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La última carnicería de Segura: Un pueblo que se resiste a perder sus raíces
En el corazón de Segura, un pequeño pueblo guipuzcoano de 1.500 habitantes, se alza, casi como un bastión, la carnicería Maitor. Félix Goiburu, su propietario, lleva 38 años dedicándose a este oficio, siendo testigo de profundos cambios en el sector.
Un oficio en declive
Goiburu recuerda que en el pasado Segura llegó a tener hasta tres carnicerías. Sin embargo, hoy en día, Maitor es la única que persiste. La progresiva desaparición de estos negocios no se debe a la falta de demanda, sino a las exigentes condiciones laborales.
“La gente quiere trabajar 40 horas semanales y de lunes a viernes hasta el mediodía, y eso dificulta encontrar relevo”, explica.
Esta realidad se refleja en su propia familia, ya que sus hijos no muestran interés en continuar con el negocio familiar. A pesar de ello, Félix comprende su postura: “Si pueden ganarse la vida de otra manera, mejor para ellos. Si no, aquí estaré, pero lo veo difícil”.
Adaptación o extinción
Ante un mercado en constante transformación, Félix Goiburu tiene clara su estrategia para sobrevivir: la adaptación constante. “Hoy en día hay que actualizarse muy rápido, porque las cosas cambian de un año a otro”, afirma.
Consciente de que no puede competir en precios con las grandes superficies, apuesta por la calidad y la atención personalizada. “Intentamos ofrecer el mejor producto posible, cuidando cada detalle. Cada uno debe encontrar su nicho”, señala.
Además, subraya que la diferencia de precio a menudo es engañosa. “Si se compara con productos de la misma calidad, nuestros precios no son más caros”, asegura.
El verdadero desafío, según él, es concienciar al cliente de esta realidad. Sin embargo, su fiel clientela sabe valorar la calidad y el servicio que ofrece, especialmente en ocasiones especiales como las Navidades.
Más que una carnicería: un pilar social
La carnicería de Félix trasciende la mera actividad comercial, convirtiéndose en un punto de encuentro y un pilar fundamental en la vida social de Segura, especialmente para las personas mayores. “Tengo clientes que viven solos y vienen todos los días, charlamos, nos gastamos bromas…”, cuenta Félix. Este papel social es tan importante como la calidad de sus productos.
Esta función de servicio se extiende a una pequeña sección de productos de alimentación básica.
Aunque reconoce que apenas cubre gastos con esta iniciativa, lo considera un “primer auxilio” para las personas mayores o sin vehículo propio. “Es un servicio al pueblo”, afirma, demostrando que el comercio de proximidad es mucho más que una simple transacción económica.
Un futuro incierto pero esperanzador
Félix se muestra optimista, pero también realista, sobre el futuro. Está convencido de que si negocios como el suyo desaparecen, el servicio deberá ser cubierto de forma pública o subvencionada para evitar que los pueblos se queden sin servicios básicos. “Llegará el día”, vaticina, mencionando que ya hay ayuntamientos que ofrecen locales a precios simbólicos para atraer carniceros.
“No somos conscientes de estas cosas hasta que las perdemos”, concluye.













