EL SECRETO DE LOS CHURROS PERFECTOS: TRADICIÓN Y PASIÓN EN BARCELONA

EL SECRETO DE LOS CHURROS PERFECTOS: TRADICIÓN Y PASIÓN EN BARCELONA
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EL SECRETO DE LOS CHURROS PERFECTOS: TRADICIÓN Y PASIÓN EN BARCELONA

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En una Barcelona que aún duerme, la churrería de Juan Alpuente ya está en plena actividad. Son poco más de las tres de la mañana y este maestro churrero de tercera generación, heredero de una tradición artesanal, inicia su ritual diario. Para él, el oficio es una forma de vida, un trabajo exigente que aborda con dedicación y pasión.

El Arte de la Masa: Un Proceso Manual Irremplazable

El primer paso es la elaboración de la masa de los “chuchos”, unos dulces rellenos de crema, chocolate, dulce de leche o pistacho. Con agua templada, levadura, aceite, azúcar y harina, Alpuente crea la base de estos manjares.

A diferencia de los métodos industriales, prefiere amasar a mano para “sentir” la masa y determinar el punto exacto.

Luego, prepara la masa de las porras, completamente diferente a la de los churros. Aquí, los ingredientes son agua, sal, bicarbonato y un toque de limón. Alpuente revela su secreto: utiliza la receta de los buñuelos de su padre. Una adaptación ingeniosa que surgió de la demanda popular.

El Desafío de la Masa de Churros: Fuerza y Experiencia

Finalmente, llega el momento de la masa de los churros, elaborada con harina escaldada.

Seis litros de agua hirviendo se vierten sobre cuatro kilos de harina, un proceso que exige gran fuerza física. Alpuente remueve la densa mezcla con un gran palo de madera, demostrando el esfuerzo que implica cada churro que disfrutamos.

Herencia y Filosofía: La Pasión Transmitida de Generación en Generación

La pasión de Juan Alpuente por su oficio es un legado familiar. Recuerda su infancia, cuando su padre lo sentaba a su lado mientras trabajaba. Esta herencia es la base de su filosofía, que rechaza la automatización en favor del toque humano.

Para él, la máquina no puede igualar la experiencia y el saber hacer artesanal.

Por eso, no mide los ingredientes con precisión, sino que confía en su experiencia de décadas. Esta convicción lo lleva a afirmar con orgullo: “Yo soy la máquina”. Además, advierte sobre los riesgos de intentar hacer churros en casa con una manga pastelera, ya que la masa puede explotar en contacto con el aceite caliente.

El Chocolate Perfecto: El Complemento Indispensable

Unos buenos churros merecen un chocolate espeso. Alpuente mezcla tres litros de leche con 750 gramos de cacao, superando ligeramente la recomendación del fabricante para lograr la consistencia ideal.

Para él, la prueba de la calidad es simple: “Si un chocolate es bueno, se tiene que quedar la cuchara recta”.

A las seis de la mañana, la churrería abre sus puertas. El chocolate, los churros, las porras y los chuchos recién hechos son los protagonistas. El buen humor de Juan Alpuente se convierte en el ingrediente secreto que atrae a sus clientes, muchos de ellos habituales, como el perro Thor, que recibe su “churrete” cada mañana.