
LA REGLA DE ORO PARA LIMPIAR ALMEJAS Y MEJILLONES FRESCOS
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El consumo de almejas y mejillones frescos es común gracias a su valor nutricional y versatilidad en la cocina. Aportan proteínas de alta calidad, minerales esenciales y ácidos grasos beneficiosos. Sin embargo, al ser organismos filtradores, pueden acumular arena, sedimentos y microorganismos de su entorno, requiriendo una manipulación cuidadosa.
La seguridad alimentaria comienza con la selección. Es crucial elegir ejemplares vivos, con conchas intactas y sin olores extraños. Mantenerlos refrigerados preserva su vitalidad, mejorando su sabor y reduciendo riesgos de contaminación.
La biología de los moluscos influye en su limpieza. Almejas y mejillones filtran agua para purgar arena y residuos internos, un proceso que solo realizan estando vivos. Respetar esta característica es clave para garantizar su seguridad y calidad.
El Método Correcto para Limpiar Almejas y Mejillones
El principio fundamental es permitir que los moluscos eliminen los residuos acumulados por sí mismos, manteniéndolos vivos y con acceso a oxígeno. Se recomienda sumergirlos en agua fría con sal durante al menos dos horas, simulando su hábitat natural. Así, filtran el agua y expulsan arena y sedimentos, mejorando su textura y sabor.
Congelar o dejar morir a los moluscos antes de la purga es un error. Solo los ejemplares vivos pueden realizar este proceso. Una vez muertos, la arena permanece dentro y aumenta el riesgo de intoxicación, comprometiendo la calidad del plato. Congelar sin limpiar impide una purga correcta.
Antes de la purga, inspecciona cada ejemplar. Los moluscos con conchas dañadas tienen mayor riesgo de contaminación. Toca ligeramente la concha: los vivos se cierran de inmediato, mientras que los que no responden deben desecharse.
Durante la manipulación, mantén los moluscos separados de otros alimentos crudos para prevenir la contaminación cruzada. Al cocinarlos, espera a que todas las conchas se abran completamente, lo que indica que han alcanzado la temperatura necesaria para reducir microorganismos peligrosos.
Seguir esta regla, desde la compra hasta la cocción, asegura un consumo seguro y de calidad. Combinar buenas prácticas de higiene con el respeto a las características naturales de los moluscos es una estrategia confiable para disfrutarlos sin comprometer la seguridad alimentaria.













