
CARNAVAL DE JACA: UNA HISTORIA DE PROHIBICIONES Y TENSIONES SOCIALES
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El Carnaval de Jaca es mucho más que una simple celebración; es un reflejo de las tensiones sociales y las normas impuestas a lo largo de los siglos. El historiador Juan Carlos Moreno, de la asociación Sancho Ramírez, ha revelado detalles fascinantes sobre esta festividad, cuya primera referencia documentada data de 1480.
Orígenes pacíficos y primeras restricciones
En 1480, un judío arrendó las carnicerías hasta las Carnestolendas del año siguiente, lo que indica que la fiesta ya estaba arraigada en el siglo XV y se vivía inicialmente en un ambiente de paz.
Sin embargo, la tranquilidad no duró.
En 1579, los problemas con los bandoleros obligaron a las autoridades a prohibir el porte de armas ofensivas y defensivas durante el Carnaval. El incumplimiento de esta norma se castigaba con la pérdida de las armas y hasta tres días de cárcel.
Seguridad y excepciones curiosas
La preocupación por la seguridad no era exclusiva de Jaca.
En Lanuza, también se prohibía portar armas, aunque se permitía el uso de ballestas en juegos de puntería durante el Carnaval, pero solo a aquellos que no tuvieran “enemigos declarados”.
Siglo XIX: Tensión militar y control de disfraces
En 1842, el teniente de rey de la Ciudadela de Jaca, Nicolás Franco, prohibió la entrada de enmascarados al recinto fortificado, ante la inminente llegada de 100 penados, posiblemente presos carlistas. Las autoridades temían que el bullicio del Carnaval pudiera ser aprovechado para un motín o fuga.
Nueve años después, en 1851, el Ayuntamiento de Jaca estableció una normativa detallada para controlar los disfraces y el comportamiento durante la fiesta.
Se permitían los disfraces por la calle solo hasta el anochecer, pero se prohibía el uso de vestimentas de ministros de la religión, la imitación a funcionarios públicos y militares, así como portar armas que no fueran de atrezo.
Además, se vetaban los insultos y amenazas a las autoridades y a quienes no iban disfrazados, lo que sugiere que los enfrentamientos verbales entre enmascarados y viandantes eran un problema recurrente.
Altibajos en el siglo XX
El Carnaval tuvo un gran auge durante la Segunda República, pero desapareció durante la época franquista. Fue recuperado en 1984, un renacimiento que muchos vecinos recuerdan con cariño.













