
La burocracia, la falta de recursos para atender la diversidad y el estrés son los principales problemas que arrastra el profesorado español, agotado por la “ineficiencia” de las administraciones y el deterioro de las relaciones con las familias
Uno de cada cinco docentes de Secundaria se plantea dejar las clases
La vocación ya no es suficiente. En las aulas españolas, el clima de aprendizaje ha empeorado, enseñar se ha vuelto una tarea cada vez más difícil y hay profesores que se replantean su futuro en la profesión.
Andrea Aurelia (38 años) es profesora de Secundaria en un instituto público de San Sebastián de los Reyes (Madrid). Lleva más de una década enseñando Geografía e Historia, pero desde la pandemia de la covid-19 ha percibido cómo, poco a poco, se deteriora la profesión: “En los últimos cinco años se ha agravado lo que ya conocíamos: muchas familias y alumnos han abandonado el diálogo”, explica la docente.
Los profesores están estresados. El 16,4% de los docentes en Secundaria manifiesta tener altos niveles de estrés y el 16% en Primaria también. A pesar de que el profesorado español presenta niveles similares de estrés a la media de los países de la Unión Europea, según apunta el último Estudio internacional de la enseñanza y el aprendizaje (TALIS), la realidad sitúa al colectivo, señalan los expertos, como uno de los más afectados por problemas de salud mental.
En consulta estamos acostumbrados a ver muchos casos de problemas de salud mental en profesores, suele haber una sobrecarga de trabajo que les ha llevado al colapso
“Sufrimos mucha ansiedad”, cuenta Andrea Aurelia, que se vio obligada a parar durante unas semanas el pasado mes de noviembre cuando el médico le dio la baja por ansiedad y depresión. Su historia es una realidad que afecta cada vez más a los docentes en España: “En consulta estamos acostumbrados a ver muchos casos de problemas de salud mental en profesores, suele haber una sobrecarga de trabajo que les ha llevado al colapso”, explica Pilar Calvo Pascual, vocal del Consejo General de Psicología de España y responsable del área de Psicología educativa.
Aunque el alumnado es diverso, y depende de cada centro y de la etapa educativa en la que se encuentra, los docentes cuentan que se está produciendo un cambio social dentro de las aulas. En el instituto de Andrea Aurelia se escuchan comentarios xenófobos y para enseñar Historia tienes que “coger la dictadura con papel de fumar”, cuenta. La docente explica que en más de una ocasión la han insultado: “Me han llamado zorra, puta y hasta he tenido que ir a juicio con el padre de un alumno, al que le pusieron una multa de 500 euros, imagínate como está el patio”.
La docente insiste en que esta realidad no es anecdótica, compañeros con los que trabaja también han sufrido estos ataques, pero desde algunos equipos directivos “se buscan profesores sumisos y que no den problemas, yo seguiré denunciando lo que está pasando”.
Calvo lleva dedicándose a la psicología más 35 años y reconoce que el trabajo del equipo directivo es clave para afrontar los problemas de salud mental en los docentes: “Desde los centros hay que trabajar conjuntamente, los equipos directivos deben generar climas saludables proporcionando una distribución equitativa de las labores a través de un buen liderazgo y, sobre todo, del trabajo en equipo. La palabra equipo es fundamental en la educación”, señala la experta.
Antonio (nombre ficticio) tiene 35 años y también ha vivido una situación similar. Es maestro especializado en Pedagogía Terapéutica y trabaja en un colegio público en Aragón.
A lo largo de los diez años que lleva en la educación, ha impartido docencia ordinaria en diferentes etapas educativas: “Te acusan de racista o incluso te llaman cabrón o hijo de puta. Me ha llegado a amenazar la familia”. Reconoce que, en su caso, ha sido puntual, pero tiene compañeros que han tenido que darse de baja por este motivo. Una realidad que, manifiesta, no debería producirse: “Se habla de la vocación y es cierto que esta profesión es muy vocacional, pero nuestro trabajo, como cualquier otro, tiene que ser respetado y dignificado”.
A pesar de que la mayoría de los docentes están satisfechos con su trabajo, según TALIS, uno de cada cinco en Secundaria se plantea dejar la enseñanza en los próximos cinco años. Esto significa que casi un 20% presenta un nivel significativo de desgaste profesional, acentuado por factores que apuntan a la burocracia, la creciente diversidad en las aulas y el estrés. Andrea Aurelia reconoce que aunque su vocación es fuerte se ha replanteado dejar su trabajo: “Antes me dedicaba a la traducción y la interpretación y no cobraba mal, cuando pienso que aún me quedan 30 años no sé si me jubilaré de esto”, relata.
Las condiciones laborales también hacen mella, el salario de los docentes depende de cada comunidad autónoma, y las diferencias salariales son notorias. Mientras en Euskadi el sueldo de un maestro en Educación Primaria oscila los 2.858,46 euros brutos mensuales, en Asturias el mismo cobra 2.312,61. A esta diferencia se suman los escasos incentivos económicos de la profesión, que apenas se traducen en unos euros por cada trienio trabajado, y donde el ascenso profesional prácticamente se limita a la entrada en los equipos directivos.
Gonzalo (53 años) es docente en un instituto en la periferia de Santander. Además, es delegado sindical de CCOO en su ciudad, pero realiza las mismas horas lectivas que sus compañeros. Lleva dedicándose a la educación nueve años, antes trabajó como sanitario, es fisioterapeuta. Su pasión por la Historia le llevó a dejarlo todo, formarse y emprender su carrera en la docencia.
Es profesor en Segundo de Bachillerato y prepara a sus alumnos para la prueba de acceso a la universidad.
Este profesor señala que uno de los problemas que afecta de lleno a los docentes es la presión de las familias: “Es algo que está ahí con independencia del curso que impartas”. Gonzalo resalta que la docencia en Segundo de Bachillerato genera una preocupación, la de estar a la altura, y que tus alumnos vayan bien preparados, y obtengan la nota de corte que necesitan: “En este curso por lo general no hay problemas de comportamiento por parte de los alumnos, es más la presión externa de una nota, las familias y la presión interna que se pone uno mismo”, cuenta.
Soledad ante problemas
Calvo explica que se está produciendo un cambio en la relación de las familias con los profesores. El paso de los años, explica, muestra que la respuesta de las familias es otra, y en algunas ocasiones hay “faltas de respeto, y a los profesores se les niega o cuestiona”, a lo que se suma, señala la experta, que desde las administraciones se exige a los docentes que sepan dar respuesta a problemas de salud mental en los alumnos, y no están preparados para abordarlos: “Se deja solo al profesor ante el problema, y esto, día tras día, es muy duro”, señala.
Gonzalo es jefe de departamento en el instituto, reconoce que su trabajo como sanitario, donde estaba expuesto a situaciones de gran estrés, le ayudó a encajar la realidad que atraviesa la Educación, pero no todos sus compañeros lo sienten así, cuenta.
Hasta el momento no ha tenido que darse de baja por motivos de salud mental, pero reconoce que está estresado: “Combinar docencia y burocracia no es tarea fácil y agobia, porque sientes que no llegas a todo”.
Calvo explica que muchos de los docentes que se dan de baja por motivos de salud mental no figuran como tal, debido al estigma que rodea a este tipo de problemáticas: “Te puede pasar a cualquier edad, es común verlo en profesores jóvenes que acaban de empezar, también percibimos que son más las mujeres que los hombres”. Aunque la experta señala que ellas tienen una sensibilidad mayor, por su experiencia, las mujeres piden ayuda antes: “Cuando uno percibe que no está bien es importante que acuda a un profesional, nosotros tenemos las herramientas, que nadie deje pasar esta situación, cuando uno vive así se pierde el disfrute de las cosas”.













