UN PERRO JUNTO AL CUERPO DECAPITADO DE MARÍA ESTUARDO: LA INSÓLITA ESCENA DE SU MUERTE

UN PERRO JUNTO AL CUERPO DECAPITADO DE MARÍA ESTUARDO: LA INSÓLITA ESCENA DE SU MUERTE
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UN PERRO JUNTO AL CUERPO DECAPITADO DE MARÍA ESTUARDO: LA INSÓLITA ESCENA DE SU MUERTE

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El cuerpo cayó sobre la tarima, la tela oscura empapada en la madera. Algo pequeño se agitaba bajo los pliegues. Un perro salió de debajo de las faldas con el lomo manchado, resbaló en la sangre y buscó un hueco junto al cuello cercenado. Se tumbó entre la cabeza separada y los hombros, apretó el hocico contra la carne y no respondió a manos ni voces. La escena quedó grabada: el animal inmóvil y el cuerpo abierto, sin que nadie lograra apartarlo.

EL ANIMAL NO SE SEPARÓ DE LOS RESTOS

Un testigo presencial relató que un perro permaneció junto al cuerpo decapitado de María Estuardo tras su ejecución en 1587. El relato proviene de una carta redactada ese mismo año por Robert Wingfield, un funcionario inglés presente en la ejecución, quien describió el momento con detalle.

Wingfield explicó en su carta cómo, al retirar la ropa del cuerpo, apareció el perro escondido y la dificultad para sacarlo de allí. “No pudieron sacarlo de allí salvo por la fuerza”, escribió. Añadió que “el perro no quiso apartarse del cadáver y se tendió entre la cabeza y los hombros”.

La presencia del animal no se detectó hasta que los verdugos manipularon las prendas tras la decapitación. Había permanecido oculto bajo las capas durante todo el proceso, sin moverse. Cuando quedó al descubierto, salió cubierto de sangre y volvió al cuerpo de inmediato, como si buscara el mismo lugar que había ocupado antes del golpe final. Intentaron ahuyentarlo sin éxito durante un tiempo.

La ejecución fue torpe y prolongada, según el testimonio. El primer golpe no cortó del todo, el segundo tampoco bastó, y un tercero terminó por separar la cabeza. Durante esos instantes, el perro no reaccionó con huidas ni movimientos bruscos. Permaneció allí cuando el verdugo alzó la cabeza y cuando el suelo quedó encharcado, y siguió pegado al cuerpo cuando el acto había terminado.

DIFERENTES VERSIONES SOBRE SU DESTINO

Las versiones posteriores discrepan sobre el tipo de perro. Algunas fuentes hablan de un animal blanco y pequeño, otras lo describen oscuro, y se ha mencionado tanto un maltés como un terrier. No existe acuerdo porque el propio Wingfield no precisó ni el color ni la raza. Lo común en todos los relatos es el tamaño reducido y la cercanía constante a su dueña, una pauta que encaja con la afición conocida de la reina por tener perros durante su cautiverio.

Tras apartarlo del cuerpo, el animal fue retirado y limpiado, al igual que los objetos manchados. Wingfield dejó constancia de que fue lavado junto a todo lo que tenía sangre. A partir de ahí, las historias varían. Unas sostienen que dejó de comer y murió poco después, otras afirman que fue entregado a manos francesas y vivió allí. Ninguna versión altera la esencia del episodio: el momento en que el perro se negó a abandonar el cuerpo al que había seguido hasta el final.