
Lo de Trump no es (solo) racismo, es eugenesia
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Las constantes referencias del expresidente Donald Trump a la sangre, los genes y el cociente intelectual tienen una explicación que es mucho más grave de lo que parece.
En un incidente reciente, Trump publicó en sus redes sociales un fragmento de un video en el que aparecían Barack y Michelle Obama representados como simios. Su portavoz denunció la “falsa indignación” y culpó del video a un trabajador de la Casa Blanca.
Si bien se sabe que Trump y su gobierno son firmes creyentes en la teoría del gran reemplazo, este episodio es una prueba más de que el problema real es mucho más grave. No se trata solo de racismo cultural, sino de eugenesia, superioridad biológica y racismo científico. Y no se trata solo de este ‘desliz’ con los Obama, sino que Trump tiene un largo historial.
Obsesión con los somalíes y el cociente intelectual
Trump ha expresado abiertamente su obsesión con los somalíes, afirmando que no los quiere en su país. En su discurso ante la élite mundial en Davos, Trump dijo: “Son personas con un cociente intelectual bajo, ¿cómo es posible que vayan a Minnesota y roben todo ese dinero? Y tenemos, ya sabes, a sus piratas. Son buenos piratas”.
Estas declaraciones no son un hecho aislado. Trump ha insinuado que los inmigrantes que no le gustan son inferiores biológicamente.
El “envenenamiento de la sangre”
Durante su campaña electoral en 2023, Trump dijo abiertamente: “[La inmigración] está envenenando la sangre de nuestro país. Es muy malo y la gente está viniendo con enfermedades. La gente viene con todo lo que te puedas imaginar”. En el capítulo ‘Pueblo y raza’ de *Mein Kampf*, Hitler sostiene que “todas las grandes civilizaciones del pasado se volvieron decadentes porque la raza creativa original murió como resultado de la contaminación de la sangre”.
Un mes antes de las elecciones de noviembre de 2024, Trump volvió a repetir que muchos inmigrantes son asesinos y delincuentes, añadiendo que ser asesino va en los genes. El presidente concluyó: “Tenemos en este momento [gente con] muy malos genes viviendo en nuestro país”.
Trump ha dicho públicamente que es un “creyente en los genes” y que para tener éxito “hay que tener buenos genes”. También ha expresado su apoyo a la teoría del caballo de carreras, que es una forma más suave de decir eugenesia. “Los mejores caballos se crean juntando a los caballos superiores y lo mismo pasa con los humanos”, dice Trump. “La teoría del caballo de carreras ¿pensáis que somos diferentes?”, dijo durante un mitin en 2020 en Minnesota.
En una entrevista en 2016, Trump dijo: “Siempre he dicho que ganar es algo, tal vez, innato. Quizá sea simplemente algo que tienes; como el gen ganador. Francamente, sería maravilloso poder desarrollarlo, pero no estoy tan seguro de que se pueda. Sabes, estoy orgulloso de tener sangre alemana, de eso no hay duda. Es algo fantástico”.
Make Eugenics Great Again
Se ha discutido mucho del racismo de Donald Trump, pero muy poco de sus ideas eugenésicas. Shannon O’Brien, académica y autora del libro *Eugenesia en la política americana*, dice que esto es más peligroso que el racismo por etnia o color de piel. “Creen que hay grupos superiores a otros y que está bien promover acciones que dificulten la existencia de otros. Da mucho más miedo que el racismo”.
“Asistimos a un auge de la eugenesia y el racismo científico, pero lo que ha ocurrido es que términos como ‘eugenesia’ se han separado de las ideas al tiempo que estas últimas se han impulsado con fuerza. Es como un examen de rellenar los huecos en el que se ven las definiciones, pero no los términos. Hay que saber lo que significaban originalmente para entender lo que se dice, pero la mayoría de la gente nunca los ha estudiado realmente, por lo que no lo entiende. Estamos asistiendo a un resurgimiento del lenguaje y las acciones que implican la inferioridad de muchas personas”, explica.
O’Brien añade: “El Tercer Reich utilizó esta justificación para privar de derechos a los grupos no arios. No eran de ascendencia alemana y, por lo tanto, eran súbditos. Creo que estamos viendo líneas de pensamiento similares sobre quién merece el derecho al voto en Estados Unidos, la ciudadanía o el derecho a un juicio justo. Las redadas y la detención de poblaciones que son súbditos según esta línea de pensamiento son muy diferentes de las redadas a ciudadanos. La Constitución estadounidense extiende sus derechos a las personas que se encuentran en nuestro territorio, no solo a sus ciudadanos, pero estamos viendo un intento activo de reinterpretar ese concepto”.
Trump está tratando de reflotar una vieja idea racista que utiliza la ciencia para justificar y dar cobertura a políticas que fomentan la intolerancia, el odio, la segregación racial y la discriminación. La eugenesia nace en la década de 1860 de la mano de Francis Galton, primo de Charles Darwin. Para sorpresa de nadie, muchos de sus seguidores defendían el supremacismo blanco.
En EEUU, la eugenesia vivió su punto dulce en la década de 1920. Algunos de sus estudiosos estaban obsesionados con la genética noruega y tampoco es casualidad que Trump haya intentado prohibir la migración de países pobres o “sitios de mierda” al tiempo que pedía migrantes nórdicos. “¿Por qué no podemos tener algunos de Suecia, Noruega, Dinamarca…? Solo unos pocos ¿Os importa enviarnos a algunos. Enviadnos gente buena”, decía en un mitin en enero. En 2024, hizo unas declaraciones prácticamente idénticas mencionando los mismos países.
EEUU había mantenido una política de fronteras abiertas con la migración, pero estas teorías sirvieron para justificar un cierre migratorio y el inicio de una persecución que hoy alcanza límites insospechados con el ICE convertido en la milicia política del presidente. En 1924, el Congreso aprobó la Ley de Inmigración, que limitaba la entrada a EEUU, establecía cuotas basadas en nacionalidad y prohibía a los migrantes asiáticos. Las naciones del continente americano, sin embargo, han pasado más parte de su historia con las fronteras abiertas que cerradas.
El cociente intelectual como justificación de la desigualdad
El historiador Quinn Slobodian explica que “una de las características más llamativas de las apelaciones al cociente intelectual, sobre todo en la cultura política estadounidense, es que tiende a resurgir en momentos de movilización popular en favor de la igualdad”. Es decir, lo utilizan para justificar con un argumento pseudocientífico y presentar como inevitables las desigualdades frente a minorías.
Slobodian identifica tres oleadas importantes en los últimos 50 años en los que se ha utilizado el argumento del cociente intelectual: a comienzos de los 70, con el auge del movimiento por los derechos civiles y el feminismo; después, en la década de los 90, con el avance de la discriminación positiva y el avance del antirracismo; y, por último, en la década de 2010, en paralelo a movimientos como Black Lives Matter, MeToo y las reivindicaciones LGTBI.
“Las pruebas de cociente intelectual surgieron de este período de eugenesia en Estados Unidos. Un aspecto relacionado con su desarrollo fue que no se proporcionaban pruebas en idiomas distintos del inglés a las personas en la frontera para su admisión. Si no sabían hablar inglés, se les consideraba imbéciles y no se les permitía entrar (alrededor de 1917)”, cuenta O’Brien. “Cuando hoy alguien dice que otra persona tiene un cociente intelectual bajo, está tratando de llamarla estúpida de una manera que parezca que está presentando un argumento factual y no solo lanzando insultos”.
O’Brien explica que todo esto tiene una derivada de derechos políticos. “Se vincula con la cuestión de los ciudadanos frente a los súbditos. Los ciudadanos participan en su sociedad mientras que los súbditos son gobernados. El Tercer Reich utilizó esta justificación para privar de derechos a los grupos no arios. No eran de ascendencia alemana y, por lo tanto, eran súbditos”, dice. “Creo que estamos viendo líneas de pensamiento similares sobre quién merece el derecho al voto en Estados Unidos, la ciudadanía o el derecho a un juicio justo. Las redadas y la detención de poblaciones que son súbditos según esta línea de pensamiento son muy diferentes de las redadas a ciudadanos. La Constitución estadounidense extiende sus derechos a las personas que se encuentran en nuestro territorio, no solo a sus ciudadanos, pero estamos viendo un intento activo de reinterpretar ese concepto”, advierte.
Es importante recordar que todos estos rollos teóricos de la eugenesia tienen un impacto en la vida real. En Canadá, por ejemplo, se realizaron legalmente esterilizaciones forzadas de mujeres, principalmente indígenas, hasta la década de los 70, pero una investigación pública reveló que estas continuaron incluso hasta 2010. En Suecia también se puso en marcha un programa de esterilización forzada entre 1934 y 1976 que afectó a entre 20.000 y 33.000 personas que el Estado consideraba débiles o no lo suficientemente inteligentes.













