Ojalá Vigorra Rectifique Ante la Belicosidad de Pérez-Reverte

Ojalá Vigorra Rectifique Ante la Belicosidad de Pérez-Reverte
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Ojalá Vigorra Rectifique Ante la Belicosidad de Pérez-Reverte

He evitado escribir esta columna sobre la polémica generada por las jornadas “1936: la guerra que todos perdimos“, coorganizadas por Jesús Vigorra y Arturo Pérez-Reverte en Sevilla. La controversia surgió tras la renuncia de varios participantes, incluido el escritor David Uclés, lo que llevó a un aplazamiento del evento y a una rueda de prensa donde los organizadores reafirmaron su postura.

En dicha rueda de prensa, Vigorra y Reverte no solo mantuvieron el título original, sino que también criticaron las críticas recibidas, atribuyéndolas a una “ultraizquierda” liderada por figuras como Pablo Iglesias e Ione Belarra, acusándolos de generar tensión y violencia por falta de ideología.

Ante esta situación, expreso mi dolor e indignación, especialmente porque afecta a un compañero periodista al que aprecio. Me preocupa que estas jornadas, en lugar de buscar un terreno común, criminalicen la crítica legítima y contribuyan a un clima de polarización.

Las palabras importan

Me cuestiono si es posible disentir del enfoque de estas jornadas, y de su creciente sesgo polarizador, sin generar una brecha irreconciliable. Recuerdo un episodio en una edición anterior donde Pérez-Reverte corrigió paternalistamente a un participante que hablaba sobre inmigración, afirmando que había que “estar dispuesto a debatir hasta con el mismísimo Hitler”.

El periodismo, en su esencia, no es solo una sucesión de palabras vacías, sino un trabajo para proteger y hacer avanzar la sociedad mediante el control y cuestionamiento del poder, ya sea económico, político, mediático o cultural. ¿Cómo pueden desdeñar, un escritor y un periodista, el valor de elegir las palabras?

Las palabras construyen realidad, acercan y alejan conflictos. Llamar “imbéciles” a los discrepantes, como hace Reverte, es inaceptable. Si la intención de las jornadas es subrayar que todos los españoles “perdimos vidas, la libertad, la cultura, hogares, familias…”, ¿por qué no cambiar el título a uno que refleje el sufrimiento de las víctimas del franquismo?

Más allá de la pertinencia de debatir con figuras controvertidas, lo que hace a estas jornadas desafortunadas es el marco de equidistancia que proponen. ¿Aceptaríamos unas jornadas tituladas “Derecho o violencia: debate sobre el mejor sistema de organización social”, invitando a defensores de ambas opciones?

“¡Dales caña, Vigorra!”

La polémica sobre estas jornadas no se da en el vacío. Se produce en un contexto de creciente auge neofascista que busca socavar las democracias desde dentro. Es preocupante que figuras influyentes como Pérez-Reverte y Vigorra impulsen unas jornadas que no subrayan la diferencia de responsabilidad y sufrimiento entre vencedores fascistas y vencidos republicanos.

Jesús Vigorra ha sido un referente del periodismo cultural y social en Andalucía, conocido por su programa “El Público” donde daba voz a las quejas ciudadanas y criticaba las injusticias. Su espíritu de “Robin Hood” era reconocido y agradecido por la gente. Sin embargo, en los últimos tiempos, se echa en falta esa “caña” que antes repartía, necesaria para fiscalizar al poder y desenmascarar el auge del neofascismo.

En contraste, Pérez-Reverte ha mostrado en ocasiones una actitud altanera y despectiva. En una entrevista, llegó a afirmar que si fuera el padre de Marta del Castillo, atacaría a los acusados de asesinarla. Además, en el pasado humilló públicamente a una compañera periodista por preguntar sobre el sufrimiento de las víctimas de la guerra.

La óptica de dicotomía de muchas de las ediciones pasadas de este ciclo de jornadas es muy propia del empeño polarizador de Pérez-Reverte. Un empeño que hace que, en la rueda de prensa de esta semana, más que dolerse por el conflicto y malestar generados, se frotara las manos ante “la mucha mayor expectación” de cara a la celebración de las conferencias en otoño, gracias a la polémica, que él llama “propaganda”.

El peligro es el neofascismo, no la ultraizquierda

Es injusto criminalizar a quienes se han arrepentido de participar en estas jornadas, y más aún señalar un supuesto auge de neoestalinismo agresivo cuando el peligro real es el neofascismo. Vigorra, en la última etapa del PSOE en el poder andaluz, sufrió episodios de ninguneo por su rol crítico. Entiendo su desengaño frente al socialismo, pero es importante que no pierda su espíritu crítico y su compromiso con la justicia social.

Espero que Vigorra recapacite y rectifique, volviendo a ejercer esa “caña” que lo hizo famoso y que tanto necesitamos para frenar el auge del neofascismo. Rectificar no desmerece, engrandece.

Rectificar engrandece

Al final de la rueda de prensa, Jesús leyó un pasaje de una novela de Reverte que, en mi opinión, resulta equidistante y revisionista. No pierdo la esperanza de que Vigorra haga autocrítica y rectifique, apostando por una narrativa que subraye la diferencia abismal entre vencedores y vencidos, por justicia con las víctimas y como pedagogía para alejar el peligro del neofascismo.