La Torre de les Aigües del Besòs: De Fracaso Hídrico a Guardián de la Memoria de Barcelona

La Torre de les Aigües del Besòs: De Fracaso Hídrico a Guardián de la Memoria de Barcelona
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La Torre de les Aigües del Besòs: De Fracaso Hídrico a Guardián de la Memoria de Barcelona

En la Plaza de Ramon Calsina, en Barcelona, se alza una imponente estructura de ladrillo de 63 metros: la Torre de les Aigües del Besòs. Lo que una vez fue un ambicioso, pero fallido, proyecto para suministrar agua potable, hoy se erige como un guardián de la memoria colectiva del barrio y sede principal del Arxiu Històric del Poblenou.

Un Mirador con Historia

Tras una rehabilitación integral finalizada en 2014, la torre fue cedida a una asociación de voluntarios dedicada a la investigación, archivo y difusión de documentos históricos. Actualmente, es un mirador con vistas panorámicas de 360 grados sobre el litoral y un centro neurálgico para la cultura local.

Orígenes Ambiciosos

La historia de esta torre se remonta a 1880-1882, cuando el arquitecto Pere Falquès i Urpí recibió el encargo de un proyecto impulsado por el industrial Francisco Javier Camps y Puigmartí. La idea era extraer agua del río Besòs para abastecer a una Barcelona en expansión, combinando funcionalidad técnica con estética modernista.

La construcción, destacada por su planta circular y escalera exterior de bóveda catalana, representaba el sueño de modernidad de un sector industrial que buscaba soluciones hídricas urgentes.

Un Fracaso Técnico

A pesar de su majestuosidad arquitectónica, el proyecto de suministro de agua potable fue efímero. Menos de diez años después de su inauguración, se detectaron filtraciones de agua salada que contaminaron los depósitos. El Ayuntamiento de Barcelona prohibió el servicio de agua de boca en 1890 debido a la persistente salinidad.

Resurgimiento y Nuevos Propósitos

La torre encontró una segunda vida al ser adquirida por diversas sociedades y, finalmente, por la familia Girona Agrafel, que la utilizó para suministrar agua industrial a fundiciones y talleres cercanos. Durante la Guerra Civil, su altura fue aprovechada para instalar baterías antiaéreas. Esta etapa productiva duró hasta 1992, cuando la remodelación urbanística para los Juegos Olímpicos transformó el frente litoral.

Rehabilitación y Reconocimiento

Tras el desmantelamiento del complejo siderúrgico, la torre permaneció abandonada hasta que el Ayuntamiento inició una ambiciosa rehabilitación entre 2010 y 2012. El proyecto, liderado por el arquitecto Antoni Vilanova, recuperó los peldaños y barandillas originales. En 2021, la torre recibió el premio European Heritage Awards por su contribución a la conservación del patrimonio industrial europeo.

El Arxiu Històric del Poblenou: Guardián de la Memoria

El Arxiu Històric del Poblenou, que gestiona el edificio, nació en 1976 gracias a la iniciativa de tres jóvenes estudiantes. Tras pasar por sedes precarias, la asociación se trasladó a la torre en 2021, un acto de justicia histórica que sitúa los archivos en una de las atalayas más significativas del pasado obrero. La entidad funciona de forma altruista, gracias al compromiso de voluntarios.

Dentro de los muros de la torre, se preserva el patrimonio documental, gráfico y oral del distrito, incluyendo más de 19.000 fotografías digitalizadas. Además, se ofrecen servicios de consulta y reproducción de documentos para investigadores, estudiantes y vecinos. El archivo ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, recibiendo consultas de arquitectos y urbanistas atraídos por el fenómeno del 22@.

Vistas Panorámicas y Reflexión Crítica

El archivo destaca por su aplicación cartográfica, que permite un viaje en el tiempo por el urbanismo del barrio, y la revista Icària, que aborda temas municipales y sociales. El patrimonio oral también tiene un lugar reservado, con testimonios sobre la vida en las cárceles de la posguerra y las memorias de los trabajadores textiles.

El Arxiu Històric del Poblenou organiza visitas guiadas semanales a la torre, permitiendo a los ciudadanos subir a la terraza y disfrutar de una panorámica que abarca desde la sierra de Collserola hasta el mar Mediterráneo. Estas rutas muestran la arquitectura y relatan anécdotas sobre Pere Falquès y la vida cotidiana en las fábricas desaparecidas, ofreciendo una reflexión crítica sobre la modernidad.