La “civilización judeocristiana”: Historia de una impostura, según Sophie Bessis

La "civilización judeocristiana": Historia de una impostura, según Sophie Bessis
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La "civilización judeocristiana": Historia de una impostura, según Sophie Bessis

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La historiadora y periodista Sophie Bessis, en su libro “La civilización judeocristiana: Historia de una impostura”, argumenta que la idea de una “civilización judeocristiana” esconde una intención: sustituir los orígenes grecorromanos de Europa y ocultar la influencia de Oriente, así como un antisemitismo histórico.

El concepto “judeocristiano” oculta el antisemitismo

Bessis subraya que la expresión “judeocristiano” invisibiliza 2.000 años de antijudaísmo cristiano y su derivación contemporánea en la Alemania nazi. A su juicio, este término oculta un antisemitismo central en la historia y cultura de Europa.

Israel y la confusión entre antisemitismo y antisionismo

El libro también analiza cómo el Estado de Israel busca confundir antisemitismo con antisionismo, presentándose como un vigilante de Occidente frente al “enemigo árabe-musulmán”.

¿Por qué hablar de civilización judeocristiana es una impostura?

Según Bessis, la civilización europea no es únicamente judeocristiana, sino que está formada por múltiples aportaciones. Reducirla solo a lo judeocristiano es problemático y cuestionable. Aunque existe un vínculo entre judaísmo y cristianismo, no existe una “civilización judeocristiana” como tal.

El uso occidental del término y sus motivaciones

Bessis identifica tres razones principales para el uso casi exclusivo del término “judeocristiano” en Occidente: la ocultación del antisemitismo europeo, la apropiación para dejar fuera la influencia de Oriente y la exclusión del Islam como tercera rama del monoteísmo abrahámico.

En este sentido, Europa se presenta como la única heredera del legado judeocristiano, arrogándose un universalismo moral que excluye al Islam.

El legado grecorromano y la frase de Netanyahu

Bessis señala que definir Occidente solo como “judeocristiano” reduce la civilización europea a dos religiones, borrando su herencia griega y romana, que es pagana. Critica la frase de Netanyahu “Europa termina en Israel”, argumentando que resume la historia del sionismo como un proyecto laico que buscaba fundar un Estado occidental en Oriente.

Antisionismo y antisemitismo

Bessis advierte sobre el error de identificar a Israel con todos los judíos del mundo, lo que podría convertirlos en corresponsables del genocidio en Palestina. Enfatiza que el antisionismo es una posición política, no religiosa ni étnica, y que confundirlo con antisemitismo es intelectualmente falso.

Nacionalismo y la “conspiración judeocristiana”

Bessis considera que el sionismo y el nacionalismo árabe actúan como “enemigos complementarios”. Antes de 1948, había casi un millón de judíos en países árabes, turcos e iraníes, y el nuevo Estado de Israel promovió su migración, mientras que los nacionalismos árabes querían expulsar a las minorías. Desde la perspectiva del nacionalismo árabe, la creación del Estado de Israel responde a una conspiración judeocristiana.

La homogeneización del Islam

La historiadora critica la tendencia en Occidente a homogeneizar el Islam, ignorando la diversidad de mundos musulmanes. Reducir el mundo musulmán a un Islam homogéneo es políticamente conveniente para las derechas y genera una reacción antimusulmana.

La extrema derecha y la confusión sobre el Islam

Bessis señala que la extrema derecha alimenta la idea de que todos los musulmanes son fundamentalistas, lo cual es falso. A su juicio, esta equiparación no es tan fuerte en la izquierda.