
Historias que curan: El voluntariado como herramienta de transformación social
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Desde 2019, Vicente Trelles, abogado de profesión, dedica su tiempo como voluntario en hospitales, acompañando a pacientes que se encuentran solos. Esta experiencia lo ha llevado a escribir el libro ‘Historias que curan’, un compendio de vivencias y testimonios que le han marcado profundamente.
El voluntariado: una cura contra la ceguera
Trelles reflexiona sobre cómo el voluntariado hospitalario abre los ojos a realidades que a menudo se dan por sentadas: “El voluntariado hospitalario nos cura de la ceguera que nos impide valorar lo que tenemos… Nos cura de la ceguera de creernos independientes, dependemos del cariño de los demás”.
Acompañando a los pacientes, Vicente ha descubierto que en los hospitales “solo hay verdad, todo el mundo se quita la careta… Hay personas que están sufriendo y a veces solas”.
Acompañar al paciente y al cuidador
El porcentaje de pacientes en soledad, especialmente ancianos sin familia cercana, es elevado.
Un gesto de cariño por parte de los voluntarios es un tesoro para ellos. Trelles subraya la importancia de acompañar también al cuidador: “A veces te encuentras con un familiar que es el único que se hace cargo del enfermo y te agradece ese rato de compañía”.
Esta experiencia le ha enseñado a valorar lo que tiene y a reflexionar antes de quejarse: “Aprendes que la verdad mas verdadera son los vínculos que establecemos, el cariño y el amor”.
Una herramienta de transformación social
Para el abogado, el voluntariado es una herramienta “de transformación social”. La calidad ética de una sociedad, según él, “se mide por cómo tratamos a los excluidos, a los enfermos, a los no nacidos”.
Acompañar alivia y reconforta, y el cariño o la escucha “curan heridas que la medicina no llega”, afirma Trelles.
La historia de Marie: un testimonio de esperanza
Entre las anécdotas que Vicente atesora en ‘Historias que curan’ destaca la de Marie, una paciente terminal que solicitó la eutanasia. “Estaba muy sola en este mundo, necesitaba acompañamiento”.
Tras semanas de acompañamiento, Marie fue enviada a casa con cuidados paliativos, donde una prima, a la que no veía desde hacía siete años, se hizo cargo de ella.
La prima, a pesar de estar aún de luto por la muerte de su marido, sentía la necesidad de cuidar de Marie. Posteriormente, contrataron a una cuidadora cristiana que rezaba por Marie, quien finalmente se unió a las oraciones. “Días después Marie pensó que la vida era un don de Dios y no era quien para poner fin a su vida, por lo que revocó su petición de eutanasia. Murió por causas naturales rodeada de su prima, la cuidadora y los voluntarios”.
Eutanasia y soledad
Trelles concluye que la eutanasia puede ser un síntoma de soledad: “Mi experiencia y de algunos voluntarios es que detrás de algunas peticiones de eutanasia lo que hay es un grito de soledad, y cuando se sienten acompañadas, a veces por los voluntarios, ya no quieren la eutanasia”.













