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NUEVA TEORÍA: ¿LOS TEMPLOS GRIEGOS ERAN BARCOS INVERTIDOS?
Los templos de la antigua Grecia, con sus columnas que desafían el tiempo, siguen fascinando por su precisión y equilibrio. El Partenón en Atenas, el templo de Hefesto y el de Poseidón en Sunión son ejemplos de construcciones que impresionan por su proporción y elegancia.
Estas estructuras no solo deslumbran por su belleza, sino también por representar la cúspide de una forma de construcción que influyó en la arquitectura occidental. Parte de su atractivo reside en la armonía entre forma y medida, así como en el misterio de cómo se levantaron con tal perfección hace más de dos milenios. Esta admiración, sin embargo, convive con un enigma que ha intrigado a los expertos durante generaciones, y que ahora se replantea desde una nueva perspectiva que podría cambiar por completo la historia de estos templos.
¿Templos nacidos de barcos invertidos?
Un estudio publicado en Frontiers of Architectural Research plantea una teoría audaz: los templos griegos son, en realidad, la versión petrificada de antiguos barcos volteados. El investigador J.M. Ciordia sugiere que los marineros de la Grecia arcaica usaron sus naves como refugios al vararlas en tierra y que, con el tiempo, esta práctica inspiró la forma de los templos. Su objetivo es demostrar que esta conexión entre barcos y templos no solo es posible, sino que pudo conservarse en la memoria material de la cultura griega.
La arquitectura helénica ha planteado preguntas sin respuesta durante siglos. El friso con triglifos y metopas parece situado demasiado alto para ser apreciado con claridad. El entablamento resulta más pesado de lo necesario y, en templos tan precisos como el Partenón, las líneas rectas apenas existen. Vitruvio ya intentó explicar la función del entablamento, pero su teoría fue descartada por falta de pruebas. Ciordia retoma estas dudas con una idea que, aunque radical, busca darles una respuesta lógica y verificable.
Refugios Marineros: El Origen de la Idea
El punto de partida de esta hipótesis reside en las palabras. En griego antiguo, naus significa barco y naos, templo. La similitud no es solo sonora: el genitivo de naus es naos, idéntico al nominativo de naos. Según el investigador, esta coincidencia sugiere un origen común. Propone que naos se habría formado a partir de expresiones como ho naos oikos, que significa la casa del barco, usada para designar los arsenales. Con el tiempo, el término habría pasado a significar lo naval y, finalmente, templo. Esta conexión, afirma, se perdió para los lingüistas, pero no para los griegos antiguos.
El autor defiende que la propuesta parte de un problema muy concreto al que se enfrentaban los marineros, quienes pasaban meses fuera de casa y debían proteger las naves de los moluscos que devoraban la madera. Para ello, las volteaban y las apoyaban sobre horquillas, creando un refugio provisional donde podían descansar y mantener seco el interior.
Más tarde, en tierra firme, estas embarcaciones viejas se habrían colocado sobre muros, convirtiéndose en viviendas o salones de reunión. Ejemplos parecidos aparecen en culturas de todo el mundo: los inuit de Alaska, los pescadores de Suecia, los vikingos o los habitantes de la Isla de Pascua usaron barcos invertidos como techos o estructuras domésticas.
Esta comparación etnográfica refuerza el argumento principal. En todos estos casos, las comunidades ligadas al mar transformaron los cascos en espacios de vida. El paralelismo sugiere que los griegos pudieron hacer lo mismo, pero llevándolo más lejos: en lugar de mantener el barco de madera, reprodujeron su forma en piedra. El paso de refugio temporal a edificio sagrado habría sido gradual, a medida que los cascos originales se deterioraban y se sustituían por estructuras permanentes.
Vestigios Navales en la Arquitectura
El análisis arquitectónico ofrece las pruebas más llamativas. Ciordia compara el costado de una galera de cincuenta remeros con el entablamento de los templos dóricos y jónicos. Identifica similitudes que explican elementos antes considerados decorativos. Las metopas representarían los huecos cerrados de los remeros superiores, los triglifos los soportes verticales, y las mutulas, los restos de las piezas que sujetaban los remos. Incluso los adornos superiores, como las volutas o palmetas, se asemejarían a las formas de la espuma del mar. El investigador recuerda que en griego kyma significa tanto ola como voluta, una coincidencia que apunta a su interpretación.
Otro de los puntos clave es la doble columnata. Algunos templos presentan dos entablamentos, uno interior y otro exterior. Según la teoría, esto se explicaría porque los antiguos habrían colocado una nueva nave sobre los muros de una anterior, ya deteriorada. Esta ampliación habría generado la columnata exterior, que originalmente no cumplía ninguna función. El proceso, así, habría quedado fijado como parte del diseño arquitectónico.
Si esta hipótesis se confirma, los templos dejarían de verse como construcciones sin función aparente. Cada pieza tendría sentido dentro de un modelo heredado del mar. El autor sostiene que esta lectura explicaría también la simetría casi perfecta de los templos, derivada de la disposición bilateral de los barcos. Además, ayudaría a entender por qué muchos santuarios se construyeron cerca de la costa. Ciordia anima ahora a arqueólogos, filólogos y expertos en arte a revisar los datos con esta nueva óptica y comprobar si el origen naval de los templos puede confirmarse con más evidencias.













