
Tampoco es un manual de autoayuda, ni sucursal de la Wikipedia. La autoayuda es lo que, históricamente, identificamos con la consolación mediante el poema o la filosofía, advierte el autor. Como de marketing editorial «la autoayuda es como la automedicación, dañina». Malpartida escribió ‘El mundo como ensayo’ mientras se mudaba de Madrid a El Escorial.
Acuñó un neologismo: « mundanza », el mundo que se transforma: «Mientras llegaba el momento de habitar la nueva casa, este libro fue una casa simbólica», apunta.Autores predilectos y otros que no lo son; conceptos filosóficos que nunca se acabarán de resolver; lecturas que marcan de por vida… Entre los predilectos, los ensayos de Montaigne , la obra de Rafael Argullol o Enrique Vila-Matas . «Les daría el premio Cervantes sin pensarlo dos veces», afirma. De los que no lo son, Zygmunt Bauman y Ernesto Sábato . Al padre de la «modernidad líquida» le reprocha su oportunismo comercial.
En 2007 publicó ‘Tiempos líquidos’ con casi la mitad de un libro de 2003, ‘Amor líquido’: «Tratándose de líquidos, podrá decir que se le derramó en este libro la mitad del otro, sin darse cuenta», ironiza. De su trato con Sábato, Malpartida llegó a una conclusión: «Es el escritor más vanidoso que he conocido». La observación da pie a la entrada de «literato» que el ensayista opone al escritor. Al literato le atrae la faceta pública de la escritura, «mientras el escritor verdadero vive una experiencia solitaria que no tiene nada que ver con la vida literaria», matiza.
También existen escritores «verdaderos» que compartan ambas vivencias como Mario Vargas Llosa o Gore Vidal.Noticia Relacionada estandar Si Alfonso de Vilallonga, compositor: «Los socialistas han extendido el ‘procés’ a toda España» Sergi Doria El compositor de la banda sonora de ‘Tres adioses’ de Isabel Coixet presenta en concierto el tema satírico ‘La Progresía Pía’La entrada con más páginas es « soledad ». Para bien o para mal, «una de las experiencias fundamentales del ser humano», subraya. El ensayista distingue la imaginación como motor de cualquier actividad: «Einstein no habría sido Einstein sin una portentosa imaginación. Es una de las más bellas palabras, que, con brevedad o extensión erudita, debe brillar en cualquier diccionario».
En el lado opuesto aflora la estupidez . Malpartida la atribuye a quien, pese a su inteligencia, «actúa con suficiencia, chulería y dogmatismo con resultado necio». Por ejemplo «llamar ‘les niñes ‘ a los niños según ciertas nomenclaturas apresuradas, empleadas con una seguridad pasmosa para designar a aquellos (¿aquelles?) que no se siente ni niños ni niñas». Al hablar de la teoría de género viene a la mente la corrección política y la palabra « cancelación ».
Aunque no la incluyó en su diccionario, Malpartida la señala como «una de las actitudes más peligrosas de nuestro tiempo». Sí que dedica entradas al « nacionalismo » y al «nacionalista». Define lo uno como «meningitis social prolongada con presupuestos del Estado» y al otro: «Hombre o mujer muy pesado o pesada».La ironía recorre este peculiar diccionario que el autor concibió como un juego. Por esa razón, dedica una entrada al título de su obra y los dicterios del Científico, el Filósofo, el Crítico Literario o el Editor, todos en mayúsculas.
Objetivo cumplido: «Aquí todo está sujeto a autocrítica y revisión, sólo hay un poco de sol y un poco de sombra, y ganas de marear, que es, al cabo, el vivir».













