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A nadie le amarga un dulce: Un recorrido por los postres más emblemáticos de Mongolia
Pocos placeres son tan universales como un buen postre. En el contexto de la repostería asiática, Mongolia destaca por su singularidad. La cocina mongola, influenciada por la vida nómada y un clima riguroso, se distingue por postres centrados en la leche y sus derivados, más que en el azúcar. Aquí, lo dulce es sobrio, funcional y esencial para la supervivencia y la hospitalidad.
Un viaje por la repostería mongola revela nombres familiares para cualquier viajero: boortsog, aaruul o urum, dulces que adquieren significado en su contexto cultural. Más allá de las estepas y los clanes, Mongolia comparte una tradición común: concluir las comidas con algo lácteo y reconfortante.
Boortsog
El boortsog es quizás el dulce más reconocido de Mongolia. Se trata de pequeños trozos de masa frita, crujientes por fuera y suaves por dentro. Se disfrutan solos o acompañados de miel, azúcar o mermelada, y son un elemento esencial en celebraciones y reuniones.
Aaruul
El aaruul es cuajada de leche seca, elaborada tradicionalmente con leche de yak, vaca o cabra. Posee una textura dura y un sabor ligeramente ácido. Aunque no es un postre dulce convencional, cumple la función de cerrar la comida y es uno de los alimentos más representativos del país.
Urum
El urum es una especie de nata coagulada que se forma al hervir la leche. Se sirve fresca, a veces con azúcar o pan, y representa uno de los pocos placeres cremosos de la cocina mongola tradicional.
Byaslag con azúcar
El byaslag con azúcar es queso fresco casero que, en su versión dulce, se espolvorea con azúcar o se sirve con miel. Es común en los hogares y representa la versión más suave de los dulces mongoles.
Eezgii
El eezgii son restos de cuajada prensados y secos tras la elaboración de otros productos lácteos. Se puede consumir tal cual o ligeramente endulzado. Es un claro ejemplo del aprovechamiento integral de la leche en la cocina nómada.
Mongolia demuestra que los postres no siempre buscan una gratificación inmediata. Sus dulces reflejan el clima, la subsistencia y una estrecha relación con el ganado y la tierra. Comprender este país implica aceptar que lo dulce también puede ser austero, seco y profundamente cultural.













