El Museo Reina Sofía reescribe su historia con una mirada más femenina y participativa

El Museo Reina Sofía reescribe su historia con una mirada más femenina y participativa
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El Museo Reina Sofía reescribe su historia con una mirada más femenina y participativa

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El Museo Reina Sofía estrena el 18 de febrero una nueva presentación de su colección permanente, un recorrido de 3.000 metros cuadrados que busca fragmentar narrativas, incorporar adquisiciones recientes y colocar al visitante en el centro de la experiencia. Esta renovación, impulsada por el director Manuel Segade, propone una revisión de los últimos 50 años del arte español, tejiendo una trama colectiva que desafía las jerarquías tradicionales.

Un nuevo relato desde 1975

El punto de partida de este nuevo relato es 1975, un año clave en la historia de España. El discurso expositivo se despliega en 21 capítulos que funcionan como constelaciones temáticas, rompiendo con la linealidad cronológica. Los visitantes podrán elegir entre tres itinerarios que atraviesan la exposición, encontrándose con obras emblemáticas y nuevas adquisiciones que reflejan las transformaciones sociales del país.

“Queríamos destacar la presencia de los visitantes, y que estos encontraran su espacio dentro del museo”, explica Segade. La selección reúne 403 obras de 224 artistas, ofreciendo una mirada amplia y plural al arte español contemporáneo.

Un espacio para explorar

La museografía, a cargo de Xabier Salaberria y Patxi Eguiluz, concibe el espacio como un territorio por explorar. Los volúmenes irrumpen, las salas se fragmentan y las obras se liberan de su tradicional sumisión a la pared, invitando al espectador a rodearlas y vivirlas desde todos los ángulos.

La década de los setenta como herida y origen

El recorrido se inicia con *Documento n°… (1975)* de Juan Genovés, una obra que reivindica los derechos fundamentales y recuerda la fragilidad de la democracia. Junto a ella, una viñeta de Chumy Chúmez publicada tras la muerte de Franco establece el tono de la primera sección: *Estructuras afectivas de la Transición*.

En esta sala se encuentra el desencanto a través de gestos radicales, como los grabados de Picasso que sufrieron un atentado en 1971 y la tela quemada por Miró. El cortometraje *Hotel* de Iván Zulueta, con música de Jota de Planetas, completa este retrato de una época convulsa.

Contracultura y afectos políticos

El espacio *Contracultura material* visibiliza las subjetividades marginadas durante el franquismo. Destaca la *Asunción Gloriosa* (1981-82) de Ocaña, adquirida recientemente por el museo. La posmodernidad de Guillermo Pérez Villalta, los tebeos de Nazario, los tableros de Ceesepe y las joyas de Chus Burés complementan esta sección.

*Tentativas y límites de un régimen institucional para el arte en democracia* indaga en los esfuerzos por internacionalizar la creación española, mostrando proyectos fallidos y encuentros con la modernidad.

Los afectos como territorio político

La exposición se adentra en *Una historia de los afectos en el arte contemporáneo*, explorando cómo las emociones han funcionado como fuerzas para recomponer lazos comunitarios en tiempos de crisis. Artistas como Judy Chicago, Dorothy Iannone, Ana Mendieta y Esther Ferrer, que pusieron el cuerpo de las mujeres en el centro de la escena pública, tienen un lugar destacado.

“Hemos subido el porcentaje de artistas mujeres al 34%, nunca hubo tantas mujeres en la colección”, señala Segade.

El duelo como experiencia compartida

*Pandemia y Lenguaje* y *¿Qué le hace el Sida al arte?* abordan la crisis del sida y de la heroína en los ochenta y noventa. La instalación *Ajuares* (1997) de Pepe Miralles y las fotografías del colectivo Cabello/Carcelles son ejemplos de esta exploración del dolor.

El duelo se convierte en un hilo conductor, dialogando con el *Guernica*. *Vestimentas de duelo* reúne obras de Hervé Guibert y Miquel Barceló, mientras que *Duelo: el triunfo de la ficción* muestra el video de Tony Oursler sobre los atentados del 11S y la obra *A Posteriori* (2022) de Beatriz González, un memorial por las víctimas de la violencia en Colombia.

La segunda parte del itinerario destaca la escultura, con obras de Juan Navarro Baldeweg, Susana Solano y Anthony Caro. La presencia femenina se afirma con fuerza en figuras como Teresa Solar, Carmen Calvo y Mònica Planes.

El museo se mira al espejo

Por primera vez, la propia institución se incluye en el relato, preguntándose por su papel en la construcción del arte contemporáneo. Este tercer itinerario transita por las culturas videográficas de los 80, la fotografía de la misma década y la pintura menos politizada. También se exploran temas como lo afro y las prácticas de género.

Lo que emerge es una propuesta museística que entiende la colección como un organismo vivo, en permanente crecimiento y transformación. “La intencón”, concluye Segade, “es que esta renovación invite a revisitar en múltiples ocasiones la propia colección”.