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Las obras de Aurèlia Muñoz y Sonia Navarro, aunque distintas en su enfoque, convergen en una idea compartida. Muñoz exploró lo místico, mientras que Navarro se centró en la posibilidad y la imposibilidad del movimiento. Muñoz se inspiró en el ‘Tapiz de la Creación’ de la Catedral de Gerona, y Navarro en Sonia Delaunay, creando un puente temporal entre ambas artistas.
Ambas artistas comparten una inclinación hacia la artesanía, rechazando la producción industrial. Transforman la materia en un campo de investigación y reivindican sus propias tradiciones.
Sus obras, como los pilares de Venecia, sostienen posiciones sólidas. A pesar de su importancia, la obra de Muñoz fue poco visible en España durante décadas. El trabajo de Navarro se desarrolla cronológicamente durante la segunda parte de la vida de Muñoz, cuyo centenario se celebra este año, trazando una sucesión mágica de formas.
La revisión de la Historia del Arte
La Historia del Arte, tradicionalmente, ha priorizado la pintura, la escultura y la arquitectura, relegando la artesanía a un segundo plano. Sin embargo, es necesario revisar esta perspectiva, especialmente a la luz de los acontecimientos de las últimas dos décadas.
El concepto del dibujo como origen de todo permite conectar la visión tradicional con el trabajo de Muñoz y Navarro. En el caso de Muñoz, el libro se convierte en un objeto casi escultórico, mientras que Navarro construye desde el dibujo, recurriendo al patronaje, desafiando así la narrativa convencional de la Historia del Arte.
Mientras que las revoluciones en la pintura han sido escasas y graduales en el último siglo, la artesanía se ha erigido como una fuerza transformadora inesperada. El arte textil ha ganado presencia en ferias, bienales y museos. En 2001, Sonia Navarro presentó su obra en ARCO, anticipando esta tendencia.
En un momento en que la cerámica estaba prohibida en la feria, se apostó por el textil, continuando el camino iniciado por Aurèlia Muñoz medio siglo antes.
Una respuesta a la Historia del Arte tradicional
A pesar de sus diferencias, Muñoz y Navarro están unidas como respuesta a la vieja Historia del Arte, que hoy se considera un objeto de museo. Representan una línea subterránea que emerge desde posiciones marginales, convirtiéndose en un elemento central y necesario. La trama, la urdimbre y el macramé encarnan la belleza del desconcierto, lo inesperado, la centralidad de la mujer, la necesidad de piel y movimiento, la espiritualidad y el mundo.













