba patrullando por la zona, pidió auxilio urgente, su amiga estaba a punto de dar a luz en su domicilio y no había nada de tiempo que perder.
Lo que comenzó como una noche rutinaria de servicio para los agentes de la Comisaría de El Puerto de Santa María – Puerto Real terminó siendo una intervención que mezcla humanidad, rapidez y profesionalidad.
Los policías nacionales, guiados por su instinto y por la urgencia de la situación, siguieron al hombre hasta la vivienda que le indicaba. Al entrar, encontraron a la mujer que estaba tumbada en el suelo, presa de un dolor intenso y con síntomas evidentes de un parto inminente.
En cuestión de segundos, los agentes transformaron una habitación doméstica que fue improvisada a modo de sala de partos. La mujer lloraba, los nervios se apoderaban del entorno, pero la serenidad de los funcionarios se impuso el orden necesario.
Mientras uno de ellos se mantenía en contacto con los servicios sanitarios mediante una emisora, otros dos se preparaban a fin de poder asistir el nacimiento, colocándose guantes de nitrilo y tomando todas las precauciones oportunas posibles para garantizar la higiene.
Desde el otro lado del dispositivo, los sanitarios ofrecían las pertinentes instrucciones, las más precisas a fin de poder comprobar la respiración, controlar la posición de la parturienta y mantener la calma.
A las 01:43 horas, apenas ocho minutos después de iniciarse la intervención, el milagro se hizo realidad. El bebé nació con un pulso estable y comenzó a llorar tras limpiar sus vías respiratorias, un sonido de esperanza que llenó la estancia de alivio y emoción.
Los agentes de la Policía Nacional colocaron al recién nacido sobre el pecho de su madre, aplicando el protocolo de contacto “piel con piel” recomendado por los profesionales sanitarios, y los cubrieron con toallas a fin de preservar el calor corporal y que no cogiera frío.
Minutos después, la llegada del Dispositivo de Cuidados Críticos y Urgencias (DCCU) confirmó que tanto la madre como el bebé estaban en perfecto estado.
Los sanitarios elogiaron la actuación policial, destacando la precisión con la que los agentes habían seguido sus instrucciones médicas así como de la tranquilidad que habían sabido transmitir en un momento tan crítico.
La familia, entre lágrimas, agradeció enormemente el gesto y la profesionalidad que había permitido que el parto se desarrollara sin complicaciones.
El recién nacido y su madre fueron trasladados rápidamente al Hospital Santa María del Puerto, en el que permanecieron bajo observación y recibieron el alta en buen estado horas más tarde.
Desde la Comisaría de El Puerto de Santa María – Puerto Real, se ha puesto en valor la intervención de los agentes, destacando la gran importancia de la formación en primeros auxilios y en atención de emergencias no policiales, una capacitación que, en este caso, resultó determinante.
Policía Nacional convertidos en sanitarios
Fuentes policiales destacan que este tipo de actuaciones, que si bien son poco frecuentes, forman parte del compromiso de servicio público que caracteriza a la Policía Nacional.
“No se trata solo de mantener el orden, sino de estar presentes cuando la ciudadanía más lo necesita, incluso en momentos tan delicados como el nacimiento de un niño” se ha indicado sobre esta acción.
La historia es profundamente humana como la de unos agentes convertidos, por unos minutos, en improvisados sanitarios y testigos de excepción del inicio de una nueva vida.
En una noche que pudo ser una más, la vocación de servicio así como la coordinación entre cuerpos demostraron, una vez más, que la seguridad también se construye desde la empatía, la rapidez y el compromiso con los demás.
En El Puerto, aquella madrugada, las sirenas no anunciaron una emergencia en este caso fue el primer llanto de un recién nacido que llegó al mundo gracias al temple y la entrega de quienes velan cada día por todos.













