
Las Torres Vigía de Málaga: Testigos de la Historia Defensiva Costera
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La costa malagueña, con sus casi 150 kilómetros de litoral, alberga un valioso patrimonio histórico: 41 torres vigía o almenaras que se alzan como símbolos del pasado defensivo de la región. Originalmente 43, hoy se conservan 18 en la comarca de la Axarquía y 23 en la costa occidental, configurando un paisaje singular y revelador.
Orígenes Nazaríes y Función Estratégica
El origen de esta red de torres se sitúa en el siglo XIII, durante el periodo nazarí. Ante la carencia de una armada para defender el último enclave musulmán en la península, el Reino de Granada implementó este sistema para proteger su costa de las incursiones cristianas. Aunque el historiador Tito Livio ya mencionaba construcciones similares en Aragón durante la época romana, fue la necesidad defensiva la que impulsó su desarrollo en Málaga.
Las torres se emplazaban estratégicamente a una distancia aproximada de una legua (5,7 kilómetros) entre sí.
La mayoría presenta una forma troncocónica, con una altura entre 18 y 20 metros. Su base maciza, de hasta 7 metros, soportaba las dependencias destinadas a una dotación de tres hombres encargados de la vigilancia constante.
Un Sistema de Alerta Temprana
La misión primordial de las torres era la detección temprana de embarcaciones enemigas. El aviso se transmitía mediante señales, de ahí el nombre “almenara” (del árabe, “iluminar”). Durante la noche, se utilizaban hogueras para comunicar la alerta entre torres, mientras que de día se generaba humo blanco con paja mojada.
Con el tiempo, la llegada de los espejos perfeccionó el sistema de comunicación.
La eficacia del sistema era notable para la época. Los cronistas cuentan que “la noticia de llegada de un bajel enemigo a Málaga desde Maro tardaba 20 minutos”. Esta rápida comunicación permitía organizar la defensa de manera casi inmediata. Además de la vigilancia, las torres servían como refugio temporal para centinelas que escoltaban prisioneros.
De los Reyes Católicos a la Actualidad
Tras la conquista de Málaga en 1487, los Reyes Católicos no solo restauraron las torres existentes, sino que ordenaron construir más, reduciendo la distancia entre ellas a media legua (2,5 kilómetros).
Esta decisión explica la alta concentración de estas fortificaciones en la costa. Sin embargo, a partir de finales del siglo XVIII y principios del XIX, la disminución del peligro provocó el abandono de muchas de ellas.
En 1949, un decreto para la protección de los castillos españoles reconoció su valor, siendo declaradas de interés cultural en 1985. Actualmente, algunas han sido restauradas y se han convertido en símbolos del paisaje, mientras que otras sufren un estado de abandono. El historiador Salvador Jiménez destaca que, más allá de su función defensiva, “hoy le dan un aspecto muy bucólico y muy histórico a las costas”.
Ejemplos Destacados
Entre las torres más emblemáticas se encuentran la Torre de las Palomas, en la zona de La Araña, y la Torre del Cantal.
La Torre del Pimentel en Torremolinos destaca por su forma prismática y rectangular. La Torre de Benagalbón y la Torre de Bena Jarafe han dado nombre a las localidades donde se ubican. En la zona de Nerja, se encuentran ejemplos con nombres curiosos como la Torre Macaca o la Torre de la Miel. En la costa occidental, sobresalen la Torre Real en Marbella y la Torre de la Sal en Casares, descrita como un “bastión defensivo maravilloso”.













