
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Mark Fortier analiza la seducción del fascismo en tiempos de incertidumbre
El sociólogo Mark Fortier, autor de “Volverse facha. Una terapia de conversión”, explora la facilidad con la que se puede caer en el cinismo ante la impotencia que genera el avance del autoritarismo. Sin embargo, recuerda que “defender la decencia humana no es de izquierdas”, sino “el sentido común más elemental”.
¿Rendirse ante la ola reaccionaria?
¿Qué pasaría si, ante la creciente ola reaccionaria, abandonáramos la resistencia y nos dejáramos llevar por la marea? Esta pregunta, planteada por Mark Fortier, busca entender el momento actual sin prejuicios, explorando la seducción que la ultraderecha ejerce sobre un intelectual de izquierdas.
“He hecho mis cálculos y he llegado a la conclusión de que es el momento de firmar mi armisticio personal”, afirma Fortier, introduciéndonos en su proceso de “volverse facha”. A través del sarcasmo y el análisis sociológico, ahonda en el desconcierto de una izquierda que se siente impotente y agotada, incapaz de combatir a una extrema derecha que se alimenta del espectáculo y el absurdo.
Fortier, en su libro, dibuja un mundo que escapa a las definiciones fáciles, emergiendo de una niebla sobreinformada con ideas y conceptos de estudiosos del fascismo. Recuerda la predicción de George Orwell: “Cuando los fascistas regresen llevarán un paraguas bien enrollado en el brazo y bombín en la cabeza”. Y añade: “Su riqueza, la prueba indudable de sus méritos. El hecho de que hablemos de ellos sin parar, el testimonio indiscutible de su importancia. Tendremos la cosa, pero sin el término. Dicho de otro modo, sin su uniforme”.
El espejo del cinismo político
Frente al terror y la alarma, Fortier elige el espejo, mostrando lo fácil y tentador que resulta caer en el cinismo político, obligándonos a reevaluar nuestra propia postura. “Volverse facha” no siempre implica un cambio drástico, sino un deslizamiento sutil: dejar de indignarse ante la injusticia, reírse de ciertos chistes o, simplemente, mirar hacia otro lado.
La génesis de la sátira
Fortier explica que su libro es una sátira para exorcizar el miedo ante el auge de la extrema derecha. “Opté por la ironía mordaz para exorcizar el miedo. Pero también porque la sátira permite pensar en contra de uno mismo, mediante la autoironía. ¡Un poco como *El elogio de la locura* de Erasmo! Y también es una forma de hacer que el texto sea accesible a un público amplio”.
Fascismo sin fascismo, democracia sin democracia
Según Fortier, vivimos en una época de “fascismo sin fascismo y de democracia sin democracia” porque, como dice el historiador Emilio Gentile, la sociedad se vuelve incapaz de realizar los ideales de libertad e igualdad de la democracia. Ésta se reduce a los procedimientos electorales, a la selección de ‘líderes’, perdiendo sus raíces sociales.
La tentación de ceder ante el autoritarismo
Fortier reconoce que “es más relajante y prudente dejarse llevar por la corriente de la ultraderecha”. Sin embargo, subraya que “ceder ante la derecha autoritaria es renunciar a la amistad. Es elegir embrutecerse y carecer de corazón. Sin embargo, defender la decencia humana no es un proyecto de izquierda. Es simplemente el sentido común más elemental”.
El fascismo como nuevo punk
En Estados Unidos, Fortier observa que Trump ha ofrecido a todas las rabias y formas de impotencia la oportunidad de derrocar los códigos de la sociedad y aterrorizar a una parte de la élite culta. No obstante, considera que Trump no es un punk, sino el personaje central de un gran carnaval político.
La batalla por las mentes jóvenes
Fortier destaca que “la infancia es el terreno donde se siembran las semillas del orden o de la libertad”, razón por la cual la extrema derecha busca controlar y limitar lo que se enseña en las escuelas. Los conservadores radicales, según él, están obsesionados con los lugares donde se transmiten los valores o las ideas, como las escuelas, los medios de comunicación, la universidad y las artes.
El acceso a la vivienda y la xenofobia
Fortier coincide en que la extrema derecha está ganando terreno al ofrecer un culpable tangible (el inmigrante) frente a la tibieza de la izquierda para señalar al culpable estructural (el rentista) en el problema del acceso a la vivienda para los jóvenes.
Racismo y precariedad económica
Si bien reconoce que la inseguridad social y económica alimenta el miedo al extranjero, Fortier señala que el racismo en Estados Unidos se dirige contra personas que llevan 400 años viviendo en el país, como los afroamericanos, lo que demuestra la complejidad de las causas del racismo.
Autoritarismo y crisis climática
Fortier considera que el autoritarismo puede ser la respuesta desesperada de un capitalismo que ya no puede prometer crecimiento para todos, ante una crisis climática que azota al mundo.
La crisis de la masculinidad tradicional
Fortier admite no entender bien la causa del virilismo asociado al giro hacia la extrema derecha, pero menciona un texto popular entre la derecha estadounidense, *Bronze Age Mindsets*, que sostiene que el feminismo devuelve a la humanidad a la Edad de Bronce, negando el orden y la jerarquía.
El líder como empresario
Según Fortier, la extrema derecha convence a la gente de que obedecer a un líder fuerte es el acto de libertad definitivo porque llevamos 50 años escuchando que el empresario es la figura central de nuestra civilización. Líderes como Javier Milei, Jair Bolsonaro, Narenda Modi, Donald Trump y Vladímir Putin son presentados como empresarios.
El caos como instrumento de servidumbre
Fortier explica que, cuanto más se extienden el caos y la confusión, más sienten las personas corrientes la necesidad de orden, a cualquier precio. El fascista ha comprendido que si siembra el caos, podrá transformar esa necesidad en un instrumento de servidumbre voluntaria.
Del líder heroico al líder bufón
Fortier recurre a Michel Foucault para evocar la existencia de una forma de “soberanía grotesca” que obtiene su legitimidad de la indignidad de quien ejerce el poder. El circo montado por líderes como Boris Johnson, Milei o Trump, aunque entretenido, es un espectáculo peligroso porque expresa el deseo de un poder completamente desregulado y, por lo tanto, arbitrario.
Optimismo cauteloso
A pesar de su intento de “convertirse en fascista”, Fortier mantiene un optimismo cauteloso sobre la capacidad de la democracia para reinventarse. Cree que nuestras sociedades aún cuentan con numerosas instituciones democráticas y un auténtico deseo de libertad. Sin embargo, teme que las élites liberales tarden en actuar y que el precio a pagar por esta cobardía sea muy alto.













