Esclavitud Moderna”: El Rostro de las Trabajadoras del Hogar entre República Dominicana y España

Esclavitud Moderna": El Rostro de las Trabajadoras del Hogar entre República Dominicana y España
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Esclavitud Moderna”: El Rostro de las Trabajadoras del Hogar entre República Dominicana y España

Rafaela Pimentel, activista feminista dominicana radicada en España, resume la problemática del empleo doméstico: esencial para la sociedad, pero históricamente infravalorado, con salarios bajos, condiciones precarias y falta de reconocimiento social. En República Dominicana, las empleadas domésticas continúan luchando por mejoras.

Explotación y Precariedad: Una Realidad Global

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 75,6 millones de personas en el mundo se dedican al trabajo doméstico, la mayoría mujeres y migrantes. Pimentel subraya la falta de valoración, los salarios bajos y las condiciones precarias que caracterizan este sector.

El trabajo doméstico y de cuidados es fundamental para sostener la sociedad, pero sigue sin recibir el reconocimiento social que merece. Esta es la realidad que enfrentaron Rebeca, Laura y Carolina (nombres ficticios), ex empleadas de Julio Iglesias en Punta Cana, quienes relataron jornadas laborales extensas, salarios reducidos y un régimen interno aislado de la familia, condiciones que no se limitan a República Dominicana.

Denuncias y Negaciones

Rebeca y Laura, que trabajaban como internas para Julio Iglesias, denunciaron vulneraciones laborales y agresiones sexuales ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Sin embargo, la denuncia fue archivada debido a la falta de jurisdicción de España sobre el caso. El cantante, en un comunicado, negó las acusaciones, afirmando no haber abusado, coaccionado ni faltado el respeto a ninguna mujer, y calificó las acusaciones como “absolutamente falsas”.

Violencia Oculta y Normalizada

Un total de 29 asociaciones de empleadas domésticas y de derechos humanos han denunciado cómo la violencia sexual en el ámbito del trabajo doméstico permanece oculta y normalizada, siendo un tabú que impide a muchas víctimas hablar. Estas organizaciones señalan que el sistema patriarcal y racista que domina las relaciones laborales de las trabajadoras extranjeras aprovecha la indefensión de las víctimas.

A pesar de los esfuerzos para equiparar los derechos de las trabajadoras del hogar en España, la informalidad, la precariedad, el acoso, las faltas de respeto y la violencia siguen siendo la norma. España ratificó el convenio 189 de la OIT, que obliga a los países firmantes a ampliar sus derechos, como el de desempleo, que aún no se ha implementado completamente.

Un informe de Oxfam Intermón y la Asociación Por ti Mujer revela que el 49% de las trabajadoras encuestadas en España afirmaron haber experimentado algún tipo de violencia en el trabajo. Los abusos incluyen exceso de control, faltas de respeto, insultos, discriminación, proposiciones de naturaleza sexual, violencia física y tocamientos sin consentimiento.

Rafaela Pimentel denuncia las consecuencias de estas condiciones laborales: cuerpos rotos, enfermedades, pobreza, problemas de salud mental y la negación de derechos básicos como el empadronamiento, la seguridad social, las vacaciones y el reconocimiento de enfermedades profesionales.

Las asociaciones enfatizan que la precariedad estructural del sector, la vulnerabilidad jurídica, económica y social de las mujeres migrantes, el régimen de explotación de las trabajadoras internas y las condiciones y horarios abusivos de las trabajadoras externas son factores que facilitan y perpetúan la violencia. Denunciar esta violencia es difícil debido a la relación laboral en el ámbito privado del domicilio, donde existen relaciones de poder, dependencia económica y emocional, y una fiscalización limitada.

La Situación en República Dominicana

Aunque el gobierno dominicano ha tomado medidas para mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar, sus derechos siguen siendo inferiores a los de otras profesiones. En los años en que Rebeca, Laura y Carolina trabajaban en la casa de Julio Iglesias en Punta Cana (2021-2023), no tenían la obligación de ser contratadas, inscritas en la seguridad social, ni derecho a indemnización por despido, plan de pensiones, subsidio de desempleo o preaviso.

Kathy Cabrera, de la Confederación Nacional de Mujeres del Campo (Conamuca), define esta situación como “esclavitud en pleno siglo XXI”, con el rostro de las trabajadoras del hogar. Señala que, al no estar regulado por la ley, las trabajadoras pueden pasar 30 años en una casa y marcharse sin nada.

En el caso del trabajo interno, las mujeres duermen en la casa familiar y sus horarios se desdibujan según las necesidades del hogar. Algunas acompañan a las familias en viajes, donde la atención se vuelve casi permanente. Dos empleadas domésticas de Julio Iglesias eran seleccionadas para viajar a Málaga durante las vacaciones del cantante, sin que sus condiciones laborales mejoraran.

La escasa regulación del trabajo doméstico en República Dominicana solo garantiza los descansos: nueve horas ininterrumpidas entre jornadas y un periodo ininterrumpido de 36 horas semanales. Los extensos horarios en la casa de España tampoco cumplían el Código de Trabajo.

Intentos de Mejora

República Dominicana ha estado trabajando en una reforma del Código de Trabajo desde 1992. Aunque se han logrado algunos avances, como la incorporación del teletrabajo y la adaptación del Convenio 189 de la OIT, los trámites no han sido fáciles.

Javier Suárez, abogado dominicano, explica que se buscaba adecuar el Convenio 189 de la OIT a la legislación nacional, regulando la jornada, los descansos, la seguridad y la salud de las trabajadoras domésticas. Sin embargo, un recurso de inconstitucionalidad obligó a modificar la ley a través de las cámaras alta y baja.

El nuevo texto que actualiza el Código de Trabajo ha pasado del Senado al Congreso, incorporando algunas mejoras en el trabajo del hogar, aunque no tantas como se esperaban.

Uno de los puntos más controvertidos fue la limitación de la jornada laboral a ocho horas para las trabajadoras que no duermen en el centro de trabajo y a diez para las internas, con una jornada semanal de un máximo de 44 horas. Además, se reconoce el derecho a un preaviso de cinco días antes del despido y se prohíbe incluir la alimentación o el alojamiento como parte del salario.

A pesar de estas mejoras, el texto aprobado no incluye indemnización por despido ni subsidio de desempleo, en un sector que es fundamental para la economía y el sustento de muchas familias.

Informalidad

La informalidad es la principal característica del trabajo doméstico en República Dominicana, afectando al 94,8% de los trabajadores. Los contratos son verbales, solo cuatro de cada diez mujeres tienen vacaciones pagadas, sus sueldos están un 57% por debajo de la media y el pago de horas extras es casi inexistente.

Estephany Encarnación, experta en políticas del Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF), señala una “traba cultural” que ha impedido mayores avances debido al machismo del país, que dificulta la identificación de los problemas de las mujeres.

Kathy Cabrera explica la cadena de explotación y vulnerabilidad que se genera a partir del trabajo doméstico: niñas de 15 años cuidando niños para que sus madres trabajen en la ciudad, madres violentadas en trabajos con salarios mínimos y niñas vulnerables a la violencia sexual o uniones forzosas.

La situación es aún más grave para las migrantes, que enfrentan un mayor riesgo de violencia y vulnerabilidad.

Estephany Encarnación concluye que el trabajo doméstico en República Dominicana tiene características de trabajo esclavo y que la violencia sexual tiene características de pandemia, con un alto subregistro de denuncias.