¿Qué quiso decir Miró con su escultura más alta? Barcelona aún debate una obra que nadie entendió del todo

¿Qué quiso decir Miró con su escultura más alta? Barcelona aún debate una obra que nadie entendió del todo
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¿Qué quiso decir Miró con su escultura más alta? Barcelona aún debate una obra que nadie entendió del todo

El desconcierto que provocan algunas esculturas a menudo es parte de su atractivo. Algunas obras te obligan a detenerte y mirar de nuevo, porque no se comprende del todo lo que su autor quiso expresar. En Barcelona, una escultura cumple esta función desde hace décadas: enorme, llena de color y con una forma que parece una mezcla de elementos inconexos a primera vista.

Hablar de *Dona i Ocell*, la obra de Joan Miró, es hablar de esa línea divisoria entre el juego visual y el símbolo. Su tamaño y silueta dejan claro que no está allí para pasar desapercibida, abriendo una etapa en la que el arte comenzó a ocupar las calles de la ciudad.

Valoraciones encontradas desde el inicio

La escultura *Dona i Ocell*, creada por Miró e instalada en 1983, marcó el inicio del arte público en la Barcelona democrática. Con más de 20 metros de altura, se convirtió en un emblema del parque que lleva su nombre.

Miró no llegó a verla inaugurada, pero aprobó cada detalle antes de su muerte, según Barcelona Turisme.

Las opiniones sobre esta obra fueron diversas. Rosa Maria Malet, directora de la Fundació Joan Miró, explicó que resumía toda la trayectoria del artista, aunque en una forma distinta a su pintura. Lluís Permanyer defendió que debía ser el nuevo símbolo de la ciudad, afirmando que “una ciudad que apoya el vanguardismo cultural necesita un emblema así”.

Otros, como Alexandre de Cirici, resaltaron su feminidad, recordando que el propio Miró la llamó en su día *Dama-bolet amb barret de lluna*. La crítica Victòria Combalia valoró el contraste del color y la forma, mientras que Isidre Vallès habló de la unión entre lo masculino y lo femenino como “una afinidad telúrica”. Baltasar Porcel, en cambio, la consideró una obra realizada en una etapa de decadencia, carente de la vitalidad de los trabajos anteriores del artista.

Forma y colores: referencias al cuerpo femenino y al vuelo

Según el Centre Europeu de Barcelona, la escultura mide 22 metros (aunque en algunos casos se le atribuyen 21) y está hecha de hormigón y cerámica pintada con la técnica del *trencadís*. Miró contó con la colaboración del ceramista Joan Gardy Artigas, quien aplicó los mosaicos de colores primarios que cubren toda la superficie.

La obra juega con formas orgánicas, recordando a una seta, un tallo o un cuerpo humano. Una incisión negra en la parte baja simboliza la feminidad, mientras que la media luna amarilla en la cima representa el pájaro, una figura recurrente en el universo de Miró que une la tierra con el cielo.

El encargo provino del Ayuntamiento de Barcelona durante la transformación del antiguo matadero en un nuevo parque. La obra completaba un proyecto más amplio iniciado en los años 70, cuando Miró se comprometió a crear tres piezas para dar la bienvenida a los visitantes que llegasen por tierra, mar o aire.

En el aeropuerto colocó un mural cerámico, en el puerto diseñó el mosaico del Pla de la Boqueria y, en el caso de *Dona i Ocell*, ideó la escultura para quienes entraban a la ciudad desde el sur. El proyecto se quedó sin la tercera pieza prevista, que debía ir en el parque Cervantes, pero la obra vertical de Miró acabó cumpliendo de sobra con esa idea de bienvenida.

Un icono poco entendido

Según Barcelona Turisme, la pieza se levanta sobre un estanque y se adapta al entorno del parque dedicado al propio artista. La colaboración con Artigas permitió aplicar los colores que Miró usaba desde siempre: amarillos, rojos, verdes y azules.

La media luna y la incisión negra completan el juego de símbolos que recorre toda su obra, donde el cuerpo femenino y el vuelo del pájaro se repiten como temas esenciales.

El parque donde se encuentra la escultura fue diseñado tras un concurso público celebrado en 1978. La propuesta ganadora, ejecutada por un equipo de arquitectos dirigido por Antoni Solanas y Beth Galí, transformó los terrenos del antiguo matadero.

La inauguración de *Dona i Ocell* se retrasó hasta abril de 1983 y contó con la presencia del alcalde Pasqual Maragall y del regidor de Urbanismo, Oriol Bohigas.

Miró no pudo asistir, convaleciente en Baleares, y falleció meses después a los 90 años. Desde entonces, su obra da la bienvenida a quienes llegan a Barcelona por tren, ya que está muy próxima a la estación de Sants, y se ha convertido en uno de los monumentos más fotografiados de la capital catalana.