MARUJA MALLO: LA ARTISTA SURREALISTA QUE DESAFIÓ LAS REGLAS Y BRILLÓ EN LA GENERACIÓN DEL 27

MARUJA MALLO: LA ARTISTA SURREALISTA QUE DESAFIÓ LAS REGLAS Y BRILLÓ EN LA GENERACIÓN DEL 27
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MARUJA MALLO: LA ARTISTA SURREALISTA QUE DESAFIÓ LAS REGLAS Y BRILLÓ EN LA GENERACIÓN DEL 27

Este 6 de febrero se conmemoran 31 años del fallecimiento de Maruja Mallo, figura esencial del surrealismo español del siglo XX y miembro destacado de la Generación del 27. Su legado cobra especial relevancia gracias a la exposición “Máscara y compás” en el Museo Reina Sofía, que revisa la trayectoria de esta visionaria, injustamente relegada durante décadas.

Mallo compartió época con figuras como Rafael Alberti, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Rosa Chacel y María Zambrano, destacándose como una creadora singular. Su pintura trascendió fronteras estéticas y conceptuales, fusionando vanguardia, compromiso social y una perspectiva moderna del mundo y el rol de la mujer.

UNA VIDA MARCADA POR LA VANGUARDIA Y EL EXILIO

Ana María Gómez González, nacida en Viveiro (Lugo) en 1902, creció en una familia numerosa marcada por los traslados de su padre, funcionario de aduanas. En 1913, la familia se asentó en Avilés, ciudad crucial en su formación artística, donde realizó su primera exposición. A los 20 años, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, conectando con la vanguardia española y conociendo a Salvador Dalí, quien la introdujo en su círculo junto a Lorca y Buñuel.

Compartiendo un interés por el subconsciente y las corrientes europeas, estos jóvenes vivieron una intensa efervescencia intelectual. Maruja Mallo se convirtió en figura central del grupo “Las Sinsombrero”, símbolo de la rebeldía femenina dentro de la Generación del 27. El acto de quitarse el sombrero en la Puerta del Sol, junto a Margarita Manso, Dalí y Lorca, representó una ruptura con las normas sociales y el rechazo al rol tradicional de la mujer.

“Las Sinsombrero” articularon una cosmovisión femenina colectiva, moderna y profesional, en la que la mujer se presentaba como un sujeto activo de la cultura, sumando a creadoras como Rosario de Velasco, Marga Gil Roësset y María Teresa León, configurando un frente intelectual que cuestionó las bases culturales y sociales de su tiempo.

La Guerra Civil llevó a Maruja Mallo al exilio, instalándose en Argentina, donde desarrolló una etapa creativa prolífica, reflejando en su obra la fascinación por la diversidad y vitalidad del continente, incorporando una mirada más amplia sobre la condición humana y el entorno. En 1961 regresó a España, entonces bajo la dictadura franquista, pasando su vuelta desapercibida.

Tras años de bajo perfil y el olvido de su obra, tras el fin de la dictadura, decidió recuperar su espacio, convirtiéndose en una figura constante en los círculos culturales madrileños, donde su personalidad excéntrica la transformó en un referente para la Movida. Falleció en 1995, tras una década marcada por una fractura de cadera que la inmovilizó.

LA VANGUARDIA Y LA MODERNIDAD EN SU OBRA

La obra de Maruja Mallo se caracterizó por una visión capaz de captar las inquietudes de su tiempo y proyectarlas hacia el futuro. Sus pinturas exploraron la universalidad de las aspiraciones humanas, situando al individuo más allá de las diferencias económicas, raciales o de género, proponiendo una concepción del mundo como un sistema interrelacionado, donde naturaleza, cuerpo y sociedad dialogan constantemente.

Para Mallo, el arte no se limitaba a representar la realidad, sino que actuaba como una herramienta reveladora, capaz de descubrir dimensiones ocultas y cuestionar las certezas establecidas.

Su lenguaje difumina los límites entre lo popular y lo vanguardista, lo estético y lo político. Durante su exilio en Argentina, su obra se enriqueció con la belleza y vitalidad del nuevo continente, consolidando su producción artística como profundamente moderna.