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Un viaje en el tiempo al imponente castillo de origen árabe en Trujillo, Extremadura
Elevada sobre un montículo rocoso en la provincia de Cáceres, Extremadura, se alza la ciudad de Trujillo, hogar de una fortaleza defensiva de origen árabe. Construida en el siglo IX sobre el cerro Cabeza de Zorro, a más de 500 metros de altura, este recinto amurallado es testigo de los cambios históricos de la región y refleja la importancia de Trujillo a lo largo de los siglos.
Desde 2024, Trujillo forma parte de la Asociación Los Pueblos Más Bonitos de España, un reconocimiento a su rico patrimonio y carácter histórico. Además, la ciudad celebra con fervor tradiciones locales, como el Chíviri y la Semana Santa Trujillana, ambas declaradas de interés turístico regional, que demuestran la vitalidad de la cultura y las costumbres locales en un entorno histórico incomparable.
La ciudad combina un trazado urbano histórico con construcciones defensivas, religiosas y residenciales, que narran su evolución a través de los tiempos. Su ubicación en lo alto de un cerro ha moldeado la disposición de sus calles, plazas y edificios, integrando la planificación urbana con la función estratégica de sus fortificaciones.
El Castillo de Trujillo: un legado de piedra
El Castillo de Trujillo se erigió entre los siglos IX y XII sobre el cerro Cabeza del Zorro, un punto estratégico que permitía el control del territorio circundante. Su construcción inicial respondió a la necesidad de defensa durante la ocupación árabe, y la fortaleza ha sido objeto de continuas modificaciones, adaptándose a los diferentes estilos arquitectónicos y a las exigencias de cada época.
La historia del castillo es un relato de constantes cambios de manos entre musulmanes y cristianos.
La estructura del castillo se compone de murallas construidas en mampostería y sillería, con almenas y torres que reforzaban su función defensiva. Originalmente, la muralla contaba con siete puertas de acceso, de las cuales se conservan cuatro en la actualidad. Dentro del recinto se encuentran dos aljibes árabes, uno de dos naves y otro más amplio, ambos cubiertos con bóvedas de medio cañón, que garantizaban el suministro de agua durante los asedios.
La disposición de torres y murallas evidencia la planificación militar del conjunto y su relevancia política y estratégica durante varios siglos.
Hoy en día, el castillo funciona como un recurso patrimonial que permite observar la evolución de la arquitectura defensiva, desde sus orígenes árabes hasta las adaptaciones realizadas tras la Reconquista. La fortaleza refleja episodios históricos clave de la región y ofrece un recorrido que permite analizar cómo los cambios políticos y militares influyeron en la construcción y modificación de sus elementos, incluyendo torres, murallas y espacios internos destinados a la defensa y la vigilancia.
Trujillo: un patrimonio cultural invaluable
El conjunto urbano de Trujillo está declarado Bien de Interés Cultural desde 1962, un reconocimiento a la relevancia histórica y patrimonial de la ciudad, que contribuye a la preservación de sus edificios y espacios más significativos.
La ciudad conserva un entramado urbano que refleja distintas fases de su historia, con construcciones civiles y religiosas que forman parte del patrimonio local. Entre los edificios señoriales destacan el Palacio de la Cadena, el Palacio de la Conquista, el Palacio de Juan Pizarro Orellana y el Palacio de San Carlos, que dan testimonio de la presencia de familias vinculadas a la administración y la nobleza.
El espacio público más emblemático de la ciudad es la Plaza Mayor, de forma rectangular y diseño renacentista, rodeada en gran parte por soportales. En su centro se alza la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, convirtiendo la plaza en un punto de referencia dentro del casco histórico. La disposición de los edificios y los soportales permite comprender cómo se organizaban los espacios urbanos en los siglos XV y XVI.
En cuanto a la arquitectura religiosa, la ciudad cuenta con tres iglesias parroquiales: San Martín de Tours, Santa María la Mayor y San Francisco, compartiendo parroquia las dos últimas. La iglesia de Santa María la Mayor se construyó sobre un templo románico de finales del siglo XIII, conservando la torre oriental original. La iglesia de San Martín de Tours, situada en la Plaza Mayor, se levantó en el siglo XVI sobre un edificio medieval destruido en la guerra de sucesión castellana, evidenciando la continuidad y adaptación de los espacios religiosos a lo largo del tiempo.













